Nacido un 1 de agosto de 1969, los inicios de Richie Schley fueron en el BMX incluso antes que el esquí. Su primera bici se la fabricó a mano, tubo a tubo, su propio padre, quien siempre lo apoyó en todos sus sueños por las alturas.

Su naturaleza inquieta y salvaje siempre le empujó a descubrir nuevas líneas, nuevos trucos, nuevas crestas que repeinar. Cada año, al desaparecer la nieve con la llegada del verano, se dedicaba a intentar reproducir muchos de los trucos que realizaba en la nieve sobre su bici de BMX.

No se le daba nada mal, se coronó campeón canadiense en 1993. Fue practicando BMX durante su infancia en su Kamloops natal, donde conoció a Tippie y Simmons.

Freeride was born

Ellos no lo sabían, pero su tozudez y persuasión lograron su objetivo: que la industria pusiera el foco en ellos y su peculiar manera de interpretar y entender el MTB.

Llegó la oportunidad que esperaba de convertirse en patrocinado de las mejores marcas poniéndolas en el foco gracias a trazadas imposibles por las inmediaciones de Kamalops y Whistler.

La industria de la bici estaba todavía por aquel entonces muy verde, pues no sabían qué podían ofrecer a las marcas esos críos que se despeñaban cuesta bajo de lomas inimaginables.

Pero todos ellos lograron su propósito, formar un equipo de freeride, el Rocky Mountain, y vivir su sueño. Viajar a la caza de nuevos retos por todos los rincones del planeta e inmortalizarlos. Sabemos que todavía hoy intenta reunirse y realizar un viaje todos los años.

Siempre visionario

Richie Schley también fue quien demandó construir el primer trazado de sloopstyle en Whistler. Fue para la primera edición del Crankworx.

Él quería fabricar más saltos. Una pista llena de saltos de todo tipo; drops, step downs, step up, dobles, wallrides. Y lo logró. En Whistler guarda grandes recuerdos y sus gestas son rememoradas, pues una de las bajadas más míticas, junto el A-Line, lleva su nombre.

Estilo de vida

Hemos tenido el privilegio de montar un par de días con el mismísimo Richie Schley por las inmediaciones de la costa francesa y compartir más de una cerveza.

Con él te das cuenta de qué va realmente el freeride. Ya que generalmente tendemos a idolatrarlos, ensalzarlos y tacharlos de los bikers más locos del corral.

Pero nada más lejos de la realidad. Cuando departes con él entre senderos y traslados, te das cuenta de que realmente no están locos, sino locos por el MTB. Disfrutan del momento y rehúyen de la competición. Lo que importa es montar.

Si a Richie le preguntas cómo se ve en el futuro, qué le gustaría hacer, te contestará con vehemencia, sin titubeos, que aún le quedan muchos recodos que conocer en las montañas. Nuevos senderos, nuevas aventuras, nuevos viajes.

En las últimas fechas lo hemos visto veranear con Cédric Gracia por Whistler y realizar nuevos senderos. De lo que más disfruta en la actualidad es de su manera de entender la vida, montando con sus ilustres vecinos Hans Rey o Brian Lopes por las inmediaciones de Laguna Beach, donde se ha asentado desde hace años, y disfrutando de las olas con su otra gran pasión, además de la nieve: el surf.

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