Intérprete de saxo y compositor musical, Llibert Fortuny recuperó la pasión por el deporte y por el ciclismo que tenía durante la niñez después de sufrir un grave accidente en moto que marcó un antes y un después en su vida.

Se enganchó al triatlón, con el mountain bike muy presente. Pocas cosas lo hacen más feliz, al margen de sus tres hijos, que sus salidas en MTB.

Llibert, en el ámbito musical, ¿en qué proyecto estás?

Estoy medio prejubilado a mis 32 años, con tres hijos. Después de dar vueltas por el mundo, estudiar y formarme, he acabado en Cerdanyola (provincia de Barcelona), donde tengo Collserola, que me aporta todo lo que necesito, y he abierto un centro de grabación (Cromàtic). He empezado mi proyecto personal de educación libre. Tenemos cincuenta alumnos. Básicamente, compartimos nuestra experiencia, junto a Mireia Farrés. Un centro en el que queremos que pasen cosas.

Pero ¿sigues tocando el saxo?

Sí y estoy activo, pero siempre que me llamen. Cada día doy clases. Lo que intentamos con nuestro centro es recuperar el valor del esfuerzo y del compromiso.

Y ¿te queda tiempo para salir en bici?

Al final, quien quiere entrenar, entrena, y esto lo tengo muy claro. Ya hace muchos años que entreno y forma parte de mi día a día. Normalmente salgo lunes, miércoles y viernes. Además, yo hago mucho triatlón, y nado cinco o seis días a la semana.

¿Cuándo descubriste el mountain bike?

En realidad me gustaba muchísimo de joven el trialsín, ¡la Montesita! Recuerdo que uno de mis regalos de Reyes fue la T12. En la carpeta del cole llevaba a todos los pilotos de trial y de biketrial, a Ot Pi. Estaba muy obsesionado. Me pasaba todo el día en bici. Después a los 13 años tuve una Botecchia, coincidiendo con el boom del MTB. También hice BMX y cyclocross.

¿Salías mucho en bici?

Me acuerdo que cuando era pequeño me levantaba a las 6.30 horas y con una luz me dedicaba a dar vueltas con la bici. Un día fui a hacerme una foto de carnet y me robaron la bici y empecé con la música. Me fui a Estados Unidos a estudiar y dejé la bici.

A tu regreso, volviste a enamorarte del ciclismo, ¿no?

Cuando regresé en 2001 empecé de nuevo con las motos. Tenía una de trial y me enganché a la carretera y al supermotard, y me hice amigo de Rubén Xaus. Fue una época increíble, hasta que me rompí la pierna, tibia y peroné, en el circuito de El Vendrell, en 2003. Este accidente cambió mi vida. Me operaron y le dije a mi pareja que no me volvería a fumar. Cogí una conciencia muy grande de mi cuerpo. Me dijeron que no volvería a andar bien y me vi discapacitado. Me enganché a la natación y volvió a aparecer la bici.

¿Qué bicis tenías?

Una de mountain bike y una de carretera, y empecé a hacer duatlones de montaña. Comencé a nadar y hasta ahora. Ahora ya es una forma de vida para mí, ¡y lo que me fascina! Antes vivía en Dosrius, que es fenomenal para ir en bici, y ahora estoy en Collserola, y he flipado con ella. Además entreno con Laura Gómez –fue subcampeona de España de triatlón– y no ha dejado de evolucionar.

¿Tenéis algún entrenador?

Sí, nos lleva Iván Muñoz –quien fuera entrenador de Mario Mola, entre otros, tres veces campeón del mundo de triatlón–, y entre él y ella me han ido cambiando.

¿Compites habitualmente en mountain bike?

Poco. Hicimos la Volcat por parejas mixtas y este invierno hice la Senglanada. Igual nos apuntamos a la Catalunya Bike Race.

¿Qué bici de montaña tienes?

Salgo casi siempre por Collserola. No me gusta hacer pista. Tengo una Trek Top Fuel, y estoy encantado. Es una doble que va muy bien. Me mola mucho bajar.

¿Dónde disfrutas más?

Me gusta todo. Soy muy rodador. Tenemos varias bicis, la de carretera, la cabra, y la de mountain bike nos va muy bien, porque con ella hacemos subidas muy técnicas y nos da un punto de cardio muy bueno, de fuerza también. Con la MTB realizamos un trabajo anaeróbico muy sostenido que nos va muy bien cuando hacemos carretera. Pero, sin duda, donde más disfruto es en las subidas y bajadas técnicas.

Se te ve feliz.

Es que cuando salgo en mountain bike soy muy feliz y no me agobio. El terreno siempre cambia y no me canso de repetir subidas y bajadas.

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