El desafío extremo del Petit Combin: pedalear con una e-bike día y noche sobre glaciares

El desafío extremo del Petit Combin: pedalear con una e-bike día y noche sobre glaciares

Una loca aventura en el corazón de los Alpes suizos. Pedalear con nuestras Mountain Bikes eléctricas por senderos llenos de nieve, glaciares y rampas imposibles. Es la ruta del Petit Combin, una cima situada a 3.663 m. de altitud, que pudimos explorar gracias a las posibilidades infinitas de las e-bikes.

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Por Ludo May // Fotos: Jancsi Hadik

En otoño de 2015, fui a la montaña y encontré a Daniel Coquoz, un amigo que es guía de montaña. Teníamos de frente el Petit Combin. Un monte alpino cuya cima está a 3.663 m. Mirándolo desde lo lejos, Daniel me propuso la idea de coronarlo en bici. Al principio pensaba que se había vuelto loco.

Pero, sin embargo, costó poco convencerme. Poco a poco fuimos perfilando la base del proyecto de esta aventura. Porque un reto de esta envergadura conllevaba meses de preparación, por la dificultad de la ruta.

Dejamos el proyecto en espera durante el invierno. Y en primavera hicimos una primera inspección del trazado en esquís, para analizar todos los pasos, cantidad de nieve acumulada y, simplemente, comprobar la viabilidad de la ruta para una MTB.

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La Ruta del Petit Combin: cinco años de preparativos

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El objetivo era hacer cima en el Petit Combin (3.663m) con el amanecer.

A nuestra vuelta, teníamos luz verde para la viabilidad del proyecto. Pero era necesario que las condiciones en las zonas con nieve fueran perfectas. Pasaba porque esta fuera dura, pero que no se helara demasiado por la noche.

Pues durante las cinco primaveras siguientes intentamos sin éxito encontrar las condiciones ideales para afrontar la ruta. Además, nuestras agendas diferentes, o mis viajes al extranjero, hicieron que la ruta se pospusiera en multitud de ocasiones.

Tras cinco años de retraso, fue en la primavera de 2020, uno de los años más extraños para todo el planeta, cuando por fin se dieron las condiciones y tuvimos el tiempo necesario para hacerlo. La larga espera nos permitió al menos aprovecharnos de los avances en material dentro del Mountain Bike para hacer esta complicada ruta en e-bike.

Ruta alpina en e-bike

A medida que se ascendía, los riders se encontraban terreno rocoso y los primeros rastros de glaciares.

El uso de la bicicleta eléctrica nos permitió alargar aún más el recorrido y pudimos salir desde prácticamente mi casa, en Châble (Cantón de Valais). Por otro lado, añadimos a dos compañeros más a la aventura: Jérôme Caroli, rider profesional de Descenso, y Jérémie Heitz, esquiador freeride profesional.

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Esta ruta al Petit Combin fue el 10º episodio de la serie «Ludo y su bicicleta», iniciado en 2013 en colaboración con el realizador (y exesquiador profesional) Nico Falquet. Esta loca travesía, completa a la perfección esta serie de reportajes, que tiene como fin mostrar rutas de MTB originales y fuera de lo común.

ruta petit combin e-mtb
En muchos tramos hubo que llevar la e-bike al hombro, una auténtica tortura por momentos.

La ruta se realizó en junio de 2020. Comenzamos con el riesgo de gran acumulación de nieve, caída cuatro días antes de iniciar el recorrido. Fue en Châble, a 850 m de altura. Nos llevamos a dos cámaras (Nico Falquet y Max Rey) el fotógrafo Jancsi Hadik, el guía de montaña Daniel Coquoz y nosotros tres, los riders.

Pero sólo nos ponemos en marcha nosotros, en dirección a la cabaña Brunet, situada a 2.100 metros de altura. Allí nos esperaba el equipo de grabación, cargados como mulas con todo el material y un par de esquíes en la mochila.

Pedalear por la noche sobre glaciares, uno de los desafíos de la ruta

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May y sus compañeros pedalearon toda la noche por el glaciar, para poder hacer cima al amanecer.

El primer tramo, en dirección al glaciar de Panossière, acumula un desnivel positivo de 550 m y nos llevará más de 5 horas de ruta. Comenzamos a grabar y hacer fotos del paraje. Hacia las 6 de la tarde, alcanzamos el primer objetivo de la ruta y decidimos acampar, pasando la noche en el refugio de Panossière, ya a 2.641 m. Esa tarde, un precioso atardecer nos deja un bonito espectáculo visual, que aprovechamos realizando algunas fotos, gracias a Jancsi.

Dormimos poco, ya que el despertador sonó a las 12:30 h. Era hora de hacer realidad un sueño que tenía en mente desde hace varios años. Una mitad del equipo se pone sus esquís y los riders nos subimos a la bicicleta y comenzamos a cruzar el glaciar de Panossière. Después de sólo 30 minutos de esfuerzo durante la noche, Jérôme mete su pie, accidentalmente, en un charco de agua helada. Con temperaturas en negativo, no fue la mejor manera de comenzar la ascensión.

Nuestras e-bikes se hundían en la nieve entre 15 y 20 cm. Fueron horas de esfuerzo y empuje de nuestras bicicletas. Más tarde, vi a todo el mundo parado, con Jérôme sentado con sus pies desnudos sobre la nieve. Estaban helados, por lo que decidí intercambiar mis calcetines impermeables para que recuperaran un poco de calor.

«Comenzamos a cruzar el glaciar a las 12:30 h de la noche, con temperaturas bajo cero»

Varios metros más arriba, llegó el momento mágico que tanto esperaba. Sentimos que la nieve se ha endurecido y propongo a Jérémie intentar rodar sobre ella. Y por fin podemos avanzar más rápido. Siete minutos más tarde, tenemos ya una ventaja de más de 20 minutos sobre los cámaras y el fotógrafo.

E-bike al hombro: cicloalpinismo extremo

En la escalada, los riders llevaron al hombro bicicletas eléctricas de más de 20 kg por rampas de hasta el 45% de pendiente.

Daniel toma la delantera y nos dejó lista la trazada para una subida muy técnica, con una pendiente del 45% en 80 metros. Nos vemos obligados a llevar la e-bike al hombro, algo muy difícil de conseguir por el gran peso de estas bicicletas (+20 kg) y el cansancio y frío acumulados.

Pero logramos alcanzar la cima de esta dura ascensión, al mismo tiempo que el sol hacía ya su aparición. Un momento mágico, sobre todo cuando lo compartes de amigos y en bicicleta. Tras este monte, sólo nos quedan 100 metros de desnivel para hacer cima en el Petit Combin. Pero el sentimiento de estar pronto en ella ya afloraba.

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Esperamos el amanecer y la llegada de la luz para atacar la cima. Estos momentos fueron inolvidables y quedarán grabados para siempre en nuestra memoria. Son las 6 de la mañana cuando llegamos finalmente a la cumbre, felices de haber conseguido el objetivo. Pero aún queda el descenso.

Descensos a 90 km/h y sobre nieve

El premio tras una noche exigente. Descensos rápidos sobre nieve.

En este periodo del año, fin de la primavera, hay que saber que la nieve se endurece principalmente entre las 2 y las 6 de la mañana. Cruzamos los dedos para que el firme de los senderos de la bajada sean tan duros como los de la cumbre. El desafío que tenemos ahora es el de volver a bajar por el mismo itinerario de la ascensión.

Llegó la hora. Hacemos los primeros giros con Nico, que graba y nos sigue con los esquíes. Yo voy delante y pronto siento una gran subida de adrenalina y un sentimiento de fuerte admiración con la naturaleza y la montaña.

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Los paisajes son impresionantes. Las condiciones de nieve son perfectas y nos sentimos privilegiados por momentos. Llegamos incluso a alcanzar los 90 km/h en algunas pistas. Un verdadero placer. Jérémie Heitz, estrella del esquí freeride, prueba por primera vez a rodar con bicicleta sobre la nieve y le gusta. Va rápido y lo hace muy bien.

«El descenso duró casi 3 horas, con casi todos los senderos nevados»

Encadenamos el descenso con la subida del 45% anterior, que nos obliga de nuevo a parar y a ascender con la bicicleta a cuestas. Pero rápido reemprendemos el descenso. Aprovechamos para hacer varias curvas con ‘tumbadas’, pero en los giros más sencillos y seguros.

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Ya más abajo, en torno a los 3.000 metros de altura, los primeros cambios de nieve, de más dura a más blanda, hacen que comamos un poco de ésta. Finalmente, terminamos la larga bajada con más sonrisas que lágrimas. Llegamos al refugio Panossière hacia las 9 de la mañana. Sólo nos quedarán algunas horas más de ruta por un terreno más normal para volver a casa.

Pero son unos últimos kilómetros que realizamos con una sonrisa de oreja a oreja, a pesar del enorme cansancio acumulado. Puedo afirmar, tras esta ruta, que los sueños, por imposibles que parezcan, se convierten en realidad. Basta esperar pacientemente el momento y creer en ellos.

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