Muchas voces dentro del ciclismo hablan de la Vuelta como una especie de examen de septiembre para los corredores que no consiguen sus objetivos durante el resto de la temporada. Y si tomamos por válido este razonamiento, que tiene algo de cierto pero no lo es del todo, lo cierto es que en esa reválida Simon Yates ha sacado matrícula de honor.

Aunque igual tampoco se puede decir que el británico suspendiera en mayo. Claro, queda esa sensación si tenemos en cuenta que iba de rosa a tres días del final del Giro y terminó reventando y dejándose más de media hora el día de la Finestre. Pero ganar tres etapas en una grande ya es como para darle buena nota.

En cualquier caso, lo importante cuando uno suspende es aplicarse después. Estudiar, trabajar y aprender. Y Yates lo ha hecho, porque ha tomado buena nota de sus errores y los ha corregido. Los derroches de energía en la primera mitad del Giro le acabaron pasando tal factura que cuando necesitaba las fuerzas para mantener el rosa no las encontró y terminó explotando.

Gestionar mejor esos esfuerzos era primordial en esta Vuelta para que no ocurriese lo mismo. Y eso es lo que ha hecho. Ayer prefirió quedarse un poco rezagado a ritmo para conservar el maillot que reventar y verse en peligro. No fue mucho: apenas 15 o 20 segundos, perdiendo metrito a metrito en la subida a la Gallina.

Pero su vocación -y esperemos que no se pierda- es la del ciclista agresivo. De los que defienden un maillot de líder en primera persona en lugar de parapetarse tras su equipo. Tan lícito es lo uno como lo otro, sólo faltaría, pero sí es cierto que la primera opción es la más espectacular. Sin duda alguna. Así lo hizo en la Rabassa faltando 10 kilómetros de puerto y todavía con dos compañeros junto a él. Así lo hizo también en la Comella cuando Miguel Ángel López y Quintana empezaban a ponerse peligrosos, sobre todo el primero. Y eso, sin duda, se gana las simpatías de cualquier espectador.

Ahora tiene 26 años y nuevos objetivos por delante. Entre ellos, regresar al Giro en 2019 para cerrar «una cuenta pendiente», como él mismo dice. ¿Y si no consigue aprobar tampoco entonces? Pues la opción de defender la Vuelta –no tiene nadie que lo haga desde 2012– le llama la atención. En definitiva, Simon Yates entra en el club de ganadores de grandes vueltas en activo y tiene mucho tiempo aún por delante para seguir agrandando ese palmarés. El último producto de la factoría británica, que viene dominando el ciclismo en los últimos años.

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