La situación del pelotón femenino español en 2018

En los últimos años, el pelotón femenino español ha crecido de forma más que significativa, dando pasos hacia su equiparación con los equipos profesionales europeos. No sólo en lo que se refiere a calidad y cantidad de ciclistas, que también. Lo más importante es la consolidación en derechos laborales. Sí, aunque suene así de duro, hasta este año no ha habido algo parecido a una equiparación laboral.

La temporada 2018 es el punto de inflexión para las ciclistas españolas, o al menos para algunas de ellas. El nacimiento del Movistar Women Team, con 10 ciclistas, ha sido un verdadero despegue. Sobre todo porque, por primera vez, todas ellas tienen un contrato que incluye cotización para la Seguridad Social. Algo que parece de cajón en los equipos UCI femeninos españoles no se había logrado nunca.

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Mavi García y Lourdes Oyarbide, en la presentación del Movistar Team femenino

Hay que decir en honor a la verdad que el Bizkaia Durango-Euskadi Murias también ha incluido este año los seguros sociales para sus ciclistas. Y lo cierto es que las ciclistas ya están rindiendo casi desde el minuto uno. En la primera carrera a la que ha ido como equipo -la Setmana Valenciana 2.2, otra gran noticia desde el punto de vista del calendario-, han conseguido una potentísima presencia en el podio final. Segundas por equipos, tercer puesto general de la asturiana Alicia González y varios puestos destacados para Mavi García, Alba  Teurel y Lourdes Oyarbide.

La otra realidad

Sin embargo, para el resto la realidad sigue siendo muy distinta a la de sus compañeros del pelotón masculino. El equipo Sopela Women’s Team es, por presupuesto, el tercero en discordia pero también inscrito en la UCI, y con acceso a buena parte del calendario internacional. El conjunto vasco recibe incluso invitaciones para algunas pruebas del Women WorldTour.

Por debajo, está el panorama elite y sub23 donde quizás este año, en contraposición a la categoría UCI, hemos vivido un ligero estancamiento. No tanto en el número de equipos, que sigue estable e incluso con la aparición de un proyecto nuevo desde Andalucía –que hasta ahora había sido prácticamente un desierto- con el DC Ride-Vektor Cycling de Darío Cataldo y Moreno Periñán, que tiene a la veterana Belén López y Ainara Elbusto como punta de lanza. Otra estructura importante es el Río Miera-Cantabria Deporte, el CAF Turnkey vasco, o el Catema.Cat en Catalunya. Cuatro proyectos que permiten que, al menos, las ciclistas compitan sin que les cueste el dinero.

Sin embargo, la Copa de España femenina que tuvo nueve carreras en 2017, y parecía que había alcanzado por fin una fase de estabilidad, se ha visto drásticamente reducida hasta seis carreras. Fuentes cercanas a la RFEC consultadas por Arueda.com incluso afirman que dos de ellas han podido entrar in extremis en el torneo, que empieza el 8 de abril en Noja (Cantabria).

Las jóvenes

Las cosas no están mucho mejor en las categorías inferiores. Salvo Euskadi, donde el Torneo Euskaldun por sí solo ya contempla un total de 16 carreras, el resto del país no ofrece demasiada competición para las ciclistas. La Vuelta a Valencia, Vuelta a Murcia y Vuelta a Burgos -admiten también categorías inferiores- dan al menos una posibilidad de hacer carreras por etapas, pero a día de hoy es difícil que las ciclistas progresen en España sin hacer salidas al extranjero. Francia o Bélgica son destinos donde el mero hecho de tomar la salida ya casi implica subir el nivel.

En otras muchas regiones de España, el hecho de que no haya ni competiciones femeninas de nivel nacional ni tampoco niñas suficientes para una carrera sólo con las de la región hace que tengan que salir con el pelotón masculino de la categoría, con la distorsión que eso supone en muchos aspectos. Hay federaciones que toman la decisión de sacar a las junior con los niños cadete, y las cadetes… con los y las infantiles, por lo que ni siquiera salen a carretera abierta, cortando su progresión y desarrollo físico. En otras ocasiones las cadetes salen a carretera, organizando un punto de salida a mitad del recorrido masculino para que sean atrapadas por el pelotón y puedan acabar dentro de la cápsula de seguridad.

En definitiva, el camino aún es largo. Hay mucho por recorrer, pero también la esperanza de que las buenas noticias que llegan desde el campo profesional se vayan extendiendo al amateur y, posteriormente, a las categorías inferiores hasta que tengamos un ciclismo femenino en igualdad y al mismo nivel que en el resto de Europa.

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