A finales de verano, Peio Goikoetxea estaba desmotivado. O, mejor dicho, resignado a colgar la bicicleta. Con 25 años y tras una buena temporada en el AMPO amateur –ha sido Campeón de Euskadi como principal triunfo, así como una etapa de la Vuelta a Segovia y otra en la Volta a Lleida-, el vasco daba por acabado su ciclo como corredor en activo con la tranquilidad de haber tocado el profesionalismo aunque fuese por un breve período y con la solidez mostrada en carrera. Pero entonces sonó el teléfono.

“No esperaba esa llamada. Era Mikel Landa. Me dijo que iba a coger las riendas de la Fundación Euskadi, que sacarían un equipo continental y quería contar conmigo”, explica el ciclista. Duros como son los deportistas mentalmente, eso para él fue un revulsivo. Un ‘reset’, como él mismo dice: “Automáticamente se te van todos los fantasmas de la cabeza, cuando menos lo esperas. Ahora estoy con unas ganas tremendas de empezar la nueva temporada”, reconoce.

Goikoetxea forma parte de la decena de corredores que estarán en la nueva estructura de la Fundación, que viene a completar un hueco que se quedaba vacío en la categoría Continental con la marcha del Euskadi-Murias y el Burgos-BH a la división superior. El granadino Juan Antonio López Cózar, Txomin Juaristi, Mikel Alonso, Marc Buades, Gotzon Martín, Diego López, Ibai Azurmendi e Iker Azkarate son la parte joven del equipo, muchos de ellos pasando directamente desde el equipo amateur. Egoitz Fernández y, sobre todo, Ricardo García son los más experimentados por edad.

Un puente

Y ahí en medio entra en juego el rol de Peio Goikoetxea. El equipo quiere que haga de “puente” entre esa mayoría de corredores jóvenes y debutantes en el profesionalismo y otros que ya han acumulado muchos kilómetros de carreras con los más fuertes: “Quieren que sea, por decirlo de algún modo, un guía para los más jóvenes dentro del pelotón y que les transmita tranquilidad in situ”, comenta.

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Un papel que confiesa que le atrae mucho: “No tengo tantos años de experiencia, pero siempre me ha gustado mucho la estrategia y todo lo que tenga que ver con el oficio. Llevo desde niño vinculado al ciclismo”. Peio llegó a profesionales en 2016 de la mano del equipo Manzana Postobon que todavía era un continental colombiano lejos de la fuerte estructura que es ahora. Hoy se queda con lo positivo: “Aprendí y crecí mucho como persona. En lo personal fue una bonita experiencia. Deportivamente no destaqué, pero me quedo con la madurez alcanzada”.

Centrarse en dar pedales

Ahora ya no está contando los días para colgar la bici, sino para correr de nuevo. Además, se muestra encantado con el inicio de andadura en el equipo, que ya ha empezado aunque oficialmente no vea la luz hasta 2018: “El equipo está trabajando muy bien con nosotros, cuidando cada detalle. Tenemos detrás a marcas de experiencia y nivel como Orbea y Etxeondo y, aunque la temporada no ha empezado, hemos tenido varias reuniones para hablar en grupo, hacer biomecánicas y nos han dado charlas formativas. Esto te da una gran tranquilidad para centrarte en dar pedales”, argumenta.

El calendario será parecido al que hizo con Manzana Postobon hace ahora dos años. Prácticamente todas las carreras de España –salvo las World Tour- completando con alguna salida por Francia. Peio es sólo uno más de los corredores a los que el proyecto de Mikel Landa al frente de la Fundación Euskadi ha dado la oportunidad. Pero, por su situación, es al que más le ha cambiado la vida. “Creía pasada una etapa muy importante en mi vida… y ahora me veo a las puertas de otra que lo será aún más”. No cabe mejor resumen para su historia.

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