Muchas veces nos preguntamos: ¿cómo van a mejorar una bicicleta que ya es muy buena? Pues efectivamente, siempre hay algo que mejorar, algo que pulir, un nuevo material que adoptar para hacerla, simplemente, mejor. La Tallboy 2 de Santa Cruz es un claro ejemplo.

La Tallboy no sólo es un modelo que ha conseguido el preciado galardón de mejor bicicleta del año, es mucho más, nos atreveríamos a decir que es la bicicleta que ha impulsado a Santa Cruz en los últimos años, su abanderada, su buque insignia, su modelo superventas del que ha nacido otra saga igualmente de superventas, como su hermana LT.

Hay muchos modelos exitosos en la factoría de Santa Cruz, pero la Tallboy es la causante de que hoy en día Santa Cruz sea una marca mucho más conocida en todo el mundo.

La Tallboy 1 nació sublime, casi perfecta, nos atreveríamos a decir. A pesar de sus 100 mm, no era una bici especialista de rally, más bien una maratón que plantaba cara a cualquier trail y que por sus características de absorción y pedaleo incluso se atrevía a mucho más. Era una bici democrática y sobre todo polivalente de uso, tan pronto bajaba por una trialera con pasmosa facilidad como te subía con eficacia la cuesta más empinada. ¿Cómo mejorarla, pues?

Lógica evolución

No me gustaría estar en la piel del ingeniero al que encargaron desarrollar la nueva Tallboy, pues cuando un producto ya es muy bueno, tienes muchas posibilidades de errar el concepto de la nueva evolución. Pero Joe Graney, responsable del proyecto, tenía muy claro cuáles eran los puntos flacos de la Tallboy y cómo debía mejorarlos. De entrada apostó por mantener al 100 % la geometría de la primera versión de 2009, que ha sido uno de los grandes secretos; eso quiere decir que la nueva Tallboy 2 se mantiene fiel a los 100 mm de recorrido trasero y no llegará a los 120 mm que muchos usuarios esperábamos.

Santa Cruz alega que para más recorrido ya tiene la LT, que también ofrece una estupenda relación pedaleo-absorción.

¿Su punto flaco? Pues la rigidez del tren trasero, que a pesar de ver cómo el año pasado adoptaba un nuevo eje de 142×12 mm, necesitaba algo más de refuerzo. Es justo en este punto donde se ha desarrollado la mayor parte del trabajo, ya que el basculante es totalmente nuevo, al adoptar ahora una nueva tubería de mayor diámetro tanto en vainas como en tirantes, el consabido eje de 12 mm y nuevos rodamientos y bieletas, ahora de aluminio forjado en sustitución de la bieleta superior de carbono del modelo anterior, que era mucho más costosa de fabricar y a la postre no daba tantos beneficios de rigidez como se esperaba.

En el triángulo delantero se han retocado ciertos puntos. Se ha reubicado el amortiguador para conseguir un carácter más pedaleador y un tacto más lineal y menos progresivo. La combinación es buenísima, porque la Tallboy 2 gana en efectividad y rapidez, pero no pierde un ápice de absorción cuando las cosas se ponen feas… todo lo contrario. Por cierto, esa variación en los soportes de amortiguador ha permitido hacer una talla S, que el año pasado no estaba y muchos usuarios demandaban.

Otros detalles nuevos en esta versión es la posibilidad de utilizar cableado interno para la tija telescópica, y el cableado externo para todo el resto de necesidades pero de modo continuo, para poder proteger mejor los cables; anclaje directo para el desviador delantero, que de este modo también gana en rigidez de accionamiento; y la posibilidad de llevar dos botellines de agua.

A diferencia de otros modelos de la marca, en esta ocasión no encontramos un protector del tubo diagonal integrado en el cuadro, pero sí uno de goma de generosas dimensiones en la vaina derecha. Algo que llama la atención, no vamos a decir de forma negativa, pero sí que nos sorprende y rompe las tendencias actuales, es la presencia de un pedalier con roscas convencionales de 73 mm y no uno Pressfit, y un anclaje para el freno trasero internacional, no post mount directo. Son detalles, junto al cableado externo, que anclamos con bridas, que Santa Cruz argumenta por su facilidad de mantenimiento y mejor accesibilidad, pero que pueden decepcionar al usuario, sobre todo porque el precio del cuadro es muy elevado. Es cierto que el usuario Santa Cruz es un incondicional de la marca, pero la realidad del mercado va en otra dirección.

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