A punto de acabar el año, Tom Dumoulin ha sido protagonista en una entrevista concedida al diario De Telegraaf en los Países Bajos. El holandés, segundo en Giro y Tour en este 2018, se encuentra preparando una nueva temporada en la que de primeras su objetivo volverá a ser la Corsa Rosa, mejor para él por sus dotes como contrarrelojista.

Pero ante todo, Dumoulin reflexiona sobre los cambios que se han producido en su vida y, lo más importante, en su mentalidad a la hora de afrontar su situación como ciclista. Como corredor de gran nivel que aspira a lo máximo en cada carrera a la que va. Algo que, asegura, no digirió bien desde un primer momento: «Fueron muchos cambios y los humanos no estamos diseñados para convivir con algunas cosas», explica.

La ‘Mariposa de Maastricht’ se define como un corredor «perfeccionista» que en un momento perdió el control sobre cosas importantes: «El mundo va muy rápido, mucho más que hace 50 años. Y no estaba preparado para esto. Perdí el control de muchas situaciones en mi vida privada y eso hacía que quisiera tener aún más control en la bici. Me lo tomaba de forma muy extrema. No supe llevarlo bien», dice.

Cuando se cayó antes de la Tirreno-Adriatico vivió un punto de inflexión. Decidió entrenar con Bram Tankink y Laurens Ten Dam «para divertirme», pues al fin y al cabo fue como empezó en este deporte. Y echaba de menos ese punto extra que da la diversión: «No me convertí en ciclista por la fama o el dinero. Lo hice porque empecé con la bici y me gustaba. Ahora acepto mejor mi posición como ciclista, pero no descuido lo importante que es la diversión».

Sobre su temporada, se muestra más orgulloso de su segunda plaza en el Giro que en la del Tour, ya que fue «inesperada» por venir de una primera gran vuelta: «Es difícil mantenerse centrado para dos grandes vueltas. Estoy más orgulloso de la del Tour, sobre todo porque me vi muy bien en los Alpes. Pude escalar con los mejores, y eso es porque soy un año más mayor y más fuerte, y también porque estoy entrenando más la subida».

Finalmente, Dumoulin hace una última reflexión: «Soy un ciclista, no un recluso. He aprendido que todo debe estar en equilibrio», concluye.

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