La recta del Lungo Lario Trento en Como coronó el sábado a Bauke Mollema, un campeón insospechado. Tiene 32 años, pero lleva toda la vida en el ciclismo profesional: catorce temporadas, trece de ellas en el WorldTour desde que pasó al primer equipo del extinto Rabobank en 2008. Prometedor vueltómano, en su día centró las esperanzas de los Países Bajos para las rondas de tres semanas. También mostró ciertas aptitudes en las clásicas de las Ardenas y en el otoño italiano, pero siempre le ha costado ganar. En Il Lombardia cosechó el mayor triunfo de su carrera.

El neerlandés es un ciclista de clase media, de los que cae bien. Cae bien por su capacidad de sacrificio, porque nunca dice una palabra más alta que la otra y porque no se le han caído los anillos cuando ha tenido que trabajar para otros. En el Tour pronto tocó techo: fue sexto en 2013 y nunca volvió a repetir esa posición. Su mejor resultado en una grande fue el tercer cajón del podio en la Vuelta 2011, aunque le llegó tarde, este mismo verano por la descalificación de Juanjo Cobo. Y Mollema se lo tomó con humor.

La irrupción de Steven Kruijswijk y, sobre todo, de Tom Dumoulin, aunque fuese en equipos diferentes, aliviaron la carga de ser el hombre fuerte de su país para las rondas por etapas. No suele desconectar de la lucha por la general, pero se ha reinventado y ha mutado su manera de correr, antes más conservadora, ahora más al ataque, como en su etapa semiprofesional, cuando dominó el Tour del Porvenir o el Circuito Montañés.

Aquella chispa en la Vuelta 2013 con un ataque postrero en una jornada llana con final en Burgos que sorprendió a los trenos de los velocistas era solo una muestra de su potencial atacante. Mollema carece de explosividad y tiene que llegar solo para ganar. Y en solitario ha logrado todos sus éxitos. Son un puñado (13), pero bien escogidos. Su palmarés empieza por una etapa de la Vuelta a Polonia 2010 y acaba en Il Lombardia, pasando por un parcial en la Vuelta a Suiza 2013, la Clásica de San Sebastián 2016 y una jornada de media montaña en el Tour de Francia 2017.

Mención especial para la Klasikoa, su prueba fetiche, en la que nunca se ha bajado del top 10: quinto en 2012, noveno en 2013, segundo en 2014 y sexto en 2015, a la quinta fue la vencida. El neerlandés coronó la última dificultad del día junto a dos de los grandes favoritos, Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez, además de Tony Gallopin. Sabedor de que en un sprint a cuatro no tenía nada que hacer, ganó unos metros en el descenso de Murgil Tontorra y ya no le vieron hasta la meta. Un año después volvió a subirse al podio (3º), en 2018 fue 2º por detrás de Julian Alaphilippe y, el pasado agosto, terminó otra vez quinto.

Mollema aprovechó el sábado en Il Lombardia el marcaje entre los hombres más señalados: Roglic, Woods, Bernal o Valverde, entre otros. Contraatacó a 18km de la llegada en plena subida al Civiglio poco después de un movimiento del murciano. Nadie salió a su rueda: “Eran más explosivos y más rápidos que yo, así que tuve que irme. Me estaban subestimando, no era uno de los grandes favoritos, pero me sentía bien y estaba esperando el momento correcto. Era hoy”, declaró nada más terminar, exultante, monumental, solo en el otoño del Lago de Como. Mollema, un campeón insospechado.

Mollema explota de alegría tras cruzar la línea de meta en Como © Il_Lombardia

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