Reportaje de MMR: De Asturias al mundo

El sueño de MMR (Machines Made for Racing) nació en el año 2008, en una nave de 400 metros cuadrados en el Parque Empresarial Principado de Asturias (PEPA).

Fue bajo el empuje y la ilusión de Manuel Menéndez, pero esta iniciativa acabaría siendo víctima de la crisis económica que azotó a todos.

Pero, como suele decirse, cuando se cierra una puerta, se abre otra. Menéndez, viendo que su sueño se deshacía como un helado en pleno mes de agosto, le ofreció su marca al empresario Daniel Alonso. Tras unas duras negociaciones, Daniel creó la empresa Sport Lifestyle, la firma que se encargaría a partir de entonces del diseño y fabricación de las bicicletas.

Daniel Alonso fue aquella persona que todo negocio, que toda aventura empresarial necesita, al aportar la seguridad y la paciencia necesaria para que todo siga adelante. Poco a poco la marca fue creciendo, aumentando su presencia en las tiendas, hasta vender en 2012 8.000 bicicletas, teniendo siempre en la clave del éxito la apuesta por la innovación, el diseño, la atención a los detalles y el control de los precios, tal como el propio Alonso explicaba a la nueva España en el año 2012.

Puede que a los amantes del motor les suene su apellido. Sí, Daniel Alonso fue un piloto de rallys en la década de los noventa, hasta que cuando decidió que ya había dado suficiente gas, cambió el asiento del coche por el de una bicicleta, a poder ser de mountain bike.

Ahí estuvo la clave de su vinculación con la marca MMR, más allá de la oportunidad de negocio que pudiera ver, que sin duda vio; hasta el punto que en el mismo medio que citábamos no tenía ningún problema en afirmar algo que otros quizá no se atreverían a decir, por temor a que el consumidor pudiera establecer según qué paralelismos que pudieran ir en su contra, pero a él no le importó: «Queremos ser los Zara de la bicicleta, calidad e imagen en una marca de referencia a precio reducido».

Una filosofía que al parecer no les ha ido mal del todo. En la actualidad tienen su principal mercado en España, pero ampliaron su cuota de mercado y sus productos se pueden encontrar a día de hoy en nueve países más, tanto en Europa como en América del Sur.

Un crecimiento sostenido al que sin duda ha contribuido la apuesta por la competición. Puede que para el gran público las MMR no sean unas bicis del conocimiento masivo, pero los que habitualmente salen a montar y tienen una mente ciclista saben que MMR es sinónimo de calidad a precio reducido.

Seis años en la élite

Esta temporada el equipo ha estado formado por David Valero, Catriel Soto y Natalia Fischer, pero a lo largo de la historia, por su estructura han pasado puntales como Carlos Coloma o Pablo Rodríguez, entre otros.

Los colores de la firma asturiana nacieron para quedarse, pero el origen de todo hay que buscarlo en el año 2013, cuando la marca decidió entrar en el mundo de la competición como patrocinador principal de una estructura externa, Sport Factory, cuya gestión estaba en manos de Carlos Coloma y Miguel Silvestre.

Nacía así el MMR Pro Team, que en aquel momento estaba formado en la parte deportiva por Coloma, Catriel Soto, Pablo Rodríguez y Luis Pasamontes, hoy embajador de la marca.

Un año más tarde, el proyecto recibió un serio revés, pero no tiraron la toalla. Se produjo un cambio de patrocinador, pero la estructura se disolvía, y entonces MMR decidió crear su estructura propia, un equipo de fábrica, gestionado por la propia marca. Acababa de nacer el actual MMR Factory Racing Team.

Por aquella época la prioridad era garantizar la supervivencia, salir a competir en las mejores condiciones posibles, ya que el equipo se armó en un tiempo récord, pero siempre teniendo claro que este era un proyecto a largo plazo, como así se ha demostrado.

Evidentemente se fijaron en cómo lo hacían otras estructuras – nadie nace enseñado–, pero sin perder de vista sus orígenes, su forma de ser y, como dicen en la marca aviselina, «su carácter».

Poco a poco el proyecto fue creciendo y los resultados llegando, dentro y fuera de nuestras fronteras, con los éxitos repartidos en todos sus corredores, siendo especialmente notorios los resultados en la Copa del Mundo de Pablo Rodríguez (campeón de Europa U23 XCO en Chies d’Alpago (Italia) en 2015 y campeón de España U23 en 2014 y 2015; Catriel Soto (vencedor en la Copa del Mundo XCE de Winham (USA) en 2014 y de Carlos Coloma, medalla de Bronce en el XCO de los Juegos Olímpicos de Río 2016 y campeón de España en el mismo año; antes del desembarco de David Valero.

El de Baza ha sido hasta ahora campeón de España XCO en 2017, 2018 y 2019: tercero en el Europeo de Glasgow en 2018, 2º en la Copa del Mundo de Nove Mesto (República Checa) en 2017 XCO, año en el que acabó 4º en la general de la Copa del Mundo.

Una vez el proyecto se asentó, fueron destinando más recursos, sin perder de vista el norte, conscientes de lo que suele decirme mi madre, de que el dinero cuesta mucho de ganar. Y así hasta llegar a un presupuesto actual que está en torno al medio millón de euros, que como asegura Litu, team manager: «economizamos y rentabilizamos, mantenemos el gasto».

Imagen de marca MMR

Pasó de ser una gota dentro del mar del mejor cross country internacional a ser considerada ya una marca con cara y ojos, una referencia que puede que no disponga del presupuesto de algunos gigantes, pero que tampoco tienen mucho que envidiar a ellos.

En este sentido, Javier González, director de arte y marketing de MMR, apunta: «El MMR Factory Racing Team se ha ganado rápidamente el respeto dentro de la competición internacional. Es una estructura estable y ha cosechado grandes éxitos en poco tiempo. Además, ha demostrado que no se trata de flor de un día, ya que año tras año nuestros corredores han estado entre los mejores».

Ángel piensa como Litu, que la diferencia de la estructura asturiana respecto a los rivales es «el carácter familiar. Todos tenemos contacto, se conocen por su nombre, en el que el equipo y los departamentos propios de la marca están en estrecho contacto».

La inversión que supone crear un equipo de élite en cualquier deporte, en este caso en el mountain bike, se hace por pasión, pero también por contribuir a una mejor economía de la empresa, en este caso para vender más bicis.

Preguntamos a Javier la importancia de la competición en la estrategia de MMR: «Lo primero es la imagen de marca, asociar tu marca a la exigencia de la alta competición siempre es positivo. Lo segundo es en referencia al desarrollo de producto. El feedback obtenido en la competición incentiva el desarrollo y perfeccionamiento de nuestros modelos y, finalmente, a nivel de posicionamiento. Una mejora en la imagen de marca te permite posicionarte en un lugar de referencia en el desarrollo de determinados productos, en este caso productos dirigidos al XC, como nuestros modelos Rakish o Kenta».

Ya se dice que una imagen vale más que mil palabras y la repercusión que tienen los resultados del equipo siempre favorecen la imagen de la marca, sobre todo cuando esta busca abrirse un hueco en un mercado muy copado ya y con rivales con mucho más músculo. «Un producto que se muestra competitivo a ese nivel siempre da un plus de confianza, y el hecho de que la gente ya tenga una referencia de tu marca antes incluso de que tú estés en ese mercado es de una importancia vital».

Terreno de pruebas

Y una vez la marca se hace un hueco en el mercado, es básico que la respuesta de las bicicletas sea la esperada. El cliente no perdona y más en un mundo tan competitivo como este. De ahí la labor clave que realiza el equipo al probar y desarrollar nuevos productos.

En este proceso, la comunicación entre ingenieros y corredores es básica. Desde MMR aseguran que los modelos del equipo son modelos comerciales, de calle, de forma que las mejoras que ellos llevan después las llevan los consumidores.

Preguntamos qué desarrollos se han efectuado en un terreno tan exigente como la Copa del Mundo y que después se han incorporado al catálogo comercial. Mejoras en las fibras de carbono y su disposición para aumentar la rigidez de las bicicletas, vital para soportar de manera eficiente las potencias desarrolladas por los corredores.

Mejoras en los sistemas de amortiguación. Inclusión de rodamientos de mayor anchura para soportar cargas mayores, ya que los actuales circuitos piden suspensiones cada vez más eficientes; y modificaciones en la geometría y configuración de los cuadros, con la adecuación de los mismos para albergar platos más grandes, modificaciones en los ángulos del sillín o en la dirección para aportar un carácter más racing.

Unas palabras que resume la doble de MMR, la Kenta. Una bici ligera, competitiva, desarrollada en Asturias por los ingenieros Chechu Rubiera y Nacho Álvarez, que sigue en constante evolución y que exprime el equipo para dejarla suelta en el monte al alcance de todos.

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