La tecnología MIPS representa un avance significativo en lo referente a seguridad y protección de la cabeza de los ciclistas. MIPS es una compañía situada en Folksam (Suecia), que nace de la investigación realizada desde 1997 en la Universidad Hospital Karoliska y en el Royal Institute of Technology de Estocolmo.

Años de investigación

Hans von Holst, un neurocirujano hastiado de operar a pacientes con daños cerebrales debido a traumatismos craneales, junto con Peter Halldin y un grupo de científicos afines, se propusieron investigar a fondo y tratar de comprender y reproducir lo que sucedía realmente en este tipo de accidentes y qué medidas de protección podían ayudar a minimizar los daños.

Después de investigar, concluyeron que el principal problema radicaba en que la mayoría de los cascos del mercado, por su diseño y confección, solo ofrecían protección ante impactos verticales, lo que chocaba de frente, nunca mejor dicho, con sus estudios que dictaminaban claramente que el principal causante de la mayoría de las lesiones cerebrales y cervicales más graves eran debidos a la fuerza rotacional que se experimentaba en los impactos laterales.

Replicando el cerebro humano

Sus esfuerzos se centraron en idear un sistema que replicara las propias funciones protectoras del cerebro e imitara el propio sistema de protección anatómico que tenemos los seres humanos en nuestra cabeza, donde es el fluido cerebroespinal que rodea el cerebro el encargado de amortiguar los golpes. Así nació la idea primigenia del sistema MIPS.

En 2001, convencidos de sus beneficios, se decidieron a implementar el sistema MIPS en el ámbito comercial. No se lanzó el primer producto hasta mediados de 2006 (un casco para montar a caballo), pero no fue hasta 2009 que la empresa sueca experimentó un gran crecimiento al lograr convencer de sus beneficios a las más prestigiosas marcas especializadas de cascos de nuestro sector, el ciclismo, pero también de otros sectores como el motociclismo o esquí, por citar un par más de ejemplos. Se empezaron a implementar el sistema de protección MIPS en los cascos de gama alta, pero hoy en día podemos encontrarlos en cascos de gama media e incluso en cascos infantiles.

Un mecanismo sencillo y pragmático

Como decíamos en las primeras líneas del artículo, logran idear una lámina de baja fricción que permite un medido movimiento entre la cabeza y el casco.

Un ejemplo para que os hagáis una idea. Según sus estudios, con tan solo 10 o 15 mm de movimiento durante un período de tiempo corto de 0,1-0,9 milisegundos se puede ayudar a absorber la violencia rotacional que tiene que absorber el cerebro. La membrana MIPS (Multidirectional Impact System) es capaz de rotar entre 10 y 20 milímetros en caso de impacto e imitar el movimiento de nuestra cabeza para minimizar las fuerzas laterales.

Los resultados en el banco de pruebas certifican que gracias a esta rotación es posible reducir la fuerza hasta un 40% en impactos laterales con un ángulo de 45 grados, es decir, los más frecuentes en las caídas de MTB.

Con MIPS logramos mantener protegidos los elementos más vulnerables de la cabeza y que son especialmente sensibles en las caídas: la nuca, la sien y la frente.

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