A falta de menos de 10 para que empiece la Andalucía Bike Race, una de las pruebas por etapas más importantes de nuestro país, hemos querido recordar la experiencia de nuestra colaboradora Sandra Jordá en la pasada edición de la prueba andaluza. En formato de diario, Sandra nos relata las experiencias que vivió día a día desde su salida en avión desde Barcelona hasta la finalización de la carrera en Córdoba. Una aventura que no olvidará nunca y que vosotros podréis vivir a partir del próximo 22 de febrero.

 

Andalucía Bike Race 2014 – Sandra Jordá

Cuando una chica como yo no se sube a una bici desde hace más de quince años, afrontar una carrera por etapas es todo un reto, y más si es una prueba tan exigente como la ABR, con seis etapas en las que se acumulan casi 10.000 metros de desnivel en 400 kilómetros de puro mountain bike. Sin embargo, no me lo pensé dos veces y, como hago casi siempre, me lancé a la aventura.

Pensando con perspectiva, mi historia con las bicicletas no comienza ahora, con mi participación en la ABR, sino hace más de veinte  años, cuando comencé a dar pedales y un poco más tarde a competir. Pasé por el mountain bike, la carretera e incluso la pista y, aunque esto pueda parecer muy pro, también lo es que dejé toda aquella actividad ciclista de manera radical hace ahora quince años, cuando decidí volcarme en los estudios y luego en el trabajo.

Tras este parón de un montón de años sin pedalear, conocí a Mar Franco, una biker a la que, además de competir, le encantan la aventura y los viajes en bicicleta. Aunque he de reconocer que en mi casa siempre se ha respirado ciclismo y que había empezado ya a activarme hace algunos meses saliendo en bici en plan muy relajado, no me había planteado ni mucho menos ningún objetivo concreto.

Sin embargo, unos días después de  conocer a Mar quedamos para rodar juntas y a la tercera o cuarta salida ella me planteó viajar a tierras andaluzas a finales de febrero, con el propósito de participar en la que dicen es la carrera por etapas con más nivel de Europa. Ella conoció la ABR el pasado año y, como la mayoría, acabó enamorada e ilusionada por volver la siguiente edición. Al principio me pareció una idea desorbitada, pero viendo cómo se iluminaba su cara cuando contaba su experiencia del año anterior, me deje engañar y dije que ¡sí! El reloj se puso en marcha, ¡tenía cuatro meses por delante para entrenar!

No hay vuelta atrás

El invierno se hace duro, compaginar mi trabajo en el banco con los entrenamientos se me hace cuesta arriba, sobre todo entre semana. Mi planteamiento fue simple; aprovechar los fines de semana para acumular kilómetros y las noches entre lunes y viernes, cuando ya es de noche y es peligroso rodar en bici, para caminar. Durante estos meses en los que comencé a prepararme para la prueba, me sentí algo presionada por el hecho de correr en equipo y la relativa obligación de no fallar a mi compañera Mar. Durante todos estos meses fue inevitable que me viniesen dudas de todo tipo. Tantas, que llegué a plantearme si había hecho bien en inscribirme. ¿Había sido un acto de irresponsabilidad? No era capaz de responder con certeza a esa pregunta, lo único que sabía es que estaba dispuesta a vivir la experiencia y disfrutar al máximo con mi compañera.

En cualquier caso, para poder romper con todas las dudas sobre si iba a estar o no preparada, si tendría ritmo, si iba a recuperar o no tras las etapas, traté de entrenar lo más duro y constante posible. Nunca antes había hecho tantos kilómetros, especialmente los fines de semana, cuando quedaba con grupetas de carretera a las que intentaba seguir la rueda. Tanto me fijé en la preparación, que incluso unos días antes de acudir a Andalucía me inscribí en una prueba maratón que se celebró cerca de casa, en Aguilar de Segarra, y acabe segunda. ¡No me lo podía creer! Eso, sin duda, me dio mucha tranquilidad y fui a la ABR realmente motivada y con la sensación de haber hecho todo lo bien que pude los deberes.

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