“O aquí ponemos todos gente a currar, o con tres minutos y aire de culo a este no lo pillamos. Este tío cabalga mucho por aquí”. Era la frase de un corredor del Movistar Team en la última etapa de la Vuelta a Castilla y León, poco antes de empezar a subir a Navalmoral, cuando Rubén Plaza marchaba en solitario por delante dispuesto a llevarse tanto la etapa como, por extensión, la general de la carrera.

Además, para un equipo como Israel Cycling Academy las victorias no son precisamente algo que abunde, y el propio Plaza lo reconocía después de culminar con éxito la aventura: “Cuando estás en un equipo pequeño como el nuestro, que ahora se encuentra en fase de crecimiento, los triunfos saben incluso mejor”. Efectivamente, la escuadra israelí que tiene la invitación al Giro como gran aliciente de su calendario ha logrado en apenas dos días las mismas victorias que en los últimos seis meses.

Plaza ganó además a lo campeón. Se marchó en el kilómetro 50 de carrera, con casi 120 todavía por delante. El motivo, en un principio, calibrar sensaciones de cara al Giro tras volver de una concentración en altura en Sierra Nevada y “mover la carrera sin nada que perder”, explica el de Ibi. Cuando vio oportuno arrancó también del grupo de fugados en el que iba y siguió prácticamente dos horas en solitario hasta que alcanzó la meta adoquinada de Ávila, justo tras las murallas.

De su mujer y sus hijos

Cuando los ciclistas del Israel Cycling Academy iban entrando en meta con minutos perdidos, su director Óscar Guerrero, que los esperaba en el podio –situado junto a la muralla, en la curva a 50 metros de meta-, iba haciéndoles señales de victoria. Los corredores respondían alzando el puño, sonriendo o gritando un ‘wow’ de alegría. Habían logrado ganar a lo grande, después de la etapa al sprint de Mihkel Raim el día anterior.

“Lo teníamos pensado, pero no que arrancase solo tan lejos. La idea era que aguantase más en el grupo y luego se fuera. Pero mira, ha salido muy bien”, decía después Guerrero, que en el coche de equipo le iba dando ánimos a su corredor nombrándole lo más preciado: “Le decía que se acordara de su mujer y sus hijos. Porque cuando uno entrena solo allí, en altura, durante semanas es lo que más sacrifica y más echa de menos. Estas victorias dan sentido a ese esfuerzo”, sentenciaba.

“Yo sabía que llegaba”, dice Plaza a un compañero antes de subir a recoger el premio. “Yo también, pero luego atrás se enciende la mecha y los adoquines son traicioneros”, responde Guerrero. Esa victoria da sentido a todo el esfuerzo. Ahora asoma el ilusionante reto del Giro, y Plaza se siente realmente preparado. Asume el triunfo con la naturalidad de sus 38 años y de quien ya acumula mucha experiencia en este deporte: “Sobre todo, nos permite saber que estamos donde habíamos planeado”. Con victoria, todo sabe mejor. Y más para un equipo en crecimiento.

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