Criada en la localidad italiana de Bosco Chiesanuova, cerca de Verona, a pocos kilómetros de los Alpes, Paola Pezzo disfrutó de un entorno privilegiado para la práctica de los deportes de frío invernal.

Durante su adolescencia descubrió el esquí de fondo, dedicándole arduas jornadas de sacrificio, hasta que a principios de su segundo decenio irrumpió en su vida el MTB en toda su dimensión.

De lo que en un principio empezó siendo una práctica estival que le ayudaba en su preparación invernal, acabó convirtiéndose en su pasión y principal dedicación.

Eclosión noventera

Paola Pezzo supuso una revolución en el mountain bike femenino, dominado hasta su aparición por corredoras principalmente canadienses y americanas, como la mítica Julie Furtado, Alison Sydor o Ruttie Matthes (entre otras).

Empezó su trayectoria vinculada a Bianchi, hasta fichar por Gary Fisher en 1992. Un año más tarde y por sorpresa ganó el Mundial en Francia ajusticiando a nombres tan ilustres como Furtado, Sydor y Matthes. No se lo podían creer. ¿De dónde había salido tanta belleza y talento?

Desde su oro olímpico hasta el final de la temporada de 1997, ganó todas las carreras que comenzó, incluida la Copa del Mundo.

Palmarés inigualable

Tachada de “inigualable”, no a la ligera. No como mero adjetivo calificativo, sino literalmente y con todo merecimiento. Solo ella ha ganado la triple corona del ciclismo de montaña.

Paola ganó el Campeonato del Mundo en 1993 (Métabief, Francia), su primera medalla de oro, la primera de nuestro deporte compartiendo gesta con Bart Bretjens, en Atlanta 1996.

En 1997, cerrando el círculo de gloria, ganó la Copa del Mundo, por aquel entonces patrocinada por Grundig. Entre las hazañas que engrosan su currículo vitae ciclista fue honorada con la Orden del Mérito de la República Italiana y forma parte del Hall of Fame del mountain bike desde 1999.

También la recordamos ese mismo año, 1999 (célebre álbum de Love of Lesbian), por ser la primera mujer en ganar una Copa del Mundo a lomos de una bici de doble suspensión con la firma de Gary Fisher.

Objeto de deseo de marcas y aficionados

Su indiscutible éxito competitivo, unido a su belleza física, la catapultó al estrellato. Era la diva de los medios de comunicación y la modelo ideal de las marcas.

Copaba páginas y páginas con escotes medidos para seducir a una audiencia mayoritariamente masculina. Captar la atención de los hombres resultaba burdamente fácil. Lo difícil, y por la que todavía hoy la valoramos, es engrosar unos logros al alcance de nadie que no se apellide Pezzo y de nombre Paola.

Solo algunos fans españoles no le perdonan su codazo a Fullana cuando ambas iban liderando la prueba en las Olimpíadas de Sidney 2000. Marga apuntaba al oro y, tras acabar por los suelos por una acción al límite de Pezzo, tuvo que conformarse con el bronce. Historia de nuestro deporte.

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