Imola 2020: Alaphilippe, un arcoíris al ataque

Julian Alaphilippe (28 años) ya tiene la gran victoria de su carrera. Parecía difícil de superar con tamaño palmarés: Milán-San Remo, Strade Bianche, Clásica de San Sebastián, dos Flechas y cinco etapas del Tour. Nada iguala el prestigio y el aura del maillot arcoíris. Loulou se proclamó campeón del mundo con un ataque marca de la casa, un movimiento que no por esperado deja de ser espectacular.

El francés define como lo hace Messi. Todos saben cuándo va a saltar, también dónde les va a regatear el argentino. Ni así les pueden parar. Su triunfo es el del ciclismo valiente y pasional, un agradable contraste en estos tiempos de trenes y frío control. Tal es el bloqueo que en el Mundial de Imola solo se vieron dos ataques de verdad: el de Pogacar el extraterrestre, que se aburría en el pelotón y se inmoló a 40 kilómetros de la meta, y el anunciado de Alaphilippe, que llegó en el momento justo.

La carrera de un día más especial en el calendario se pareció más a una etapa del Tour que a una gran clásica: escapada consentida de selecciones menores y ritmo sostenido en el pelotón hasta las dos últimas vueltas del circuito. Los 258 kilómetros y casi 5000 metros de desnivel positivo quedaron reducidos a cuatro subidas y una fugaz persecución de 12km tras el certero disparo de Alaphilippe.

Alaphilippe, en el momento de su ataque ganador. Fotos: BettiniPhoto

Acabó otra vez a un escalón del oro el prodigioso Van Aert, plata en la contrarreloj y también en la prueba en línea. Solo dos ciclistas habían doblado medalla en los mismos Mundiales: Indurain y Olano en el 95. El líder de Bélgica –sorpresa, corrieron como un equipo– era el gran favorito y respondió como tal: sofocó el intento de Nibali, Landa y Urán en Mazzolano. También salió a por el joven y atrevido Hirschi al último paso por Gallisterna, pero no pudo con Alaphilippe. Tampoco Fuglsang, Kwiatkowski ni Roglic.

No hubo acuerdo en el quinteto peseguidor. Todos sabían que relevar a tope era llevar a Van Aert hasta el oro. Y tenían razón: el belga no falló en el esprint y Hirschi le ganó por centímetros a Kwiato. Plata y bronce, porque el arcoíris ya era de Alaphilippe. ¿Y España? Corrió a la defensiva para un líder sin las piernas de antaño, el abuelo Valverde (40 años), que firmó su undécimo top 10 (8º). Fin de ciclo.

Un día antes se impuso Anna van der Breggen, que también dobla medallas, pero las dos fueron de oro. Es el segundo arcoíris de la neerlandesa, un auténtico mito del ciclismo femenino. Atacó en el mismo sitio que Pogacar, pero entonces la carrera ya estaba rota. La selección corrió a cargo de Annemiek van Vleuten, reina de la épica: hace una semana se rompió una muñeca, pero se empeñó en defender su título y se colgó la plata. El dominio de Países Bajos es insultante. Solo Longo Borghini (bronce) evitó el triplete.

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