Desde que empezó su carrera deportiva, Carlos Betancur ha sido un hombre de altos y bajos. Pero, sobre todo, a su alrededor ha reinado la inestabilidad. Rara vez ha sido un corredor constante, pese a que por condiciones podría haber tenido a estas alturas un palmarés muy amplio y de muchísima calidad.

El caso es que, después de sus constantes idas y venidas, suma con esta cuatro temporadas en el Movistar Team, y su victoria en la Klasika Primavera de Amorebieta del pasado domingo es un nuevo resurgir para el colombiano, que al borde de los 30 años se muestra más maduro y con ganas de ser, por fin, un corredor sólido, consistente y, ante todo, estable.

‘Bananito’, como se le conoce en el pelotón, irrumpió fuerte en 2011-2012 sobre todo. Ganó cuatro carreras en el Acqua&Sapone, que le valió para que el AG2R se fijase en él. En pleno inicio de la ebullición colombiana, con Nairo Quintana, un joven Esteban Chaves y la promesa de Miguel Ángel López asomando de fondo, en 2013 no consiguió victorias pero brilló con luz propia sobre todo en primavera: Itzulia, Flecha y Lieja, asomándose sobre todo al podio en esta última, dieron a ver un corredor descarado, ofensivo y en tremenda progresión. Eso se confirmó con el quinto puesto en ese mismo Giro, donde además fue el mejor joven.

Pero su segunda parte del año fue mucho más anónima. Estaba justificada la temporada con la primera, para ser su debut en WorldTour, pero no alcanzó ni por asomo los mismos números. En 2014 dio el paso adelante que se le esperaba desde el principio, ganando París-Niza -con dos etapas- y Haut Var. Pero luego sucedió lo mismo. No acabó la Volta, tampoco País Vasco… y en la Vuelta a España terminó el 158º. Por detrás de muchos sprinters. Su ex compañero Jean Christophe Péraud llegó a definirlo como un ciclista «fuera de lógica».

Hizo propósito de enmienda para 2015 y completó una temporada en segunda línea, estando casi siempre delante pero sin disputar, hasta el Giro. En la segunda mitad del año sólo hizo Polonia y no acabó. Sus problemas de sobrepeso eran constantes y AG2R decidió no renovarlo. Ahí aparecería Movistar Team, que en 2016 supuso un nuevo paso adelante. Ganó una etapa en Castilla y León y otra en Asturias, pero no acabó el Giro y estuvo cuatro meses parado.

Así llegó a 2017, donde ocurrió más bien al revés. De nuevo llegado con sobrepeso, Betancur fue afinando a medida que avanzó la temporada y llegó al Tour con la intención de trabajar para Quintana y Valverde -el murciano se iría al suelo en la crono inaugural-, firmando la 18ª plaza en la general. Luego, el equipo pensó en él para disputar la Vuelta a España y, esta vez sí, estaba en forma. Después de tanto tiempo, por fin la oportunidad de liderar. Pero en la sexta etapa, cuando estaba no muy lejos de los mejores en la general, una terrorífica caída dio al traste con todos sus esfuerzos. Vuelta a empezar.

De nuevo con el cuentakilómetros a cero y mudado ya a Gorráiz, cerca de Pamplona, Betancur hizo un primer bloque de año de buen nivel, 15º en el Giro y con puestos de honor en varias carreras del calendario nacional -cuarto en Amorebieta, quinto en Indurain- antes de volver a desaparecer hasta octubre. En este 2019 afirma que quiere «terminar de pulir el cuerpo» y verse otra vez «delante, disputando carreras con los mejores». Al borde de los 30 años, se ve «más maduro» y asegura haber «aprendido de los errores», en parte, gracias a Eusebio Unzué, a quien llama «el Jefe». Veremos si es la definitiva, de momento apunta a las Ardenas para apoyar a Valverde y a la Vuelta para poder prepararla con tiempo. Dice que tiene una cuenta pendiente por la caída de hace dos años camino de Sagunto. Veremos si la historia de cimas y pozos de Betancur tiene un final feliz.

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