La madurez no está necesariamente relacionada con la edad. Miguel Ángel Benito (León, 1993) es una clara prueba de ello. Tras un 2014 prodigioso, pasó a profesionales con Caja Rural-Seguros RGA primero como ‘stagiare’ y luego ya con contrato. En su tercera temporada ya en plantilla las cosas no han empezado bien, con un verdadero calvario en forma de lesión. Una inoportuna caída en Argentina que no parecía ser gran cosa lo ha tenido tres meses fuera de combate. Ahora, ya repuesto, mira al futuro con dos objetivos en mente: lograr por fin su primera victoria y ganarse un sitio para la Vuelta a España. Sabe que tendrá que trabajar mucho para lograrlo.

Ahora lo importante es que por fin entrena y compite con normalidad después de pasar el infierno de todo deportista. Una lesión que no se cura: “Ha habido varios meses de tocar teclas sin dar con la buena. Varios diagnósticos, pruebas, etcétera. Vine de Argentina con un fuerte golpe que me había producido una bolsa de líquido sinovial. Encima súmale las horas de avión para volver. ¡Tenía la rodilla hecha un botijo!”, dice recordando, ahora con una sonrisa, aquellos malos momentos.

Finalmente, después de tres meses, dieron con la tecla: “Me hicieron pruebas, radiografías, resonancias… estaba tan inflamada que no se veía lo que había debajo. Luego me vieron que las fibras no estaban en fascículos, sino entrelazadas entre sí. El golpe había cicatrizado mal. Y después, se dieron cuenta de que había otro quiste de líquidos. En cuanto me dieron el tratamiento y funcionó, he tardado tres semanas en volver a entrenar ya con normalidad. Regresó a la competición en la Vuelta a Castilla y León, sabiendo que se iba a encontrar en inferioridad por la falta de ritmo. Iba con la intención de, simplemente, acabarla. Y la acabó.

“Ya voy persiguiendo”

Sin embargo, a partir de ahora ya no le sirve sólo con eso. Mañana tomará parte en la Hammer Series, en Vaals (Países Bajos) y después hará Route du Sud y los Campeonatos de España. Ahora toca exigirse. La autocrítica es uno de sus rasgos más acentuados y trata de hacerla virtud aunque sabe que puede llegar a ser contraproducente: “Como quien dice, estamos en mayo y ya voy persiguiendo. Todo el mundo está rodado y con ritmo menos yo. Me va a tocar trabajar muy duro, pero quiero quitarme la espina de lograr una victoria y ganarme un sitio en la Vuelta. Sé que lo voy a tener que trabajar mucho, hacer muchas series, llegar muchos días muerto y subir las escaleras de casa a gatas… pero si quiero estar, tengo que trabajar a muerte”, explica.

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Benito, en la concentración de pretemporada en Benidorm. Foto: Caja Rural-Seguros RGA

También admite que hubo un momento en que lo vio muy complicado. Casi llegó a renunciar: “Lo vi muy negro. Pasaban las semanas y yo en casa, descansando, reposando, con la pierna en alto… sin entrenar, en definitiva. Pero ahora quiero luchar por ello y hacer una segunda parte de la temporada muy buena para ponerlo difícil a Eugenio (Goikoetxea, su director) a la hora de elegir a los que van a la Vuelta”. También necesita, a su juicio, remontar el vuelo para poder mejorar nota. El año pasado él mismo se dio un ‘cinco’ raspado a su temporada, y ahora se advierte que el ‘diez’ está lejos: “Ya voy como mucho a por el ocho. ¡Hemos perdido un par de puntos!”, se le escapa entre risas.

Y es que Benito está convencido de que para mejorar hay que exigirse. Aunque todavía no sabe si se exige demasiado, y ahora sí habla en serio: “Hay quien me dice que sí. Yo creo que no, que para mejorar hay que reconocer errores. Además, si no soy capaz de decírmelo a mí mismo, ¿con qué credibilidad voy luego a otro y le digo que ha fallado? Sería muy falso por mi parte. Hay que empezar por uno mismo, o así lo veo yo”.

Cuando se le pregunta si no cree que se le volverá en contra, tampoco termina de tenerlo claro: “Pues no sé, pero creo que no. Aquí nadie regala nada. A mí por ejemplo me gusta mucho cuando salgo tras las carreras con mi hermano –Pablo Benito, que corre en el equipo amateur del Caja Rural- y que uno le diga los fallos que ve al otro. Porque te lo está diciendo una persona de confianza que si lo has hecho mal, te lo va a decir. Y si lo has hecho muy bien, te va a decir como mucho que no ha estado mal. O luego cuando en las cenas, somos de los pocos equipos que nos ponemos a contar batallitas de las carreras en sobremesa. Y de broma y sin maldad los veteranos nos dicen dónde nos hemos equivocado. Eso es importante para mantener los pies en el suelo”, comenta en una especie de reflexión en voz alta.

Hay futuro

Y si de algo está convencido este leonés, que dio sus primeras pedaladas en los frescos veranos de Vegacervera –el pueblo de sus abuelos, a 35 kilómetros de León y en la Montaña Central de la provincia-, es del futuro del ciclismo en España. “Y en todos los ámbitos de la vida”, remacha después. Nacido en 1993, alberga mucha esperanza en sus coetáneos para coger las riendas de este deporte cuando se marchen los últimos de la generación actual: “La respuesta es sí. Hay futuro y estoy convencido. Además lo vamos a ver”.

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En una escapada durante la pasada temporada. Foto: Caja Rural-Seguros RGA

A su juicio, es cierto que se han hecho cosas mal en España, pero aun así siguen saliendo ciclistas: “Hoy en día es difícil ser ciclista en este país. Hay que ser muy valiente para dedicarse a esto y sin embargo ahí están y salen. El problema ahora es que no hay sitio. Ahora Murias va a subir a Profesional, ¡genial! Si ya aparece otro continental las cosas van a cambiar y va a haber sitio para estas nuevas generaciones. Porque el talento está”.

Eso sí, Benito no peca de iluso. Sabe que a los que se vayan se les echará de menos por todo lo que han dado: “Pues claro que serán días tristes, como cuando se bajó ‘Purito’. Pero mira a Marc Soler, lo que hizo en Catalunya, o a mi compañero Rosón. Son dos animales. En el amateur nuestro están Álvaro Cuadros, Serrano, Sola y otros tres o cuatro más que pueden pasar ya. Yo lo veo en mi hermano. Él es como mínimo tan bueno como yo, y en cambio no gana carreras y yo sí. Eso significa que el campo amateur ha dado un salto. Viene gente muy buena”, argumenta.

Rechaza, por tanto, las teorías agoreras que convierten el país en un solar cuando los Valverde o Contador dejen el circo: “Llevo años escuchando a los mayores decir que las generaciones posteriores no podrían levantar España. Y España sigue ahí. Y a pesar de las dificultades hay buenos científicos que investigan, y médicos que hacen un gran trabajo. O incluso en el periodismo, ¿es que no se hacen ahora buenos artículos? ¿Sois peores vosotros que los periodistas anteriores? Sois distintos, en todo caso, pero porque el mundo es distinto. Hay cosas que se hacen mal y hay que cambiarlas, por supuesto, pero creo que en general nos recreamos demasiado en eso».

Bici y estudios, misión (casi) imposible

Como la gran mayoría de ciclistas de su generación –y esa es una diferencia respecto a las anteriores- Miguel Ángel también compagina el deporte con los estudios en la medida de lo posible. Precisamente su inicio en la bici estuvo muy vinculado a las calificaciones escolares: “Hubo un curso de ESO en el que no iba bien. Estaba todo el día de bromas en la clase, sin atender… luego llegaron las notas y suspendí varias. Ya estaba castigado de todas las formas posibles. Sin salir, sin ver a los amigos. Yo veía a mi padre, que era cicloturista, que llegaba a casa reventado pero muy contento y me preguntaba por qué”, recuerda sonriente.

Hasta que su padre lo llevó a que probase el motivo de esa felicidad: “Yo iba en bici por el pueblo de mis abuelos para moverme. Si había un cerro para subir, allí iba yo. Para ir de un pueblo a otro lo mismo. Mi padre me llevó al club de León que hacía una captación, probé y nos cogieron a mí y a mi hermano”. Luego llegó la segunda parte del trato. “Me dijo que si no aprobaba, me olvidase de la bici. Y las notas mejoraron rápido”, evoca. No era tan difícil, después de todo. “Qué va, ¡es que sin hacer nada se estaba muy bien!”

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El corredor, en el Mundial de Richmond de 2015. Foto: RFEC

Ahora lo que intenta es encontrar tiempo para estudiar y terminar el grado de INEF en León, pero no se lo ponen fácil, y eso desvela un problema que tienen en general los deportistas de alto rendimiento para la formación académica: “Creo que el problema es que no entienden que esto es un trabajo. Me quedan varias asignaturas pendientes, pero espero sacarlas aunque algunas me piden un mínimo de asistencia y no puedo ir porque me coincide con la competición. Se dan situaciones un poco ridículas, como una vez que no me aprobaron por no ir a algo obligatorio… y yo estaba en Richmond. Yo pago el alquiler con el ciclismo, es lo que me da de comer. Eso tienen que entenderlo, para mí y para cualquiera”.

A los que le exigen asistencia para aprobar la asignatura les dice que lo hará, pero será cuando no tenga contrato. Mientras tanto, seguirá en su gran pasión: la bicicleta. Y para este año tiene deberes que se ha puesto él mismo. “Eugenio me ha dado un período, digamos, de prueba para ir con tiento. Pero quiero mostrar pronto mi mejor nivel y buscar esa victoria que aún me falta”. Alzar los brazos y disputar su primera Grande seguir mejorando: “Ni siquiera sé cómo soy en carreras de tres semanas, ni si recuperaré tras 250 kilómetros”. Aún hay mucho que aprender y tiene muchas ganas de hacerlo para subir nota en la búsqueda de esa temporada de ‘10’.

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