El Tour de Francia sigue experimentando con las etapas cortas y probando teclas en el recorrido para la edición 2018 que se ha presentado esta mañana en París. Realmente, el trazado del próximo año viene a ser, digamos, un paso más en la senda abierta en la edición de este 2017 que ya se marcha. Una carrera que combina puertos míticos con otros inéditos y quita protagonismo a las etapas de fondo para reforzar las jornadas cortas y explosivas, convencidos como están de que la fórmula ha funcionado.

También es un Tour que mantiene la poca contrarreloj de la pasada edición. En realidad, la disciplina aumenta: 66 kilómetros frente a los 35 de este año, pero más de la mitad van a ser por equipos. La única crono individual será por el País Vasco francés en la penúltima etapa, ni más ni menos. Serán 31 kilómetros durísimos, con un sube y baja constante y un repecho muy exigente al estilo del que pudimos ver el año pasado en Marsella.

Mur de Bretagne y Roubaix

 

Tras salir del Paso de Gois y pasar en la tercera etapa por la CRE de 35 kilómetros en Cholet, en la región del Loira, el siguiente día de orejas tiesas será la sexta jornada con final en el Mur de Bretagne que ya se subió en 2011 y 2015, con victorias de Cadel Evans y Alexis Vuillermoz respectivamente. Pero el verdadero plato fuerte de la primera semana no será ni la crono colectiva ni tampoco el muro que podría abrir huecos de unos segundos.

La crono final

No. La verdadera piedra de toque de este Tour en la primera semana es Roubaix. La ciudad del Infierno del Norte, reproducido en versión veraniega con una etapa de adoquines que puede montar una escabechina tremenda en el pelotón. Para empezar, es una jornada corta de apenas 154 kilómetros con 21,7 de tramo adoquinado. Y luego, los sectores son de los más duros que se pasan en la París-Roubaix: Mons-en-Pévèle y Carrefour de L’arbre entre ellos. Como llueva, se pueden hacer más diferencias ahí que en los puertos.

Puertos míticos

Los Alpes llegarán en la segunda semana, mientras que los Pirineos quedan para la tercera. Y ahí el Tour ha hecho la combinación, ya casi típica, de los últimos años: etapas largas y otras muy cortas. Incluso demasiado. Por poner un ejemplo, la etapa más señera de los Alpes va a ser la que tiene el final en Alpe D’Huez con la Madeleine y la Croix de Fer en el trazado. Serán 175 kilómetros y la etapa 12. Antes habrá un final en Le Gran Bornard y otro, inédito, que comentaremos más abajo.

Tras pasar por Mende el sábado 21 en la etapa 14, la tercera semana será terreno de Pirineos. El primer contacto será en Bagnères de Luchon con Portet D’Aspet, Col de Menté y el Portillon antes de bajar. Y la última etapa con salida en Lourdes y final en Laruns es una burrada: Col D’Aspin, Tourmalet por La Mongie y el Aubisque por Soulor para más de 4.700 metros de desnivel en 200 kilómetros. Ahí acabará la montaña. Después, la contrarreloj individual de 31 kilómetros –algo más larga que la de Marsella de este año- y para París.

Puertos inéditos

Eso en lo que se refiere a nombres míticos, que no falta casi ni uno más allá del Galibier –se subió este año- o La Bonnette. Pero este año el Tour también se ha propuesto descubrir rincones hasta ahora inexplorados. Por ejemplo, el día de le Gran Bornard entra en el menú el Plateau de Glières, con seis kilómetros al 11% de media y la parte final sin asfaltar. Y la etapa 11 tiene directamente un final en alto nuevo: sólo 108 kilómetros –la fórmula de las etapas cortas-, pero sin un descanso con final en La Rosière: casi 18 kilómetros al 5,8% de media, con Roselend por delante.

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El inédito Col de Portet da fin a una etapa de 65 kilómetros

Y ya el summum de esta apuesta por las etapas explosivas se dará en los Pirineos. Miércoles 25 de julio. Etapa 17. Bagnères de Luchon – Saint Lary Soulan por el Col de Portet, con un recorrido de… ¡65 kilómetros! Etapa cortísima de dos horas de esfuerzo en la que se irá a fuego. Se suben, seguidos, Peyresourde, Val Louron-Azet y el puerto final, también inédito, con 16 kilómetros al 8,7% de media. Todo eso teniendo en cuenta que todavía faltará una etapa con final en Pau, la durísima jornada de Laruns y la crono final. Lo dicho: una vuelta de tuerca más que beneficia a Bardet y a Quintana, a la que Froome se adaptará como siempre y sobre la que Tom Dumoulin aún no se ha pronunciado.

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