Aunque afortunadamente no es muy habitual, es cierto que todos alguna vez hemos oído algún caso en el que alguien, en pleno esfuerzo físico, fallece de manera fulminante.

Este tipo de situaciones obedece en muchas ocasiones a un fenómeno que en medicina del deporte se denomina muerte súbita.

Para conocer más sobre los factores de riesgo, las probabilidades y, sobre todo, las conductas de prevención que deberíamos tomar al respecto, en Solo Bici hemos contactado con un especialista en la materia, un médico de Medicina de la Educación Física y el Deporte.

Conversamos con el doctor Jordi Ribas Fernández, que cuenta con amplia experiencia en este campo y en la valoración funcional de ciclistas. De la conversación con él, hemos obtenido la información que a continuación te revelamos.

¿Qué es la muerte súbita?

Actualmente, existe todavía cierta diversidad a la hora de definirla, es decir, no hay una definición única. Esto se debe a que algunas definiciones se refieren a la muerte que se produce solo en el momento del esfuerzo, mientras que otras definiciones contemplan las muertes que se producen durante la hora posterior y, otras, hasta en días posteriores.

Esta discrepancia de opiniones hace que el rango de probabilidades de padecerla, recogidas en documentos científicos, vaya desde 1 entre 3.000 hasta 1 entre 1 millón de casos.

Respecto a las causas desencadenantes, el doctor Ribas nos aclara que no siempre el origen es cardiovascular, como se viene pensando. De todas maneras, entre el 74% y el 94% de los casos sí que obedece a esa naturaleza.

Existen otros factores que pueden llevar a la muerte súbita, como son traumatismos, procesos neurológicos como la epilepsia, golpe de calor, asma bronquial o el conocido como síndrome conmotio cordis.

Este último se produce por un impacto directo en el tórax, sobre la zona del corazón, en personas susceptibles y en un momento muy concreto del ciclo cardíaco.

La incidencia

Respecto a las posibilidades de padecerla, se estima que en menores de 35 años es de 1 entre 200.000 al año, mientras que entre mayores de 35 años la probabilidad aumenta a 1 entre 18.000 y año.

Las principales causas, nos reporta Jordi Ribas, quedan claramente diferenciadas según la edad. Mientras que en menores suelen ser causas congénitas, en mayores de esa edad el desencadenante acostumbra a ser la cardiopatía isquémica, lo que todos conocemos por infarto de miocardio.

¿Se puede evitar?

Se ha constatado que un buen examen médico previo al inicio de cualquier programa de entrenamiento y el diseño y planificación de la respuesta de emergencia en eventos deportivos ha conseguido reducir notablemente la incidencia de este fenómeno y la mortalidad en deportistas.

En el examen previo es fundamental que se estudien los antecedentes familiares del deportista y controlar que en ellos no existen casos de determinadas cardiopatías.

La exploración física meticulosa puede también alertarnos de la presencia de ciertas anomalías que hay que controlar.

Otro aspecto que tener en cuenta es el electrocardiograma, que debe realizarse especialmente en deportistas que compiten, durante protocolos de esfuerzo máximo.

La mayoría de los atletas fallecidos de manera súbita presentaban anomalías o bien en su historial familiar, o en el electrocardiograma, o en la exploración física.

En el caso de encontrar anomalías, se pueden solicitar pruebas adicionales, inicialmente no invasivas, para descartar o ratificar la cardiopatía.

En nuestra conversación con el doctor, hubo un mensaje por su parte muy claro: solo la prueba de esfuerzo, en especial la ergoespirometría, puede detectar los cambios fisiopatológicos, que sugieren una patología, que se producen cuando realizamos una actividad pasando por diversos niveles de intensidad.

Debido a que los síntomas, como dolor en el pecho, dificultad para respirar y/o fatiga en las piernas aparecen durante el ejercicio en pacientes con enfermedades cardíacas, no podemos descartar la posibilidad de una enfermedad cardíaca, incluso si los resultados del examen en reposo son negativos.

Por lo tanto, para los pacientes con tales síntomas, es necesario realizar una prueba de esfuerzo supervisada por un médico especialista.

¿Qué podemos hacer para reducir el riesgo?

Se recomienda que en los atletas mayores de 35 años se realice una historia clínica cuidadosa sobre los factores relacionados causalmente con la aterosclerosis o los síntomas de la enfermedad arterial coronaria (hipertensión arterial, diabetes, sedentarismo, obesidad) y que la actividad deportiva se realice con precaución, especialmente en presencia de los factores de riesgo indicados.

La educación de los deportistas debe estar orientada a aumentar la conciencia de los síntomas de advertencia, como dolor en el pecho, palpitaciones o síncope, que se producen principalmente durante el ejercicio físico.

Nuestro agradecimiento al centro médico Brugés Assistencial.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.