Dice la leyenda que en La Planche des Belles Filles (la tabla de las chicas bonitas) se suicidaron Inés y otras jóvenes cuando un batallón de mercenarios suecos tomó su pueblo, Plancher-les-Mines, en 1635 durante la Guerra de los Treinta Años. Las mujeres huyeron monte arriba y, para no ser violadas y asesinadas por lo soldados, se arrojaron a un estanque. Asombrado por la belleza de Inés, el líder del escuadrón corrió a rescatarla, pero cuando la sacó del agua ya era un cuerpo sin vida. Desolado, grabó con su daga el epitafio en una tabla.

La triste y heroica fábula bélica no está documentada. Tampoco el origen toponímico de la montaña, que en el siglo XVI se conocía como lie peuplé de belles fahys, literalmente “un lugar inhabitado con bonitas hayas”. Con los años derivó erróneamente en Belles Filles y su nombre se unió a la Planche por la cercanía con el pueblo de Plancher-les-Mines. En sus bosques se refugió también la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y, desde los años 70 alberga una estación de esquí. En la última década, se ha convertido en un clásico moderno del Tour.

No es una leyenda de la Grande Boucle: el ciclista que se viste de amarillo en La Planche des Belles Filles acaba de amarillo en París. Así fue en 2012, cuando Chris Froome ganó su primera etapa en la ronda francesa y Bradley Wiggins se aupó al liderato, que no soltó más pese a la guerra interna con su compañero. También en 2014, con victoria de Vincenzo Nibali el día que abandonó Alberto Contador y que el italiano recuperó el maillot dando un golpe definitivo en su camino hacia la gloria. En 2017 el triunfo fue para Fabio Aru y Froome se vistió de amarillo en lugar de su amigo Geraint Thomas, una prenda que volvió a lucir al final por cuarta vez en su carrera.

La Planche des Belles Filles no es exactamente la misma subida que en las tres ocasiones anteriores. El ascenso de 5,9 kilómetros al 8,5% de pendiente media, ya exigente de por sí, crece un kilómetro más, hasta los 7km al 8,7% con una rampa final que alcanza el 24%. Extrema dureza para un día con otros seis puertos puntuables y más de 4.000 metros de desnivel acumulado en el macizo de los Vosgos. Es la primera jornada marcada en rojo por los favoritos para ganar el Tour. Nadie lo ganará hoy, pero alguno podría perderlo.

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