Los mejores de 2020: Filippo Ganna, ¿y qué más?

El 2020 de la pandemia apura sus últimos días. Es tiempo de repaso y balance a una temporada difícil de olvidar, marcada por el dichoso virus y sus protocolos. El ciclismo salió airoso gracias al diseño de un calendario comprimido. Y en tres meses de carreras, día sí y día también, destacaron algunos nombres propios. Hablemos de Filippo Ganna (INEOS) el nuevo rey de la contrarreloj y, quizá, algo más.

El gigante de Verbania (1,96m y 82kg) amplió antes del confinamiento su colección de hitos en la pista. En el Mundial de Berlín logró su cuarto título de persecución individual y firmó un récord que hasta no hace mucho parecía de locos (4:01.934). La barrera de los cuatro minutos parece al alcance de sus manos, o más bien de sus piernas, dos palancas que aplastan todo lo que se pone a su paso.

Ganna, de 24 años, es un fenómeno del velódromo y una de las nuevas figuras de la carretera. Después de tres discretas temporadas entre Emirates (2017-18) y Sky (2019), el pasado veroño –palabro que une verano y otoño– mostró al fin todo su potencial para la ruta. ¿Todo? Sus límites son todavía desconocidos, pero siete victorias en 31 días de competición son una buena muestra. Cantidad, calidad y notoriedad.

Vayamos por partes. El 21 de agosto revalidó su título nacional de contrarreloj, pan comido. No es Italia un país fértil en grandes especialistas los últimos años. Tres semanas después se encontró rivales de más entidad en la tradicional crono final de la Tirreno-Adriático. Ganna cubrió el recorrido a 56,636km/h, más rápido incluso que el mismísimo Fabian Cancellara en sus mejores días. Poca broma.

Ganna, durante el Mundial de contrarreloj. Foto: Imola-Emilia Romagna 2020

La exhibición a orillas del Adriático fue su última carrera enfundado en la maglia tricolore. El 25 de septiembre se proclamó campeón mundial contrarreloj en Imola, una cita que tenía marcada en rojo. Y no falló. Aprovechó un trazado perfecto para él: totalmente llano y de 31,7km, una distancia que se antoja corta para los fondistas como Van Aert y para una disciplina vilipendiada los últimos años.

Con la medalla de oro y el arcoíris, aplazó las celebraciones para preparar su próximo objetivo: la primera maglia rosa del Giro. Dicho y hecho. El 3 de octubre compareció en Palermo con una flamante Pinarello dorada en la que montó un plato de 60×11, tan grande como una paella, e inscribió su apodo, Top Ganna. Todo muy hortera, pero efectivo. El italiano voló a casi 59km/h con tramos de pronunciado descenso y un fuerte viento racheado. Nadie le tosió.

El botín no era suficiente para un tipo en estado de gracia, así que en la quinta etapa destapó sus dotes escaladoras y se impuso desde la fuga tras una gran subida al Valico de Montescuro, además de repetir triunfo contra el crono en de los viñedos del Prosecco en Valdobbiadene y el último día, con meta en el Duomo de Milán. Cuatro victorias en su primera grande, un botín envidiable.

Por fisionomía y potencial, los más osados ya comparan a Ganna con Indurain, pero el italiano no está en el mejor equipo para sus aspiraciones individuales. O sí, porque la estructura Sky-Ineos ya transformó a dos talentos de la pista como Bradley Wiggins y Geraint Thomas en campeones del Tour. Por si acaso le han renovado hasta 2023. Los Juegos Olímpicos y el récord de la hora le esperan.

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