Ya huele a primavera. Tal vez escribir esto cuando la mitad norte de España lleva meses viviendo bajo la lluvia, las heladas y unas cantidades de nieve bastante superiores a las de estos últimos años no es lo más apropiado. Pero realmente, lo que huele es a primavera ciclista. En este deporte, la estación de las flores y las alergias no empieza en marzo sino a finales de febrero, con las clásicas.

Y hoy, una de estas pruebas ha hecho oficial su recorrido para la edición 2018. Nada menos que la París-Roubaix. El conocido como ‘Infierno del Norte’ que cada año nos regala varias de las mejores estampas de la temporada. Y eso que últimamente el cambio climático está propiciando que se disputen casi siempre en seco. Hace no tantos años se podía ver a los corredores llegar a meta cubiertos de barro hasta las cejas.

Un sector más

Huelga decir que el adoquín es el gran protagonista de la París-Roubaix. Tanto, que el trofeo que se entrega al vencedor es precisamente ese: un adoquín enorme para tener con orgullo en el salón de casa. Para esta edición, la organización de ASO ha preparado un recorrido de 257 kilómetros con un total de 29 sectores de pavés. Uno más que los superados en 2017. Eso sí, los kilómetros que se recorren sobre esta superficie disminuyen un poco: 54,5 frente a los 55 del año pasado.

Pero sigue por encima de la media de los últimos diez años (52,8). El sector nuevo está situado entre Saint Hilaire y Saint-Vaast y será el quinto en el orden, por lo que llega al principio de la prueba y no se espera que sea decisivo. Tendrá, eso sí, 1.500 metros de longitud. Pero la parte que definirá la carrera será la de siempre: el bosque de Arenberg, Mons-en-Pévèle y el Carrefour de L’arbre. Tres sectores verdaderamente temibles.

Todos contra Quick Step

Ni que decir tiene que si hay un equipo a batir en las piedras, ése es el Quick Step. Los belgas han perdido a Boonen y también a Matteo Trentin, pero siguen teniendo un bloque tremendo: Niki Terpstra, Zdenek Stybar y un Philippe Gilbert que ahora quiere ganar el Adoquín, después de conquistar el Tour de Flandes el año pasado. Pero la cosa no acaba ahí, porque hay otro compañero suyo que también se ha propuesto triunfar en las clásicas de piedras: Fernando Gaviria.

Y eso sí que sería histórico. Ver a un colombiano triunfando en el santuario del ciclismo europeo y derribar otra barrera para el ciclismo de su país, al que cada vez le quedan menos techos por romper. El resto de rivales tampoco son ni mucho menos flojos. Sagan con un Bora-Hansgrohe hecho para él; un Greg Van Avermaet que en 2017 fue el gran ganador con cuatro clásicas, Vanmarcke, Kristoff, Geraint Thomas o Lars Boom son sólo algunos de los nombres que veremos delante cuando comiencen los empedrados. Las clásicas están aquí.

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