Hay quien defiende que, en los últimos años, el ciclismo no ha cambiado un ápice con respecto a lo que se veía hace ahora unas dos décadas. Que, aunque con mejores camuflajes, todo sigue siendo igual. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo y se conocen historias de aquellos años tan oscuros, se puede concluir sin miedo a equivocarse que algo hemos avanzado. Que, al menos, ya no es todo tan marciano ni hay episodios de tan extrema gravedad.

De vez en cuando aparece algún nombre del pasado para asomar de nuevo a ese fantasma tras la puerta. Los años de la barra libre y del “yo más” que ahora sí parecen haberse desterrado de la cultura ciclista colectiva. Ahora, el nombre que ha saltado a la palestra es el de Raimondas Rumsas. Por varias razones, y todas ellas muy desagradables. La de Rumsas es la historia de cómo el dopaje, igual que otro tipo de drogas entran en otras casas, ha entrado en la suya y parece estar destruyéndola hasta los cimientos.

Ascenso y caída

Rumsas era un ciclista lituano más bien silencioso, parco en palabras. Corrió varios años en el equipo Mroz, y en el último de ellos dio un gran salto de nivel con 27 inviernos cumplidos. Corría el 1999 y una campaña de 13 victorias le valieron un contrato con Fassa Bortolo. En dos años logró ganar el Giro di Lombardia –Il Lombardia ahora- y la Vuelta al País Vasco. Todo eso con 29, la edad propia de madurez de un ciclista.

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Rumsas, durante una carrera en el equipo Lampre. Foto: East New/AFP

Ahí fichó por Lampre y corrió por primera vez el Tour de Francia. Eran los años de Lance Armstrong pasando el rodillo, Ullrich quedando eternamente segundo y Joseba Beloki peleando el podio. Aquel año el alemán no participó por una sanción de seis meses por anfetaminas –ahí es nada-, con lo que Beloki subió del tercer escalón del año anterior al segundo… y Rumsas se llevó el que quedaba libre. Ciclista duro, todoterreno y de los que resistían hasta el final agarrado a la rueda… hasta que Armstrong pulsaba el botón de Fullgas.

Pero en aquel mismo Tour su esposa, Edita, era detenida cuando cruzaba la frontera de Francia a Italia –donde residían- tras haber estado varias etapas con él. La interceptaron con corticoides, EPO, hormonas de varios tipos y anabolizantes. Un laboratorio ‘prêt-à-porter’. La detención se alargó casi tres meses, y la versión de la mujer era que todo eso tenía otra destinataria: su propia madre. Evidentemente aquello no se lo creyó nadie. El caso es que Rumsas siguió corriendo entre una espiral de silencio. Fue al Giro 2003… y dio positivo por EPO tras acabar sexto. Aún corrió un par de años más –tras uno de sanción- en Acqua&Sapone, ya sin relevancia alguna.

La condena para el matrimonio

El matrimonio Rumsas tenía tres hijos: Raimondas, Linas y Rasa. En 2006 los condenaron a los dos por tráfico de sustancias dopantes.  El ya ex corredor y su esposa tuvieron pena de cuatro meses de prisión… aunque sin llegar a entrar a la cárcel. La misma para su esposa.

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Los hechos juzgados fueron en 2002 y 2003, y entonces salían relativamente baratos estos delitos. Además, la pareja tuvo que pagar 3.000 euros. Las peticiones de Fiscalía fueron de seis y ocho años, pero todo se quedó en nada. Y el rastro del ciclista lituano, que había puesto su país en el mapa de este deporte, desapareció de la faz de la tierra durante un tiempo.

Tragedia en la familia

Hasta que, más de una década después, regresó. El apellido, al menos, y por un motivo enormemente trágico. Su hijo Linas, de 21 años y militando en el Altopack italiano amateur, aparecía súbitamente muerto en su casa. La Fiscalía italiana de Lucca abrió una investigación… y entre los investigados se encuentra el propio padre. Si bien la autopsia no se ha desvelado, algunos medios italianos apuntan que el suministro de productos dopantes habría tenido que ver en el fallecimiento. Y habrían encontrado tanto fármacos como sustancias de este tipo en un registro en la casa de los padres.

Hoy mismo, el Tribunal Antidopaje italiano ha hecho pública la suspensión de Raimondas Rumsas… junior, el hijo mayor que a sus 23 años llevaba una trayectoria que podía hacer pensar en él como un futurible del profesionalismo. Pero un positivo por un precursor de hormona del crecimiento detectado el pasado 4 de septiembre ha dado al traste, probablemente de forma definitiva, con cualquier opción de ver a un Rumsas de nuevo en el pelotón internacional. La historia de una familia marcada por el dopaje hasta lo trágico.

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