¿Tienen o no tienen sentido los salones  profesionales de ciclismo? Esta pregunta hace  ya tiempo que se pone sobra la mesa de las juntas directivas de las principales marcas de  ciclismo en España y en el mundo, sobre todo cuando no es nada barato ni el desplazamiento  ni la exposición y cuando el tiempo que nos ha  tocado vivir ofrece otras opciones y va mucho más deprisa. Una realidad que no es exclusiva  del sector del ciclismo, sino que es común en la mayoría de los deportes. Son muchos los salones deportivos que han ido envejeciendo con el paso de los años, incapaces de encontrar el elixir de la juventud, por más que han variado su propuesta, mirando de adaptarse a la realidad actual y de atraer a un público nuevo.

Eurobike, el pulso del sector
Cuando dos marcas referentes como Specialized  y Trek anuncian su no presencia en un salón al que acudían hasta la fecha con regularidad, los máximos responsables del salón en cuestión tienen que sentarse a reflexionar, que es lo que ha ocurrido en Eurobike, adonde tampoco se van a desplazar cuatro de las empresas más importantes dentro del negocio del ciclismo en España: Catlike, Mondraker, Orbea y Spiuk. Las razones aducidas son varias, como el mayor o menor interés por el mercado alemán, el no acabar de convencer el nuevo modelo de Eurobike, con dos días finales pensados para el gran público, el preferir trabajar directamente con sus distribuidores locales, apostar por tener presencia en otro tipo de eventos y, en definitiva, en reforzar más su Departamento de Marketing y las políticas de este.

Pero ¿cuál es la actividad de un salón, en este caso de ciclismo? La respuesta varía en función de si se trata de un salón principalmente profesional o si es abierto al consumidor final, al público. Básicamente lo que hace una marca es disfrutar de un espacio, cuyos metros cuadrados van en función del presupuesto de que dispone, y de mostrar sus creaciones. Las muestra a la prensa especializada de todo el mundo que acude al salón en cuestión y la muestra a los principales clientes de su país –distribuidores y tiendas– que se desplazan hasta el salón ya que tienen la oportunidad de ver buena parte de la colección, por no decir toda, y poder realizar las programaciones pertinentes; además de estar expuestos a nuevos mercados, gracias a agentes o distribuidores que quieran llevar una nueva marca o referencia a su país. Este modelo lleva funcionando toda la vida, pero es cierto que hace ya tiempo que presenta síntomas de flaqueza, aunque los responsables de los diferentes salones se las han ido ingeniando para seguir aguantando el tipo, cuando además cada vez se muestran las colecciones con mayor adelanto a distribuidores y prensa especializada como Solo Bici. De ahí que sean muchos los que se planteen, pero ¿vale la pena el esfuerzo humano y económico que representa un salón profesional?

El termómetro nacional
España ha sido un buen ejemplo de las idas y las venidas de los salones, donde varias buenas iniciativas, que parecían que iban a triunfar, se han quedado por el camino. Unibike celebró en septiembre su tercera edición sacando músculo, pero no puede decirse lo mismo de Bibe –que empezó con mucha fuerza y que ya ha pasado a ser bianual–, o de la iniciativa que quería aunar ciclismo y turismo, como Bici&Go!, del que no ha llegado a celebrarse ni la primera edición. Y es que Barcelona ciudad no es una plaza fácil de torear para nadie. Varios ejemplos acreditan estas palabras, desde el desaparecido Nivalia –salón de los deportes de invierno que fue todo un referente, que no supo ponerse al día y que acabó desapareciendo– hasta el emergente Bike&Show, que contaba con todo lo necesario para seducir a las marcas y a los aficionados y, que tras un par de ediciones, pasó a mejor vida.

Da la sensación, pues, de que el modelo de los salones profesionales se halla en la cuerda floja, mirando de adaptarse a la era digital y a la época actual, así como a la propuesta alternativa de los salones activos, como pueda ser el Roc d’Azur en Francia, todo un referente, centrado solo en el mountain bike, o el nuevo Sant Andreu Festival de Solo Bici, una plataforma que ha convencido a las marcas para mostrar sus novedades y que ofrecerá a los aficionados la exclusiva de poder ver, tocar y probar los nuevos modelos de sus marcas favoritas. Una ocasión única.

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