Olvidada, y a veces menospreciada, la sierra de Guara ha sido, durante años, un alto en el camino hacia los terrenos más verticales del alto Pirineo. Tildada con
desprecio injustificado de prepirenaica, actualmente vive un renacimiento espectacular gracias a sus terrenos cársticos, con los mejores cañones de Europa, buen clima y, para nosotros, increíbles singletracks ciclables todo el año que los locales conocen desde hace muchos años.

El Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, situado en la provincia de Huesca, es un enclave predominantemente cárstico, proclive a la formación de cañones, simas, mallos, grutas, dolinas y barrancos por su terreno calcáreo, que los numerosos ríos y el agua han erosionado durante miles de años. Todo este proceso ha dado lugar a magníficas formaciones, que se presentan como una rareza inusual en esta zona del Somontano prepirenaico, y que la han convertido en una de las capitales europeas para la práctica del descenso de barrancos.

Creado en los años 90 como figura de protección de toda la fauna y flora que ahí se desarrolla, el parque abarca las comarcas aragonesas del Alto Gállego, Hoya de Huesca, Sobrarbe y Somontano de Barbastro, con su característico clima híbrido, una mezcla entre atlántico y mediterráneo, fruto de su emplazamiento a los pies del Pirineo y su proximidad con el valle del Ebro. Además de sus actividades acuáticas, en los últimos años se ha revelado también como un terreno idóneo para la práctica del mountain bike, ya sea entre sus bosques mediterráneos de encinas y pinos, como en su vertiente norte y sus bosques caducifolios de mágicas hayas sacadas de los mejores cuentos de fantasía.
Un terreno dominado por el Tozal de Guara (2.077 metros), que se erige en vigía del parque, que vive ahora en pleno apogeo cultural, social y económico después de un éxodo rural que diezmó los pueblos de la zona ante la falta de oportunidades, especialmente en los años 50 y 60, y dejó pueblos abandonados, algunos de ellos aún en estado de ruina (Nasare, Cheto, etc.).
Otros fueron recuperados, y devuelta completamente su grandeza arquitectónica románica y gótica, ayudados por una gran afluencia de turismo francés en las décadas anteriores y la llegada de los primeros espeleólogos y barranquistas galos en la época de los años 60 y 70.

Alquézar, punto de partida

Siguiendo la invitación de los locales de la zona y de Huesca, la Jabalí Enduro Crew iba a ser esta vez invitada de lujo en la sierra de Guara, así que, tras coordinaciones logísticas varias, se optó por la opción camper al abrigo de la villa de Alquézar, que nos recibe imponente con su colegiata en lo más alto, divisada desde el mirador donde íbamos a poder pasar la noche.
Una noche fresca y estrellada, y en la que Eolo ya daba sus primeros signos de presencia. Antes, visita obligada al precioso pueblo, calles mágicas y edificaciones perfectamente restauradas, que dejan con la boca abierta a multitud de turistas, la mayoría de ellos franceses, que nos vamos encontrando durante el paseo.
Y es que, como decíamos, los franceses han tenido un papel determinante en la recuperación de la zona, no sólo por su afición a la espeleología y a los barrancos, sino de una forma más estable, asentándose e invirtiendo algunos de ellos en la zona, y poniéndola en el mapa mundial de la especialidad.
En la plaza tenemos dificultad para escoger restaurante, todos apetecibles y acogedores, con cartas tentadoras. Pito, pito colorito y al primer establecimiento con buena pinta que tenemos delante.
Gran ensalada, algo de carbohidratos y directos a hacer un poco de vida tipo California, que tanto nos gusta: un té en la furgoneta, algún vídeo de bicis en el iPad, para ir aclimatando al cuerpo, y últimos ajustes en las monturas, que hoy dormirán al raso. Saco de dormir, linterna, pis y buenas noches.

Con las primeras luces de la mañana, los cuerpos se resisten a abandonar el calor del saco de plumas, y el viento, sin ser violento, se deja notar, por lo que añadimos un chaleco a la ropa prevista para hoy.
Nutella, té (Earl Grey, por supuesto), galletas, plátano y a prepararse, que los de Huesca van ya llegando uno a uno.
Se suceden las presentaciones entre los nuevos, los abrazos entre los conocidos y los nervios y las ganas de rodar se van apoderando del grupo. En marcha.

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