Después de la tensa etapa de hoy con el viento de costado, que todos los favoritos han salvado salvo George Bennett que se ha marchado a casa cuando iba en los alrededores del Top10 general, el Tour encara ya de una vez su fase decisiva: las dos etapas de los Alpes. Al final, Daniel Martin y Meintjes han sido los más perjudicados cediendo 50 segundos en la línea de meta.

En cualquier caso, donde deberían abrirse huecos de verdad es a partir de mañana. Dos jornadas durísimas en las que si hay un poco de actitud y con las fuerzas ya tan justas, muchos deberán caer por eliminación. Froome no tiene el Tour tan claro como otros años, pero la contrarreloj juega evidentemente a su favor y además todavía va por delante. Son los demás, especialmente Aru, Bardet y Urán, los que tienen que atacarle. En el caso del colombiano está sin equipo, así que es AG2R quien tendría que tomar las riendas de la carrera y probar a Froome.

Desde luego, tras la paliza de esta tarde las fuerzas estarán aún más justas. Ya casi nadie tendrá en su cuerpo los efectos beneficiosos del día de descanso. Mañana llega el primer asalto, y probablemente el más complicado de los dos por la dificultad de controlar una etapa que no termina en alto. La del jueves, en Izoard, tiene más pinta de ser la típica etapa de montaña donde un equipo potente como Sky puede imponerse. Pero vayamos paso a paso.

El Galibier espera

La primera de las dos etapas alpinas es de colosos: se empieza en La Mure y se acaba en Serre Chévalier tras 183 kilómetros de recorrido. Altitud en la línea de salida, 846 metros. Altitud en meta: 1.400. Antes de eso habrán subido a más de 2.000, bajado a 625 y subido hasta los 2.648 para volver a bajar. Tercera semana del Tour, los cuerpos al límite y unos cambios de altitud brutales que dejan al organismo realmente tocado.

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Los nombres de los puertos a atacar son de sobra conocidos por todo el mundo. Primero y para que se forme una fuga potente, el Col D’Ornon de segunda. Tras el descenso empieza la Croix de Fer con sus 24 kilómetros de ascensión al 5,2% de media, contando que hay dos kilómetros de bajada hacia la parte final. Tras el descenso, un pequeño tramo llano de apenas 20 minutos antes de empezar la subida final: Galibier pasando antes por Télégraphe. En total, 35 kilómetros durísimos, sobre todo los últimos 10. Y desde ahí bajada a Serre Chevalier. Es La Etapa, con mayúsculas. Aquí es donde se deben abrir verdaderos boquetes en la general. Y aquí es donde el que flojea termina perdiendo un saco de minutos.

Izoard, la traca final

Para el jueves está diseñada la última etapa de montaña de este Tour, que vuelve al formato clásico de los 90, dejando para el antepenúltimo día una tirada larga más o menos llana –aunque ojo que el terreno es quebrado- y la contrarreloj decisiva, este año más bien cortita, justo antes de París. El caso es que estamos ante una jornada muy diferente a la de mañana. Un inicio plano desde Briançon, una tachuela de 3ª en el kilómetro 60 y hasta la tercera hora de carrera no se empezará a subir en serio el Col de Vars.

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Otra vez se pasarán los 2.000 metros con claridad. Tras descender Vars, un pequeño tramo llano y se afrontarán las rampas del Col D’Izoard, con cima a 2.360 metros de altitud y la última oportunidad de los aspirantes para bajar a Chris Froome del trono que ocupa y donde pretende seguir otro año más. París empieza a esperar a la vuelta de la esquina, pero por delante quedan dos batallas que tienen que librarse si de verdad hay intención de discutirle el liderato al británico del equipo Sky. El jueves saldremos de dudas.

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