Más de 13 meses hacía que Juanjo Lobato, el ciclista gaditano del Nippo-Vini Fantini, no ganaba una carrera. Más de un año en el que le ha pasado de todo: problemas de pareja, el fallecimiento de un familiar muy cercano que era como su padre en esto del ciclismo y, por último, el desagradable episodio de la concentración del Lotto NL-Jumbo que le supuso la expulsión del equipo.

Su último año, él mismo lo ha dicho hoy, ha sido demasiado lío. Pero ha sabido reponerse y volver a la senda de la victoria que nunca debió dejar. Ha sido en la Coppa Sabatini, un escenario donde no escasean precisamente los equipos WorldTour y donde muchos ciclistas apuran sus últimas pedaladas antes del Mundial de Innsbruck.

Allí, Lobato ha lanzado uno de esos ataques que siempre lo han definido como ciclista. Que eran su gran virtud. El sprint cuesta arriba tan demoledor, por potente y prolongado, que siempre ha tenido y que le ha reportado buena parte de lo que ha ganado como corredor profesional.

Delante de Colbrelli, Gianni Moscon y otro puñado de nombres importantes más, el de Trebujena se ha adjudicado la etapa y ahora mira con otros ojos tanto el deporte como la vida: “Esto va a ser importantísimo para mi mentalidad de cara al año que viene. Este año ha sido muy duro para mí, demasiado lío”, ha dicho tras la victoria. Juanjo Lobato ha vuelto, y esperemos que se quede ya para siempre. Cumplirá 30 años en abril. Tiene tiempo por delante.

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