Mikel Landa ha llegado en un gran estado de forma al inicio de la temporada. Entre los ‘gallos’ del pelotón, es el que menos días de competición acumula y, sin embargo, en la Vuelta a Andalucía estuvo muy cerca de lograr la victoria. Finalmente firmó un sexto puesto general porque le penalizó la última contrarreloj, pero fue segundo en la general hasta esa última etapa.

Sólo faltó algo para que todo fuese perfecto: ganar. El alavés tuvo que conformarse con ser segundo el sábado en el muro de Alcalá de los Gazules por detrás del belga Tim Wellens (Lotto-Soudal), que también es un hueso muy duro en este tipo de finales cortos, empinados y sobre adoquines. Porque la entrada al pueblo lo tenía todo: rampas del 18% y los últimos 300 metros en superficie de piedras. Una apuesta hasta ahora nunca vista en la ronda andaluza y que dejó buen sabor de boca.

Pero Landa se erigió en protagonista máximo. En un ciclismo donde todo el mundo acostumbra a medir las distancias hasta el extremo, el ‘capo’ del Movistar Team se lanzó en la primera rampa. Cierto que no era un muro especialmente largo, apenas 1,4 kilómetros, pero el hecho de que atacase desde la misma base de la subida indica que está bien y con confianza, y eso el aficionado lo disfruta.

Mejorar en las piedras

Sólo Wellens pudo seguirle la rueda mientras que Poels, Luis León y Fuglsang se quedaban cortados. Impotentes ante el empuje del alavés. Sin dar un solo relevo, parecía que Wellens estaba ya con las últimas bocanadas cuando la carretera se alió con él. Lo que eran rampas de doble dígito se convirtieron en un descansillo en el que el belga pudo tomar aire y agarrarse bien a la rueda de Landa. Después, tiró de la experiencia que tienen todos los corredores del país centroeuropeo sobre esa recta final adoquinada para ganar la etapa. En Bélgica, el adoquín es una religión para cualquier amante del ciclismo.

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“Mientras él iba sentado, yo no avanzaba. Me he quedado clavado. Se ha juntado un poco todo: ya me faltaban fuerzas, y Wellens es un rival muy potente y con experiencia en esta superficie”, explicaba Landa al término de la etapa. Teniendo en cuenta que hay una etapa de pavés en el Tour, el corredor vasco tiene trabajo por delante en esta superficie.

No obstante, Landa demuestra que se ha tomado el invierno en serio. Con el Tour y la Vuelta como objetivos, a fecha de hoy tiene un nivel muy superior al año pasado. Esto es sólo orientativo porque la temporada es larga y puede dar muchas vueltas, pero lo cierto es que la actitud mostrada en carrera indica que el vasco ha aterrizado con todo en Movistar Team. En Andalucía le faltó ganar y en la crono –su punto más débil- se dejó quizás algo más de lo esperado, pero en su terreno ha estado al nivel de los mejores pese a llegar sin ritmo de competición.

 

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