Retorno por todo lo alto

En Monty no se han andado con chiquitas para volver al MTB, disciplina que abandonaron hace ahora 4 años. La M8 XTR es una clara muestra de sus intenciones presentes y futuras, que no son otras que ofrecer un producto capaz de contentar a los más exigentes seguidores de la marca y conquistar nuevos incondicionales.

Indiscutiblemente fue una de las sorpresas de este 2011 y uno de los retornos al sector más esperados de los últimos años. En realidad, una noticia que estábamos esperando desde hace más de cuatro años, justo desde el mismo momento en que decidieron abandonar la fabricación de bicicletas de MTB en favor del creciente mercado de bicicletas urbanas.

Nueva filosofía

El retorno de Monty al MTB no es una casualidad, coincide con la dirección total y definitiva de Ot Pi, la segunda generación familiar, que desde hace mucho tiempo tenía claro que la marca española debía recuperar el protagonismo que se merecía en una disciplina en la que en el pasado tuvo un gran éxito de ventas y un papel muy destacado.

Vuelve al mercado con varias gamas, entre las que destaca la denominada M8, que es la de las bicicletas de alta gama del catálogo. En esta fase inicial, las M están compuestas por tres modelos hard tail: M8 XTR, M8 XT y M8 SLX, que equipan el mismo cuadro de carbono y que se diferencian en los componentes; además, claro está, de en el precio.

La M8 XTR que hoy os traemos a estas páginas es la tope del catálogo 2011, una bicicleta destinada a los amantes del rally, aunque en absoluto con un comportamiento radical, y que por estética, componentes y filosofía rompe incluso con lo que Monty había mostrado en el pasado. Una bicicleta que en los días que hemos disfrutado de ella ha causado mucha admiración y suscitado muchas preguntas allá por donde íbamos.

Cuadro HCC

El cuadro de la Monty M8 es común en los tres modelos. Es de carbono HCC de alto módulo con las punteras de aluminio en el punto de unión entre vainas y tirantes, lo que da un refuerzo extra a la parte trasera y permite el anclaje de la pinza del disco sin el menor problema. Las tuberías, a las que se ha dado la clásica pero resolutiva combinación rojo-blanco-negro, son de generosas dimensiones e impecable acabado, y, a nuestro gusto, bella estética.

Entre ellas destaca el tubo diagonal, que en las zonas de pipa de dirección y caja de pedalier muestra unas dimensiones considerables que a primera vista y posteriormente en marcha confieren a la M8 una rigidez excelente. El cableado es externo, en la parte trasera del cuadro posee un refuerzo de unión entre los dos tirantes, un generoso paso de rueda y un detalle muy destacable como la dirección conificada de 1,1,8” arriba y 1,5” abajo; sin duda, responsable de las buenas sensaciones que transfiere el tren delantero.

Componentes de lujo

La tope de gama de Monty va equipada con algunos de los componentes más deseados del mercado. En la parte delantera encontramos una horquilla Magura Durin 100 SL con mando de bloqueo en el manillar, que a pesar de no gozar de la fama de una Rock Shox o una FOX, posee un tacto muy

lineal y suave que nos encantó. Magura también equipa la frenada, que está confiada a unos Marta SL de magnesio con maneta de carbono a juego con el color de la bicicleta. Las ruedas son unas magníficas Crossmax ST que encuentran el complemento perfecto en unos neumáticos Maxxis Ignition 2.10, que como es habitual en la marca tienen un comportamiento intachable, con un muy buen compromiso entre agarre y capacidad rodadora.

 desviador XTR con manetas XT y a unas bielas FSA SLK de carbono con tres platos y eje de pedalier integrado; marca que también se encarga de tija de sillín, manillar y potencia. Por último, Selle San Marco da vida a un sillín SKN que tiene una apariencia muy cómoda, pero que nos dejó el trasero bastante dolorido.

En marcha

Tras ponerla a gusto del probador, la primera sensación que ofrece la Monty es que vas sentado muy adelante. El ángulo del tubo de sillín es marcadamente vertical, y si bien por una parte nos sirve para pedalear con más fuerza y potencia, al situarnos sobre la caja de pedalier, al mismo tiempo nos coloca en una posición muy adelantada, muy encima del manillar, lo que en según qué ocasiones conflictivas de bajadas muy pronunciadas nos puede dar la sensación de que vamos a salir por delante. En contrapartida, el ángulo de dirección no es tan vertical como en una bicicleta radical de carreras, lo que le otorga una conducción muy noble y dócil control. La combinación de geometría, ruedas y neumáticos hace que podamos rodar muy deprisa sin llevarnos susto alguno, incluso en zonas de agarre comprometido.

En los primeros kilómetros por una pista llana y pedregosa, el cuadro nos dio una equívoca sensación de sequedad que no fue tal; culpa de ese primer efecto es del sillín, con el que no nos sentimos nada cómodos a pesar de que externamente hace pensar todo lo contrario. Una vez adaptados, la Monty se muestra muy absorbente a la par que rígida en los momentos de aplicar toda la fuerza en los pedales, donde nos obsequia con la típica sensación de máximo aprovechamiento que tan sólo dan las rígidas de carbono. Es muy noble de reacciones y ágil, aunque estamos seguros de que aún podríamos ganar enteros con unas vainas un poco más cortas.

En cuanto a componentes, hay que destacar la horquilla, que absorbe de manera muy natural, con una linealidad que sorprende y que también ayuda a proporcionarnos un extra de comodidad y seguridad tan marcado. Y la presencia del bloqueo en manillar, que en este tipo de bicicletas es de obligada adopción.

Por lo que respecta a la transmisión, nada que objetar. La combinación de Shimano y FSA es buena, aunque es cierto que una transmisión 100 % Shimano ofrece todavía un funcionamiento más suave. Y es que los japoneses nos tienen muy mal acostumbrados.

Como conclusión hay que decir que la Monty M8 nos ha sorprendido gratamente por funcionamiento y equipamiento, lo que supone un gran paso evolutivo en la marca, aunque por otra parte también nos ha sorprendido su elevado precio, que la sitúa en franca desventaja en un mercado tan competitivo como el de las rígidas de carbono.

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