Las pruebas de MTB por etapas han crecido de manera espectacular en los últimos años. Se han convertido sin duda en pruebas populares, donde todo el mundo puede disfrutar y experimentar las sensaciones de la competición, pero que al mismo tiempo suponen una elevada exigencia física. No nos referimos sólo a la dureza de los recorridos, sino al hecho de que se trata de realizar esfuerzos intensos durante varios días seguidos. Esto conlleva unos requerimientos desde el punto de vista de la preparación física que merece tener en cuenta si queremos rendir como esperamos.

Entrenar en días seguidos ayuda a soportar mejor la fatiga durante la prueba

Al margen del entrenamiento, puedes poner en práctica algunas conductas en el día a día de este tipo de pruebas para optimizar tu recuperación y mejorar así tu rendimiento a pesar del paso de las etapas, que es el aspecto en el que más penalizan la mayoría de los participantes que no acuden con una preparación adecuada para este tipo de carreras. Veamos en este artículo, por tanto, qué podemos hacer para evitar o reducir esto.

Planificación, la clave
Es evidente que para prepararse estas pruebas hay que entrenar de una manera algo más específica que si simplemente queremos estar en forma y diferente si queremos rendir bien en una prueba de un solo día. También el saber participar y sacar partido de nuestras posibilidades en este tipo de eventos nos obliga a llevar un timming concreto en los días de la prueba, unas pautas de conducta que, efectivamente, nos llevan a una planificación de lo que hagamos, primero entrenando y durante la carrera para optimizar nuestra recuperación. Ser metódicos y disciplinados nos va a ayudar en gran medida.

Prudencia y conocimiento
Conocer tus límites y no sobrepasarlos es probablemente la mejor premisa que puedes seguir en una prueba por etapas. Parece muy obvio, pero en la práctica, algunos bikers se dejan llevar por la emoción de la competición y no son prudentes con su esfuerzo, pagándolo en etapas siguientes, y es que el cuerpo tiene un límite que, sobrepasarlo, puede ocasionar problemas.

En carrera, si usas un pulsómetro, lo más recomendable es que no sobrepases de manera reiterada tu pulso correspondiente al umbral anaeróbico, que, recordemos, suele encontrarse entre el 85 y el 90 % de tu frecuencia cardíaca máxima. Si lo haces, producirás más fatiga muscular de la que puedes soportar, además de vaciar tus depósitos de glucógeno y correr el riesgo de tener una hipoglucemia o pájara si no repones fuerzas mediante la alimentación.

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