Nueve etapas completamente llanas. Tres con sabor a clásica y cotas que podrían complicar el asunto para los sprinters. Dos contrarrelojs –cortas- y el resto, jornadas de montaña y media montaña. Este es el menú del Tour de Francia que, no obstante, ha previsto muy pocos finales en alto en la edición de este año. Como toda carrera de 21 días, la ronda francesa se puede perder en cualquier momento mientras que para ganarla habrá que ser regular y estar atento en todas.

Pero, también como en toda gran vuelta, hay jornadas que se prestan más a ser decisivos y donde todos los ‘gallos’ estarán, como se dice en la jerga del mundillo, ‘con las orejas tiesas’. En esta edición, la lucha contra el crono se ha reducido a un papel completamente testimonial hasta el punto de que la última de Marsella, de 23 kilómetros, sólo se antojará decisiva si la general llega muy muy apretada. Estas son las cinco etapas más determinantes sobre el papel:

Etapa 5: Vittel – La Planche des Belles Filles (Miércoles 5 de julio. Montaña, final en alto). El primer día de montaña siempre hay alguien que lo pague. Y más en el Tour, y con todos los equipos completos –esperemos- y con las fuerzas todavía poco erosionadas. La simple tensión del pelotón puede provocar verdaderas montoneras en la aproximación del puerto, y por desgracia las caídas también deciden. Aquí en la Planche ‘estalló’ Chris Froome en 2012, en el Tour que luego ganaría Wiggins. En 2014 Nibali también encarriló aquí su Tour. Veremos qué sucede en esta ocasión, pero pese a ser una ascensión corta –en una etapa también corta- y no haber puertos previos, se van a formar diferencias.

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Etapa 9: Nantua – Chambéry (Domingo 9 de julio. Montaña, final en llano). Una variante de la etapa que se pudo ver en el pasado Dauphiné, con el Mont du Chat como última gran dificultad. Hay algo más de distancia del puerto a meta –unos 26 kilómetros-, pero antes se habrá subido también el Col de la Biche y la Grand Colombière, ambos HC. Si el Mont du Chat solo pudo hacer diferencias en el Dauphiné, es de esperar que una ascensión violenta abra muchos huecos y aclare aún más la general. Que ya se sabe que en el Tour, los minutos caen muy rápido cuando uno se descuelga.

Etapa 12: Pau – Peyragudes (Jueves 13 de julio. Montaña, final en alto). La etapa más importante de unos Pirineos que este año quedan un tanto deslucidos. En cualquier caso, se parece mucho a aquellas etapas de los años 90. Son 214 kilómetros con cinco puertos, cuatro de ellos de consideración. Col des Ares, Col de Menté, el exigente Balès y, encadenados, la subida a Peyresourde-Peyragudes. Sin duda, el encadenado se va a hacer especialmente duro con tantos kilómetros en las piernas. Aquí, que ya estamos por encima del ecuador del Tour, habrá un gran componente táctico.

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Etapa 17: La Mure – Serre Chevalier (Miércoles 19 de julio. Montaña, final en bajada). Jornada típica de los Alpes ya en plena tercera semana. Con todo lo que esto conlleva. Además, la cordillera alpina tiene una dificultad añadida y esa no es otra que la altitud. Se sube primero la Croix de Fer, que ya llevará a los ciclistas hasta los 2.000 metros. Tras un largo descenso hasta cota 600, nuevamente para arriba a afrontar los 36 kilómetros de encadenado entre el Télégraphe y Galibier, cima más alta del Tour con sus 2.642 metros. De la cima a meta, 21 kilómetros de descenso a tumba abierta para acabar a 1.400 sobre el nivel del mar.

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Etapa 18: Briançon – Izoard (Jueves 20 de julio. Montaña, final en alto). La última gran etapa de montaña del Tour y, por tanto, la última gran oportunidad para destronar al que vaya de amarillo. El Tour ha abandonado un poco esa política de dejar para los últimos días etapas muy cortas pero con muchos puertos –lo ha incluido el 14 de julio, día de fiesta nacional francesa-, así que ha incluido una jornada final de 179 kilómetros pero con ‘solo’ dos puertos: eso sí, una vez más jugando con la cota de los 2.000 metros. Primero se sube el Col de Vars (2.109) y tras una bajada y un tramo corto de llano, se afronta el final en el Col D’Izoard, hasta los 2.360 metros. Un puerto que se ha pasado 35 veces en el Tour, pero nunca ha sido final de etapa. Y ahora aparece como el juez último de la carrera.

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