Una leyenda muy razonable

Casi todo lo que suena a legendario, a culto, suena también a exclusivo y a precios fuera del alcance de los mortales. Sin embargo, éste no es el caso de Tomac y, por ejemplo, su modelo Flint. Una 29er de aluminio que cuenta con infinidad de buenos detalles, toda la leyenda que encierra el nombre de Tomac y un precio más que razonable.

En el ya indiscutible proceso de implantación en el mercado de las bicis de 29’’, todos los fabricantes están luchando por posicionarse en este joven segmento de bicicletas. Lo hacen como es lógico en las distintas franjas de calidad y precio, conscientes de que no todo el mundo se gasta 4.000 euros en una bici.

En ese sentido, Tomac ha optado por un posicionamiento más que inteligente. Si bien no poseen la capacidad de abordar una gama de 29ers tan amplia como los fabricantes líderes de ámbito mundial, han orientado sus esfuerzos a ofrecer un modelo de gama media, mucho más accesible a los usuarios y con unos niveles de calidad realmente excelentes. Con ello dan acceso a un cuadro realmente valioso.

La clave

A partir de la aleación An-6 se construye un cuadro como éste, con un peso ciertamente moderado, 1.452 g y un precio muy atractivo de 550 euros. Por este dinero, el usuario de un Tomac Flint no tendrá un cuadro básico ni convencional. Además de un peso y el precio razonable, aporta la posibilidad de ser usado con ruedas 29’’, pero también de 27’’ e incluso con transmisión singlespeed. El truco de todo ello se encuentra en la caja de pedalier, exclusiva de esta bici y que es excéntrica. En Tomac, la denominan Bushnell Eccentric y permite variar al gusto de cada uno la ubicación del eje de pedalier. Por ese motivo, es posible configurar el cuadro para dos tamaños diferentes de rueda, colocando el eje en la parte más baja para adaptarse al diámetro de rueda más grande, el de 29’’, en el punto más alto para 27’’ o regulando el avance o retroceso del pedalier para singlespeed o transmisión convencional.

Continuando con los detalles del Flint, hay que destacar el buen trabajo de soldadura que muestra en las uniones de todos los tubos, un detalle que el mero hecho de comprobar nos parece ya bastante inusual, cuando la mayoría de las bicis de gama media ya son de carbono. La unión entre el tubo horizontal y la pipa de dirección está notablemente reforzada. Otros acabados como la pintura, la terminación de las punteras o incluso los adhesivos son de muy buena calidad, demostrando que a pesar de no ser un cuadro de gama alta, el Flint está concebido con especial mimo y cuidado.

Equilibrio

Aunque la mayoría de las unidades de Flint que vende el distribuidor exclusivo de Tomac en nuestro país, Alpcross, son cuadros sueltos, algunas se comercializan bajo programación y con equipamientos como el que puedes ver en la que fue nuestra unidad de pruebas. Se trata de un equipamiento realmente equilibrado, con una transmisión Shimano XT casi íntegra a la que sólo le faltan los pulsadores, que son unos SLX. A nuestro entender, en el conjunto del equipamiento brilla con luz propia la horquilla FOX F32 a la que sólo añadiríamos un bloqueo remoto para que rozase la perfección en una bici, no olvidemos, de apenas 2.000 euros. Echamos en falta, sin embargo, una combinación de doble plato con desarrollos adaptados para poder mover con más alegría las ruedas de 29’’ en las aceleraciones. Además de la simplificación que suponen los dos platos, moviendo menos la cadena de sitio y reduciendo el número de clics que hacemos sobre los pulsadores. Habríamos preferido en este sentido un desarrollo 39×26 ó 38×24 que hubiera proporcionado más agilidad en el uso de esta bicicleta. De todos modos, la opción del triple plato que tiene esta Tomac acaba siendo también la más versátil de todas, al poseer mayor abanico disponible de relaciones plato-piñón. Las ruedas son rígidas con 32 radios, pero algo pesadas. Se muestran muy efectivas, rodando con suavidad y precisión en curva.

Geometría perfecta

Cada vez es más difícil ver bicis de estas características con geometrías inadecuadas, algo que, sin embargo, era más frecuente poco tiempo atrás. Tomac ha tomado buena nota de las necesidades que genera llevar unas ruedas más grandes y ha creado una geometría muy interesante que incrementa todavía más la calidad de esta bicicleta para el usuario final. Tiene vainas correctas, de casi 450 mm, pero una pipa de dirección de 100 mm, de las más bajas en bicis de 29’’, y que proporciona una sensación de estar cerca del suelo especialmente interesante y beneficiosa de cara a conseguir una bici dinámica y estable.

A pesar de ser una 29er, la Flint es, por geometría, muy manejable. Se siente relativamente ágil, con la brusquedad característica de un cuadro de aluminio en cuanto a vibraciones, aunque algo mitigadas gracias a tener las ruedas más grandes y pasar mejor por zonas accidentadas.

¿Quieres más? Pues por este precio lo tienes complicado, porque Tomac te ofrece 29’’ con una geometría inmejorable, un cuadro realmente particular y un precio más que ajustado.

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