Hay personas que tienen una extraña habilidad, y Toni Monterde es una de ellos. A su lado pasan infinidad de deportistas al aire libre y él, gracias a sus conocimientos y medios técnicos, es capaz de decirles el tiempo invertido.

Una virtud que hoy, con los medios tecnológicos que existen, puede parecer sencilla, pero que tiempo ha, cuando este hombre de mirada serena y hablar pausado y un servidor empezamos a conocernos, se realizaban solo dos cronómetros manuales.

A sus 61 años, Toni, el hombre que tiene la virtud de detener el tiempo en Berga, siempre había sentido curiosidad por el cronometraje, una profesión que no está reconocida en España. Hoy porque en el DNI ya no figura, pero si hubiéramos tenido en la mano el de Toni hace años, veríamos que tras la palabra profesión ponía impresor, que era su tarea profesional hasta que vio que podía vivir de tomar el tiempo.

Viajamos a 1990, cuando se apuntó a un curso de cronometrador y en pocos meses ya ejercía. Poco a poco se fue introduciendo en el mundillo, que le permitía tener como oficina la naturaleza. Hoy lo podemos ver en las carreras de esquí, en las de trail running o en las de MTB.

Los más pretéritos lo recordaremos en las Maxxis Cup o en la Copa del Mundo de Vigo de 2005. Siempre ha estado al servicio del mountain bike, especialmente del descenso. Desde el 2000 solo se ha perdido un Campeonato de España.

Autodidacta, en su trabajo no se puede fallar. Imaginaos que llega un corredor a meta y le dice: “Podrías volver a bajar, el crono no iba”. Impensable. Un estrés que no todos soportarían, pero con el que Toni está acostumbrado a lidiar.

Por si acaso, él hace la carrera en casa antes de la competición. “Tienes que tenerlo todo preparado y un plan B estudiado. Siempre llevo el doble de material. Hay que ser rápido reaccionando. El material tiene que estar perfecto”.

En su rostro se dibuja la experiencia, la que no le impide sentir un gusanillo cuando trabaja en su oficina en la naturaleza, haga sol, frío, nieve, llueva o sople mucho el viento. “Se sufre mucho. Tienes la presión del directo. Hay un montón de gente pendiente de ti, y si fallas, no hay clasificación. Tiene que haber presión; si no, el día que me relaje la cagaré”.

Un trabajo atípico, que le obliga a trabajar muchísimos fines de semana, y que le permite vivir “decentemente, aunque no te harás rico”. Bueno, hasta en eso coincidimos. Como periodista vivo, y no me quejo después de luchar mucho, pero lo que se dice rico, rico…

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Texto: Celes Piedrabuena

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