Raymond Poulidor (Mérignat, 15 de abril de 1936 – Saint-Leonard-de-Noblat, 13 de noviembre de 2019) ha fallecido a los 83 años de edad. Se va un ciclista que nunca triunfó en el Tour, ni siquiera vistió el maillot amarillo. Coincidió en el tiempo con Jacques Anquetil y Eddy Merckx, los primeros en ganar cinco veces la Grande Boucle. Para ellos, la gloria, el pueblo era de Poupou, el segundón más querido de la historia.

Sus ocho podios en el Tour, tres en la segunda posición (1964, 1965 y 1974) y otras cinco en la tercera (1962, 1966, 1969, 1972 y 1976), le etiquetaron como perdedor. Es un calificativo injusto para un ciclista con 189 victorias en su longeva trayectoria. Era un campeón desafortunado, que se cruzó con los dos mejores de su época en la carrera más grande, la que concita más atención y, además, la de su país, una Francia devota del Tour.

El Tour le devolvió a Poulidor lo que nunca había ganado sobre la carretera. Embajador de la prueba durante muchos años, vivió un retiro dorado, siguiendo la caravana bajo el patrocinio del banco Crédit Lyonnais y vestido con un jersey amarillo, la prenda que se le resistió en 18 años de carrera. Popou era uno de los más solicitados por aficionados y periodistas, a los que les contaba sus historias de fatalidad con una sonrisa. Era un mito que naturalizaba su propia derrota.

Merckx y Poulidor, de la rivalidad a la amistad © ASO

En ocasiones sacaba pecho recordando sus triunfos, como el que logró en la Vuelta de 1964 con una espectacular contrarreloj de 63 kilómetros entre Becilla y Valladolid, a solo tres días del final, en la que destronó a Julio Jiménez. Es la única grande en un palmarés que brilla por una Milán-San Remo (1961), una Flecha Valona (1963), dos París-Niza (1972 y 1973), dos Dauphiné Libéré (1966 y 1969) y cinco Critérium Internacional (1964, 1966, 1968, 1971 y 1972), además de cuatro medallas en los Mundiales, una plata detrás de Merckx (1974) y tres bronces (1961, 1964 y 1966).

Poulidor corrió siempre para el mismo equipo, el Mercier, de colores violeta y amarillo, púrpura y oro, como Los Ángeles Lakers, una de las franquicias más laureadas de la NBA, paradojas. Formó un matrimonio perfecto con su director, el histórico Antonin Magne, y convivió con cuatro generaciones de grandes campeones: debutó en el Tour cuando se retiraba Louison Bobet, dominador en los años 50, compitió con Anquetil y Merckx, y dejó la bicicleta cuando ya ganaba Bernard Hinault.

El segundón más querido de la historia tiene un sucesor de su propia sangre, es su nieto Mathieu van der Poel, hijo del también exciclista profesional Adrie, que se casó con Corinne, la hija pequeña de Poulidor. El mito ha muerto, pero su leyenda sigue viva. Descanse en paz.

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