El más listo de la clase. Así se puede definir y así ha sido la victoria que se ha adjudicado Vincenzo Nibali hoy en Andorra la Vella. El italiano no era ni de lejos el más fuerte de los que se han presentado en la línea de meta. Es más, apenas cuatro kilómetros antes, en la cima de La Comella, se tenía que abrir directamente buscando un ritmo en el que minimizar pérdidas mientras el grupo que perseguía a la cabeza de carrera se le iba.

Pero llegaba la bajada. Su territorio natural. El mote de ‘Tiburón’ será porque el de halcón ya lo cogió su compatriota Paolo Savoldelli hace 20 años. Pero lo cierto es que Nibali se lanzó para abajo y logró cerrar el hueco que lo separaba, primero, de Aru, Bardet y el resto de ciclistas que iban allí. Luego se puso en cabeza de ese grupo para seguir bajando a fuego y contactar con Froome y Chaves.

Todo esto con 800 metros para llegar al final. Y cuando uno va así de encendido hay dos opciones: que entre al grupo buscando un cuerpo a cuerpo o que, en pleno uso de sus facultades mentales, aproveche la ocasión para sacar ventaja. Nibali estaba lúcido. Muchísimo. Y a 500 metros de la meta ha lanzado su ataque cuando todo el mundo había tomado un respiro preparando el cuerpo a cuerpo. Le ha salido bien.

Froome viene a por todas

Ahora Nibali está a sólo 10 segundos del líder, que es Chris Froome. El británico viene con todo y lo ha demostrado en una etapa donde los más optimistas esperaban que, si había algo de leña, entrasen al menos 25 ciclistas juntos. Nada más lejos. Apoyado por el equipo en versión Tour y, sobre todo, por un sorprendente Gianni Moscon, el británico ha lanzado un ataque demoledor en las primeras rampas de la Comella. Pero a diferencia de otros años, cuando ha mirado hacia atrás… había alguien.

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Froome, de rojo en Andorra. Foto: PhotoGomezSports

Esteban Chave estaba ahí. Detrás de él y al límite, pero estaba ahí. “Le he aguantado, pero no podía ni darle relevos”. Después se han lanzado los dos para abajo. Froome se ha vestido de rojo mientras David De la Cruz se lamentaba porque no podrá llegar líder a Tarragona, la única etapa que discurre por suelo catalán. En cualquier caso, las distancias son mínimas. Froome y Sky están fuertes y van a por todas, pero la carrera está, como se esperaba, en un pañuelo. En realidad, acaba de empezar.

Contador, el gran perjudicado

Pero toda gran etapa tiene un gran perjudicado, y hoy vuelve a ser de nuevo Alberto Contador. El madrileño se abrió por completo cuando se desataron las hostilidades. “Llamé a Stetina y le dije que teníamos que salvar el día. Hacía tiempo que no me encontraba tan mal”. Se ha dejado 2’33” en la línea de meta y lo peor es que ni siquiera sabe por qué. No son buenas las señales que desprende el tres veces vencedor de la carrera.

Lo primero ahora será evaluar daños, ver qué es lo que ha pasado y, después, volver a sacar la raza de campeón que lleva dentro. Es cierto que dos minutos no es una distancia definitiva, pero la Vuelta no es el Tour. Esta carrera siempre se ha decidido en poco más que un puñado de segundos, o al menos ha llegado así a la semana final. La despedida de Contador será seguramente digna, pero los sueños de verlo en lo más alto en su última carrera ya no se van a materializar.

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