Dicen que el ciclismo no es como el Pro Cycling Manager, pero aquí escogemos a los ocho mejores del Tour, independientemente de su validez o viabilidad dentro de un mismo equipo. No podían faltar el campeón Bernal ni el soñador Alaphilippe, dos grandes nombres en la gran ronda francesa más igualada de la historia –nunca la diferencia entre el primero y el tercero fue tan pequeña–, tampoco el triple ganador de etapa Ewan ni el oportunista Simon Yates, el podio de Kruijswijk, el verde de Sagan, el trabajo de Soler ni la tristeza de Pinot.

1º. Egan Bernal (Team INEOS). No han pasado ni dos años entre el Tour del Porvenir que ganó con la selección colombiana y la foto en lo más alto del podio de París. La explosión de Bernal, a los 22 años el maillot amarillo más joven de la historia, ha llegado en el mejor momento para Ineos (antes Sky). Destinado a conquistar el Giro y a trabajar para sus jefes, Froome y Thomas, en las montañas del Tour, una caída le apartó de la carrera rosa. Otras dos caídas, la del africano blanco en Dauphiné y la del galés, último campeón, en Suiza, le señalaron como sucesor.

Tapado hasta los Alpes y golpeado en la contrarreloj de Pau, el prodigio de Zipaquirá rompió el Tour más igualado de los últimos años con dos ataques en las alturas del Galibier y el Iseran, dos ataques en solitario, como los grandes campeones. Se convenció a sí mismo y también a su equipo y al mundo de que ya está listo. Bernal, primer colombiano y sudamericano de amarillo en París, marcará una época, todos lo dicen. “Espero que sí, que sea el primero de muchos”.

3º. Steven Kruijswijk (Jumbo-Visma). En la foto de los Campos Elíseos, la del dominador Ineos, uno y dos con Bernal y Thomas, se coló un neerlandés pelirrojo y pecoso. Kruijswijk ya tiene su deseado podio en una grande, el que se le escapó en el Giro del 2016 a dos días del final cuando iba de rosa y en la Vuelta del 2018 por la irrupción del joven Mas. Líder del Jumbo-Visma que dominó el breve periplo por Bélgica, no falló un solo día, aunque tampoco se movió en busca de un premio mayor. Le debe un pedazo del cajón a Bennett y De Plus, su fiel guardia en la montaña.

El Jumbo llevó a Kruiswijk (d) al podio en Val Thorens © ASO/Pauline Ballet

5º. Julian Alaphilippe (Deceuninck-Quick Step). Es el ciclista del año, nadie suma tantas victorias como él (doce), pero nadie le esperaba luchando por el Tour. La gran revelación de la carrera, se rebeló contra el aburrimiento y puso la carrera patas arriba con su guerra de guerrillas en los repechos y los descensos revirados. Se vistió de amarillo con un ataque de champán y, aunque lo perdió dos días después en La Planche des Belles Filles, lo recuperó con otro salto camino de Saint-Étienne, en el Macizo Central.

Alaphilippe despertó al pueblo francés de un letargo que duraba demasiado, muchos años sin ganar su Tour, el último en 1985 con Hinault. Soñaba Loulou con una victoria improbable tras una exhibición en la contrarreloj de Pau y pasar los Pirineos de líder. Soñaba Francia entera hasta que llegaron los Alpes y se hundió, primero en el Iseran perdiendo el amarillo y luego en Val Thorens cediendo su lugar en el podio. El premio Supercombativo es más que merecido.

37º. Marc Soler (Movistar Team). El término gregario de lujo se explica mejor con una foto de Soler en el Tour. Ganador del Porvenir dos años antes que Bernal, en el 2015, el catalán ha escogido otro camino para triunfar. Al abrigo de la controvertida tricefalia del Movistar, reventó el pelotón, Quintana incluido, en el Tourmalet y repitió en el Izoard, anticipando un ataque de Landa que nunca llegó. Tuvo sus oportunidades en la fuga de Brioude y en el interminable Val Thorens, a solo un día de París, demostrando su condición de gran fondista. Pide a gritos una oportunidad para volar libre en una grande.

49º. Simon Yates (Mitchelton-Scott). Llegó al Tour para ayudar a su hermano Adam después de un Giro discreto (9º) y sin demasiadas ganas de fiesta. A cola de pelotón desde el primer día, se destapó con dos victorias de prestigio en los Pirineos: les robó la cartera a Bilbao y Mühlberger en Bagnéres-de-Bigorre y triunfó en solitario con una escalada al ritmo de los mejores en el inédito Prat d’Albis. En los Alpes lo volvió a intentar y fue el último que aguantó a Bernal en el Izoard. Conectó con él cuesta abajo, pero la avalancha le privó de luchar por su tercera etapa.

Simon Yates, doble ganador de etapa en los Pirineos © ASO/Thomas Maheux

82º. Peter Sagan (BORA-hansgrohe). El Tour no se entiende sin Sagan y Sagan no se entiende sin el Tour desde 2012, cuando ganó sus tres primeras etapas (este año alcanzó la docena en Colmar) y se vistió su primer maillot verde. Y ya tiene siete, récord absoluto por delante de Zabel (seis), que podrían ser ocho de no ser por su injusta descalificación en 2017. El triple campeón del mundo no es el más rápido, o nunca lo ha sido, pero sí es el más listo y completo de los velocistas y colecciona puntos en cada jornada para acabar con una distancia insalvable. Su imagen, bromas incluidas, vale oro para cualquier patrocinador.

132º. Caleb Ewan (Lotto-Soudal). Empezó el Tour sin un dominador claro al sprint, con seis ganadores diferentes en las seis primeras llegadas masivas, y terminó con un rey indiscutible de la velocidad. Ewan, a debutante los 25 años, ganó en Albi, Toulouse y en los Campos Elíseos de París, tres victorias que justifican su fichaje por el Lotto Soudal después de un lustro en la estructura del Mitchelton (antes Orica). Pocket Rocket, todo piernas y aerodinámica, también ganó dos etapas en el Giro y ya tiene éxitos en las tres grandes.

DNF. Thibaut Pinot (Groupama-FDJ). El otro gran ídolo francés, Pinot llegó como favorito y no defraudó. Muy metido en carrera, se alió con su amigo Alaphilippe para robar unos segundos al resto de favoritos en el Macizo Central y, aunque perdió un valioso tiempo en los abanicos de Albi, se recuperó en los Pirineos. Ganador en el Tourmalet y dinamitador en Foix, era el escalador más fuerte del Tour hasta los Alpes. En el Galibier no saltó a por Bernal porque ya no podía más. Y al día protagonizó la imagen más triste de la carrera: se tuvo que bajar de la bicicleta entre lágrimas de rabia y dolor afectado por un desgarro muscular en su rodilla izquierda.

Por el camino se han quedado otros grandes nombres dignos de los ocho mejores del Tour, pero no hay sitio para todos: desde el inesperado primer líder, Teunissen, hasta el también insospechado Buchmann, cuarto en la general final, tan sólido como invisible; pasando por el prodigioso Van Aert y el escapista De Gendt, ganadores de etapa en Albi y Saint-Étienne; o el sorprendente Ciccone, dos días de amarillo después de reinar en la montaña del Giro, y el fiel Gaudu, lanzador de Pinot en la montaña.

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