Los mejores de 2020: Las dos caras de Julian Alaphilippe

El 2019 de Julian Alaphilippe (Deceuninck-Quick Step) era difícil de superar. Las exhibiciones en primavera y un Tour por encima de sus posibilidades le asentaron definitivamente en la élite. Del año de la pandemia quedarán para siempre dos imágenes opuestas, la del triunfo más grande en la carrera de cualquier ciclista y la de una pifia histórica. Como en El extraño caso del doctor Jekyll y señor Hyde, el francés tiene dos caras.

El año de Loulou empezó con abandono en San Juan, una discreta actuación en Colombia y una París-Niza al ataque. Sin triunfos antes del confinamiento, en la reanudación de la temporada naufragó en las carreteras blancas de la Toscana y llegó a la Classicissima lejos de su mejor momento. O eso decía. Y nos engañó. En el Poggio soltó a todos con un cambio de ritmo brutal, pero en el descenso se le pegó un tal Wout Van Aert, mal compañero.

Siempre ofensivo, Alaphillippe entiende el ciclismo como un deporte de ataque. Y en el Tour lo volvió a demostrar en la Cota de los Cuatro Caminos, un balcón hacia Niza. Sólo le siguieron Marc Hirschi y Adam Yates, pero los remató al esprint y se vistió de amarillo, un amarillo efímero que perdió tres días después, penalizado por coger un bidón fuera de la zona permitida.

Alaphilippe celebra la victoria en la segunda etapa del Tour. Foto: ASO/Alex Broadway

El Tour de Alaphilippe se acabó en los Pirineos. Entonces se fijó el objetivo de meterse en todas las fugas posibles y buscar más triunfos parciales. Ya sea porque le faltaba un punto de forma o porque su rueda era la más vigilada, se topó con mejores rematadores y no volvió a ganar. Todo era parte del plan: un Mundial de Imola con un recorrido que parecía diseñado para él.

El francés logró la victoria de su vida con un ataque marca de la casa, un movimiento que no por esperado deja de ser espectacular. Después de un gran trabajo de una selección a su servicio, en el último paso por la empinada y selectiva rampa de Gallisterna lo metió todo, apretó los dientes y aceleró hasta quedarse solo. Los cinco perseguidores no se entendieron y el Autódromo Dino y Enzo Ferrari coronó a un arcoíris valiente y pasional.

Alaphilippe prolongó la fiesta hasta la Lieja-Bastoña-Lieja, pero allí pasó de héroe a villano. Se creyó ganador, y mientras ya lo celebraba Roglic le pasó por la derecha. Al ridículo mayúsculo hay que añadir una peligrosa maniobra que condicionó el podio final. Casi repite la pifia en la Flecha del Brabante y, cosas del karma, en Flandes se estampó contra una moto cuando luchaba por la victoria. La caída terminó con una temporada de dos caras.

Los mejores de 2020: Filippo Ganna, ¿y qué más? Marc Hirschi, pura explosividad / La obra incompleta de Remco Evenepoel / Multiusos Wout Van Aert / Anna van der Breggen cierra el círculo / Tadej Pogacar vs. Primoz Roglic

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