En cualquier vuelta de 21 días puede pasar de todo, y en el momento menos esperado un corredor al que todo le va bien se puede quedar sin la menor opción de éxito. Eso es así, pero también es cierto que hay etapas que por sí mismas parecen destinadas a romper la carrera o decidir las cosas. Y en este #Giro100 tampoco faltan este tipo de jornadas en un recorrido donde, por cierto, se ven también algunas etapas con el estilo de la Vuelta a España.

Así ocurre por ejemplo con el Blockhaus, que será una jornada corta con un solo puerto en la novena etapa del domingo que viene. O el día de Oropa para terminar la segunda semana. Apenas 137 kilómetros llanos con el final en la ‘Cima Pantani’. El recorrido también alberga etapas más quebradas o incluso de media montaña como la de mañana, donde habrá nervios aunque no se prevén diferencias. Pero, ¿cuáles son las cinco etapas verdaderamente decisivas de este Giro? Veamos:

Etapa 4: Cefalù – Etna. Martes, día 9 (montaña – final en alto). La primera etapa de montaña de una gran vuelta siempre es fundamental, porque hay algún favorito al que el cuerpo no le responde después de los días de llano. Y si llega en la cuarta etapa, más aún. Las fuerzas estarán muy enteras todavía y vendremos de descansar el lunes, por lo que quien muestre debilidad encima tendrá enfrente a todos los rivales en plenas condiciones.

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La jornada es relativamente larga, 181 kilómetros, y se suben los puertos de Portella Femmina Morta (2ª) y el mítico volcán pero hasta la cota de 1.900 metros. Ojo con despreciar el primero de los puertos, porque la calificación en el Giro difiere del resto de carreras. Si en las pruebas de ASO hay puertos inflados, en la cita italiana suele ser al revés. De hecho, Portella Femmina Morta tiene 32 kilómetros de subida. Cuidado con el ritmo que se ponga.

Etapa 10: Foligno – Montefalco, día 16 (Contrarreloj). Es el día que marca la transición de la mitad amable del Giro a la otra, mucho más agreste y llena de puertos y emboscadas. La crono es relativamente larga –casi 40 kilómetros- y sobre todo dura. Hombres como Dumoulin, Van Garderen, Thomas o Jungels tienen que sacar distancias. Y es probable que alguno de ellos salga de ahí de rosa. Mientras tanto, Nairo Quintana y Mikel Landa tendrán que sufrir y tratar de minimizar las diferencias en un entorno bastante hostil. Eso, claro, contando con que todos estos favoritos hayan podido llegar hasta aquí.

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Etapa 16: Rovetta – Bormio, día 23 (Montaña, final en bajada). Es el gran ‘tappone’ del Giro. Y cuidado, porque llega al inicio de la tercera semana y después de un día de descanso. Las explosiones pueden ser verdaderamente sonadas. La etapa tiene 222 kilómetros –casi nada- y se encadenan tres animaladas de puertos. Empezando por el Passo del Mortirolo, que recibirá el nombre de ‘cima Scarponi’ en honor al ciclista recientemente atropellado y fallecido.

Es cierto que el mítico puerto, durante mucho tiempo el más duro que jamás se había subido hasta que aparecieron el Angliru y otras cuantas subidas más aptas para montañeros que para ciclistas, está muy lejos de meta. Pero es que después llega el Stelvio, que con sus 2.757 metros será la Cima Coppi de este año. El punto más alto del Giro. Tras el descenso, el Umbralpass – Giogo di Santa Maria. Un puerto fronterizo entre Suiza e Italia que se corona a 2.502 metros. Día tras descanso, más de 220 kilómetros, tres puertos con 5.400 metros de desnivel acumulado y oscilaciones entre los 250 y los 2.700 de altitud. ¿Qué más queremos?

Etapa 18: Moena (Val di Fassa) – Ortisei/St. Ulrich (Val Gardena), día 25 (Montaña, final en alto). Después de la mítica del Mortirolo, Stelvio y demás, al día siguiente otra jornada de esas donde una buena fuga puede hacer camino. Y luego, otra de esas etapas que se han convertido en tendencia en el ciclismo actual, pero esta vez por el Tour. Jornadas cortas pero con mucha dureza concentrada en pocos kilómetros. Sinónimo de salida a cara de perro hasta que duren las fuerzas.

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Son apenas 138 kilómetros, pero en medio se suben el Pordoi, Valparola y Gardena, todos ellos una vez más por encima del umbral de los 2.100 metros. Luego descenso largo, con el repunte del Passo di Pinei y subida final a Ortisei, 10 kilómetros a una media del 7% con picos del 12. El tipo de etapas en las que un Nibali puede lanzarse a lo épico y hacer añicos la carrera.

Etapa 20: Pordenone – Asiago, día 27 (Montaña, final en alto). Será la última oportunidad para todo el mundo. De lo que sea. Unos de buscar una etapa de relumbrón porque ya no tengan más botín en sus ambiciones, otros de asaltar –o defender- un puesto de honor y, los más fuertes, de lanzarse de una vez por todas a la conquista del Giro. La jornada tiene 190 kilómetros y se sube el durísimo Monte Grappa para calentar las piernas de los corredores. Después, la subida a Foza (14 kms al 7%, otra vez) y 15 kilómetros finales de bajada a Asiago. Tampoco es bajada del todo hasta los últimos cinco, realmente.

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Será la última oportunidad para los más escaladores de distanciar a otros ciclistas más completos que puedan aguarles la fiesta y lleguen vivos a esa etapa. Porque al día siguiente el Giro termina con una contrarreloj corta, de 29 kilómetros, que acabará en las calles de Milán. Corta, pero que puede ser suficiente para que un Thomas, Dumoulin o Jungels puedan dar el zarpazo a los escaladores puros si llegan con opciones de hacerlo. Hay mucha, muchísima tela por cortar en este Giro.

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