No han pasado ni cinco días y ya se avecina el primer final en alto de carrera. No es una novedad. La montaña llama pronto a las puertas de la Vuelta a España. En 2017 fue en la tercera etapa, que terminó en Andorra la Vella tras pasar La Rabassa y la Comella; en 2018 fue en la cuarta, con la inédita llegada en la Sierra de Alfaguara, y este año toca en la quinta con otra cima desconocida: el Pico del Buitre, que en su punto más alto guarda el Observatorio Astrofísico de Javalambre, que da nombre a la meta.

No solo el maillot rojo es uno de los rasgos característicos de la Vuelta en la última década. La acumulación de finales cuesta arriba y el descubrimiento de nuevas cumbres es una obsesión de Javier Guillén, director general de la ronda española. Así, tras la subida de Javalambre aguardan una nueva ascensión inédita en la sexta etapa, Ares del Mestrat, y otra cuesta de porcentajes imposibles ya conocida en la séptima, Mas de la Costa.

Miércoles 28, L’Eliana-Observatorio Astrofísico de Javalambre (170.7km)

La Comarca de Gúdar Javalambre, al sureste de la provincia de Teruel y limítrofe con Castellón, es conocida mundialmente por su producción de trufa negra, diamante de la alta cocina. También por el jamón y por los deportes de invierno. Y a partir de ahora estará en el mapa ciclista por la subida del Pico del Buitre, cuya cima, que roza los 2.000 metros de altitud, alberga el Observatorio Astrofísico de Javalambre, un centro que se dedica a la cartografía astronómica desde hace casi tres décadas.

El Pico del Buitre © lavuelta.es

Algunos comparan la ascensión con el Mont Ventoux por la escasa vegetación y su apariencia lunar en la parte más alta. De 11.1 kilómetros al 7.8% de pendiente media, está dividida en dos tramos bien diferenciados. El inicio, más suave y con toboganes entre el 2 y el 6%, da paso a dos kilómetros que advierten de su dureza, con rampas superiores al 15%. Tras un descanso con un ligero descenso llega la zona más exigente: los cinco kilómetros finales, de pendientes constantes entre el 9% y el 11%, terreno para escaladores puros.

Jueves 29, Mora de Rubielos-Ares del Maestrat (198.9km)

Sin tiempo para el descanso, la Vuelta se adentra en el Maestrazgo, histórica comarca española que linda entre Teruel y Castellón, tierra de templarios y del Cid, ideal para el avistamiento de aves y para el ciclismo por su dureza. El pelotón tendrá que superar 3.257 metros de desnivel positivo entre Mora de Rubielos y Ares del Maestrat, con final en el Puerto de Ares, de 7.9km al 5% de pendiente media según el libro de ruta de la carrera, pero que viene precedido por otros 5km de ascenso y el Puerto de Culla (4.4km al 5.8%). Huele a emboscada.

Puerto de Ares © eltiodelmazo.com

Viernes 30, Onda-Mas de la Costa (183.2km)

Menos exigente en su conjunto, pero con un desenlace que asusta es la séptima etapa, la tercera consecutiva con final en alto y también en Castellón. Después de 80km prácticamente llanos aguardan un encadenado de tres puertos para el desgaste. En la parte final, el Salto del Caballo (10.4km al 4.6%) dará paso a la localidad de Llucena, donde comienza el alto Mas de la Costa, de solo 4.1km pero con una pendiente media del 12.3% y rampas que superan el 22%. En 2016 lo estrenó Mathias Fränk desde la fuga en una jornada sin diferencias entre los cuatro ‘gallos’ de aquella edición: Quintana, Froome, Chaves y Contador.

Mas de la Costa © lavuelta.es

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