Ruanda en bici: 1.000 km de bikepacking por el país de las colinas

Ruanda en bici: 1.000 km de bikepacking por el país de las colinas

Ruanda es un país marcado aún por su pasado. Pero poco a poco ha comenzado a escribir una nueva etapa abriendo sus bellezas al mundo, siendo actualmente uno de los países africanos con mejor crecimiento económico. Parte importante de este nuevo tiempo es la bicicleta. Tanto es así que en 2025 albergará será sede de los Campeonatos del Mundo de Ciclismo, siendo el primer país africano de la historia en hacerlo. Recorremos en bici la diversidad de sus paisajes y gentes, en una aventura inolvidable.

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Por Julián Velasco (Responsable de comunicación de ciclismo en RPM Sports / IG: @julian_vepe)

Era un fin de semana cualquiera de mayo en Collserola, Barcelona. Xabi y un servidor mano a mano cuando, de repente, (aunque ya lo habíamos hablado decenas de veces): “¿y por qué no Ruanda en agosto?” Buscábamos, después de alguna ruta larga de bikepacking en España, un lugar más remoto por descubrir y que nos motivara, donde la naturaleza y la naturalidad predominara. Así que mi respuesta fue afirmativa: kms y kms de arena roja nos esperaban.

Ruanda en bici no nos cogió por sorpresa. Habíamos leído sobre el país, habíamos visto vídeos de viajeros/as en moto y bicicleta que ya habían visitado su diversidad de paisajes. Sabíamos también de su cruda y reciente historia. Éramos conscientes de su característica y exigente orografía. Al fin y al cabo, Ruanda es conocida como “la nación de las 1.000 colinas”, por su marcado perfil montañoso.

Tres meses después de esa conversación loca, pero que nos ha marcado para siempre, no solo no me arrepiento, sino que recomiendo a cualquier persona que comparta estas inquietudes y filosofía ciclista, cargar la bici y poner rumbo a Kigali.

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Ruanda en bici: los preparativos

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A partir de ahí viene la parte más interesante. Todo ello tras escuchar el clic de los pedales automáticos, ponerse en marcha hacia lo desconocido y descubrir un país a través de sus cientos de pistas y carreteras. La parte de la preparación la dividimos en 3 verticales: papeleo, recorrido y set up de equipamiento y bicicleta. Aunque el recorrido, incluso en el lugar más remoto entre el Parque Nacional Nyungwe y el Lago Kivu, seguíamos improvisándolo.

El papeleo fue bastante sencillo. Vuelos ida y vuelta BCN-Cairo-Kigali con Egyptair. Vacunación de fiebre amarilla y tifoidea. Visa online a Ruanda por 30 días, que nos autorizaron a los pocos días, cambio de euros a dólares, hotel para los primeros y últimos días y seguro de viaje, además de los típicos medicamentos. Dentro del papeleo, también añadiría las actividades paralelas a la bici que queríamos sumar al viaje, como el trekking en el Parque Nacional de Nyungwe, la visita al museo del Gorila de Ruhengeri, el safari en el Parque Nacional de Akagera y la visita al Memorial del Genocidio en Kigali, que nos trasladó al 94 con una serie de eventos devastadores, que jamás se deberían repetir.

Una avalancha de paisajes

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El diseño del recorrido fue de las cosas más apasionantes. Recogimos información de aquí y de allí, exprimimos el zoom de Google Earth para encontrar las mejores alternativas por pista y sendero. Queríamos hacer nuestro Tour de Ruanda off-road particular durante 11 días, en un país donde solo hace falta poner un pie en él para darse cuenta de que la bicicleta es una parte más de su ADN.

Mientras rodábamos por las primeras pistas de grava roja, nos damos cuenta de que había algo que no podíamos apreciar en Google Earth. Era la explosión positiva de risas y gritos de alegría de los cientos de niños, que salían corriendo a nuestro encuentro a grito de “Good Morning muzungu / abazungu (hombre blanco)” y de los cuales era imposible cansarse. Son el futuro de este amable país e incluso subiendo por las rampas más rotas y agotadoras del Bumba Trail, el sector más exigente del Congo Nile Trail, nos sacaban una sonrisa.

Es difícil resumir en unas palabras lo que fueron 11 días de aventura bikepacking en nuestra bici de gravel, con 1.045km y 18.000 m de desnivel positivo. Serpenteantes pistas y senderos de grava roja, las vistas del Monte Karisimbi con su cima nevada, la dureza del Congo Nile Trail (una ruta de ciclismo a lo largo del Lago Kivu reconocida por bikepackers de todo el mundo y que mezcla singletracks y pistas), frondosos valles fluviales sobrecargados de campos de arroz y té o carreteras con un asfalto ‘World Tour’ que se desplazan a lo largo de la costa del Lago Kivu o que cruzan selvas tropicales donde el verde toma múltiples matices.

El paraíso del bikepacking y la aventura

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También algunos momentos “críticos”. Como cuando compartimos 30 km con un grupo de ciclistas semiprofesionales de Rwamagana: “Les Amis Sporifs”. Sacaron de mí un murmullo: “Xabi, o aflojan, o me quedo en la bajada”. Atravesamos pistas paralelas a gigantes volcanes de más de 4.000 m, para finalmente sufrir el calor y el aire seco de la sabana próxima a Akagera.

Para profundizar más en el recorrido puedes entrar en mi colección de KOMOOT, donde encontrarás un resumen de cada etapa.

«LA EXPLOSIÓN DE COLORES DE SUS PAISAJES, EL RESPIRO DEL BUMBA TRAIL A SON DE “GOOD MORNING ABAZUNGU”, LOS DESCENSOS POR PISTAS ROJAS COMO EL FUEGO. LA UNIÓN ENTRE LA AMABILIDAD DE LA GENTE Y LA DIVERSIDAD DE LOS PAISAJES TE HACE ACTIVAR LOS 5 SENTIDOS»

La avalancha de sentimientos constante que experimenté en Ruanda venía por todas direcciones. Se mezclaba el caos de camiones, motos y coches soltando humo a su paso, que parecía que iban a pararse de un momento a otro, con la dura gente transportando colina arriba kilos y kilos de plátanos sobre sus bicis sin rendirse.

También la fusión de olores a selva, naturaleza, humo de madera y quema de rastrojos. Los cultivos de arroz, té y café, que forman su paisaje en laderas y terrazas, las selvas vigiladas por inmensos volcanes donde te imaginas familias de gorilas. Animales que no estarían ahí si no fuese por la tenacidad de guardas y proteccionistas de la especie, como la propia Dian Fossey, protagonista de la película “Gorilas en la niebla”.

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La próxima sede del Mundial de Ciclismo

Como decía al principio, habíamos hecho un buen trabajo previo de búsqueda de información, pero nunca te esperas una experiencia en bici tan positiva como la que hemos tenido. Más aún después de escuchar los prejuicios de la gente y sus advertencias: “¿Pero dónde vas? ¡Si eso es peligrosísimo!”.

Éramos conscientes de la cultura ciclista del país, más allá del profesionalismo. Su día a día va sobre ruedas. Concretamente, sobre las ruedas de sus bicis piñón fijo de hierro. A nivel profesional, el Tour de Ruanda es una competición que está creciendo y se está internacionalizando mucho en los últimos años. Y, para los que no estén aún al corriente, en 2025 Ruanda será la sede del Mundial UCI de Ciclismo en Ruta. El primer país de África que albergará esta prueba centenaria. Os aseguro que será épica.

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VUELTAS Y MÁS VUELTAS AL SET UP, ACERO VS CARBONO

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Nuestro set up también merecería un aparte porque todos hemos estado ahí y sabemos lo difícil que es decidir el material para una aventura como esta sin abusar de los “por si acaso”. Los días de lluvia dieron paso a los días de calor y humedad, cuando la hidratación y las sales corrían como la pólvora y los chubasqueros se guardaban en la bolsa del sillín, que ya no abriría hasta el último día.

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Es importante tener en cuenta que Ruanda es un país de temporadas. De cuatro para ser más exactos: dos secas y dos lluviosas, divididas en cortas y largas. No recomiendo lanzarse a esta ruta en temporada de lluvias, porque las pistas y sendas se convierten en pistas de patinaje donde mi paso de rueda estuvo al límite. Hasta el punto de echar buenos ratos sacando barro a 2.800 metros de altura bajo la lluvia.

También hay que tener en cuenta que no éramos los típicos turistas que van de safari en jeeps que parecen autobuses, rumbo al Parque Nacional de Akagera o a trackear gorilas a las frondosas laderas de los volcanes Virunga, frontera entre la agitada República Democrática del Congo, Uganda y Ruanda.

«LA POBLACIÓN TRATA DE CURAR LAS HERIDAS DEL GENOCIDIO DESPUÉS DE 28 AÑOS. ESTUVIMOS 15 DÍAS Y NOS SENTIMOS SEGUROS Y BIENVENIDOS EN TODO MOMENTO DE DÍA Y DE NOCHE, EN LA CAPITAL Y EN LA ALDEA MÁS REMOTA»

El material necesario para un viaje como este y su porqué nos llevaría un rato de explicar. Respecto a nuestras bicis, Xabi y yo fuimos por caminos distintos, pero al final ambos llegamos a Kigali. Xabi es un crack de la mecánica, además de un irundarra con mucha clase ciclista.

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Hay alguna foto suya compartiendo podio con Gorka Izagirre en categorías inferiores y puede decir que Juanma Gárate le arregló un pinchazo en una de esas típicas salidas con la grupeta de los mayores.

Ruanda en Bici gravel

Él se decidió por la resistencia y dureza de una bici británica, la Fearless Warlock de acero en talla M que el mismo montó y pintó a partir de sus preferencias y de los componentes que creía más adecuados para este viaje. Mientras tanto, yo tenía claro que a este viaje quería ir con mi Cannondale SuperX del 2018 y talla L en cuadro de carbono. Puede llamar la atención una elección tan racing de esta esta bici de ciclocrós para un viaje tan exigente. Pero al final su rendimiento y ligereza no me fallaron en todo el recorrido. A excepción de un par de veces en las que el barro se enganchó a mi cuadro y cubiertas. Como nosotros nos enganchamos a los aguacates a 40 céntimos.

Una de las cosas que más nos sorprendió fue la limpieza del país, tanto de las ciudades como de las aldeas. No había chicles en el suelo. No había botellas tiradas ni plásticos o latas en las cunetas. Sabíamos que Ruanda tiene prohibido el uso de bolsas de plástico, porque todo se entrega en bolsas de papel reciclable.

Esta responsabilidad medioambiental viene de la época post genocidio, en 1994. De ella tendríamos que tomar buena nota en occidente, porque al final esta manera de entender la vida y el día a día significa el amor a nuestra tierra. Pero este país va un paso más allá y a esta conciencia por el medio ambiente se le suma un acontecimiento que nos dejó impresionados, aún más al verlo en directo.

Umuganda, los sábados comunitarios de Ruanda

Era el último sábado del mes. Este día, que nos puede parecer insignificante, en Ruanda y en su idioma local, el Kinyarwanda, es el denominado UMUGANDA (que significa “unión en un propósito común”), el Día del Trabajo Comunitario, una de las políticas introducidas por el gobierno ruandés para ayudar a reunificar el país tras el genocidio.

De 8:00 a 11:00, las empresas cierran y el tráfico se detiene mientras los ciudadanos de todo el país van a sus vecindarios, palas y azadas en mano, para tratar de crear un entorno un poco mejor que el del mes anterior. Después de conocer esto, ya no nos sorprende el buen estado de los patios frontales de arena de las casas, de los porches de estas, de los laterales de las pistas que cruzan los pueblos. Todo ello nos transmitió un fuerte sentimiento de comunidad y trabajo en equipo.

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Las ganas de la gente por agradar al viajero, por mostrarle que el país y su gente están por la labor de abrirse al futuro y de superar el pasado, se pueden observar en múltiples momentos. Por ejemplo, cuando estábamos en Ruhengeri, al pie del Parque Nacional de los Volcanes y no conseguíamos encontrar un cajero automático. Preguntamos a un policía y de repente tenemos a cuatro personas dándonos indicaciones, una de ellas en perfecto inglés. De vuelta del cajero nos pregunta si lo habíamos encontrado, a lo que respondemos con satisfacción afirmativamente y nos dice con una amplia sonrisa y orgullo: «Bien. ¡Buen feedback, buen feedback!”.

«EMPRESAS CHINAS SE OCUPAN DE MEJORAR LAS INFRAESTRUCTURAS DEL PAÍS, ASFALTANDO PISTAS O MEJORÁNDOLAS, EN CASO DE QUE LAS LLUVIAS LAS HAYAN ESTROPEADO. LO QUE ESTÁ CLARO ES QUE LAS PISTAS DE RUANDA SON, PARA NOSOTROS, UN PARAÍSO DEL GRAVEL, PERO PARA ZONAS RURALES Y SUS COMUNIDADES SON LAS ARTERIAS QUE LES PERMITEN AVANZAR»

Un país para vivirlo en bici

 

Los recuerdos que nos llevamos de estos 11 días de bikepacking son inmejorables. La sensación de explorar el país, de rodar y descubrir sitios que en otro formato de viaje no sería posible ver y conocer, lugares invisibles para los turistas. Cruzar lagos en barca o ríos a pie porque los puentes están caídos y no se pueden levantar de nuevo. Alojarnos en lugares modestos, pero paradisíacos. Acampar en lo alto de una colina a 2.500 m de altura. Esprintar montaña arriba con decenas de niños entusiasmados detrás al grito de “3. 2. 1. ¡YA!”.

Estoy convencido de que la pasión de este país por escapar de su pasado y por rodar hacia un futuro prometedor, a pesar de los obstáculos, será un éxito. Porque las decenas de pistas que cubren este territorio y que para nosotros han sido un paraíso para el gravel los llevaran donde ellos/as quieran.

Ojalá algún día el ciclismo y este modo de viaje se una al ‘trackeo’ de gorilas y a los safaris como un motivo más para visitar este pequeño país del este de África. Un lugar que se empeña en conseguir que cuando buscamos en Google “Ruanda” su triste pasado aparezca en la décima página de resultados y para ello me quedo con la palabra que me viene a la cabeza cuando pienso en este bello país de África.

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