Tan fácil como hacer una One-Sixty en miniatura con 140 mm de recorrido y tan difícil como que no sólo va tan bien como su hermana mayor, sino que en muchos aspectos la supera. No sé con quién me he divertido más…

Sí, he de reconocer que después de bajarme de la One-Forty mis preferencias entre ambas Merida quedaron inclinadas hacia la hermana pequeña de recorrido. No es que vaya mejor, es que es diferente. Sí, es como cuando cambias de novia. ¿Mejor?, distinta…:) El tema es que 140 mm de recorrido tan capaces como se mostraron los de la One-Forty te hacen plantearte que, o realmente vas a bajar el 70 % de sus salidas, o es mejor que te ahorres peso, dinero y ganes en polivalencia de uso. Esto, evidentemente, es muy personal, con lo que antes de decidirte entre alguna de estas dos valora tu terreno de juego, porque será fundamental para sacarles el máximo provecho.

¿Qué bici llevo?

Sí, en muchos momentos de estos días de prueba he tenido que mirar hacia abajo para saber cuál de las dos estaba llevando… Y es que la One-Forty tiene las mismas virtudes de absorción que tenía la One-Sixty, pero además se mueve con más facilidad. Eso sí, en zonas rápidas y en cortados con zonas muy técnicas no notas esa estabilidad con tanta seguridad que daba la One-Sixty.

Ya no sólo por recorrido, sino sobre todo por distancia entre ejes y el conjunto neumáticos-rueda, que ofrece un gran cambio de comportamiento en ambas. El sistema de suspensión VPK sigue las mismas directrices en las dos, pero el diseño en la One-Forty y el tamaño de links y bieletas se ha suavizado como es normal en un modelo de menor recorrido. Aun así, la bici es rígida, pero sí notas que los apoyos no son tan firmes como en la 160.

Diferencias clave

Una de las diferencias más notables de ambos modelos es el mando CTD remoto de la One-Forty. Con él tenemos la posibilidad de cambiar las tres posiciones de horquilla y amortiguador: Descend, Trail y Climb, desde una misma palanca y a la vez. Muy útil, pero un tanto raro de ergonomía, con las enormes palancas y un lío de cableado en la parte delantera bárbaro. A ese lío hay que sumar el cable de la tija telescópica de KS, que queda bien integrado pero que no deja de ser un cable más. En la One-Sixty, al ser el modelo Stealth de RockShox, iba dentro del tubo diagonal.

Otra de las diferencias clave fue la transmisión Shimano XT, en la que pasamos del doble plato con protector de la Sixty a un triple plato convencional. La última diferencia que marcaba parte del comportamiento es un conjunto neumático-rueda más ligero y versátil. Por suerte, y como el terreno estaba perfectamente húmedo, las Nobby Nic hicieron su trabajo sin problema. En seco y con piedras, estas cubiertas son muy difíciles de gobernar. El tema es que con estos cambios, muy lógicos por otro lado, la One-Forty es una de las bicis más polivalentes que he probado. Sí, no es la más ligera, ni la más barata, pero por calidad de fabricación y componentes es una bici perfecta para todo uso, desde el trail hasta el all mountain más agresivo.

El ángulo de dirección es un poco más cerrado que en la Sixty, con lo que su capacidad rodadora mejora, pero a la hora de bajar, y gracias a la suavidad de suspensiones, absorbe mucho más de lo que imaginas. En definitiva, la polivalencia es su mejor definición y el equilibrio su mejor virtud. Merida ha hecho un gran trabajo con estos dos trajes a medida. Espero que los vista de carbono pronto para volver a probarlos…

 

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