Mallorca es mundialmente célebre por sus exclusivas calas, sus melosos inviernos, su sobrasada, sus ensaimadas y, cómo no, por sus veraneantes ilustres. Pero a partir de ahora también lo será por su red de endiablados caminos. Tracks de Mallorca los aúna creando una ruta que descubre lo mejor de la isla y te ayuda a identificar el biker que hay dentro de ti. ¿Estás preparado para este doble reto?

¿Te gusta el mountain bike? ¿Sí? ¿Seguro? Genial. Entonces, sigue leyendo porque esto te interesará. Se trata de la crónica de un viaje relámpago a Mallorca para catar, de principio a fin, el recorrido de la nueva ruta Tracks de Mallorca. Hasta allí viajamos, unos en barco, otros en avión, con nuestras bicis, nuestros GPS, los ojos bien abiertos y el cuaderno de notas. Al examen se presentaba la nueva ruta de la red Tracks, la legendaria saga iniciada con Tracks del Diable. El objetivo: disfrutar de la zona más montañosa y agreste de la isla en mountain bike.

Esta vez no íbamos a pedalear solos. Jordi Salarich, conocido ya como Mr. Diablo en los círculos bikers, acudió también para comprobar el itinerario, sufriéndolo en sus propias carnes, además de darnos unas cuantas lecciones de equilibrio sobre la bici y contarnos varias toneladas de chistes. ¿El resultado? Cuatro jornadas de puro mountain bike y unas insoportables agujetas en el abdomen, de tanto reír. ¿Y la ruta? Inmejorable.

Aislados en tierra firme

Etapa 1: Palma- Santuario de Lluc
58 km/1.200 m+/800 m-

En Palma nos recibe Félix García, alma máter de Tracks de Mallorca, quien nos endulza el briefing inicial a base de riquísimas ensaimadas. La etapa de hoy arranca en el centro deportivo Megasport, donde Félix nos da una completa explicación sobre cómo será la travesía y nos entrega el forfait con las reservas de los alojamientos.

Aquí mismo están los vestuarios para cambiarse y el último día, concluida la travesía, el forfait incluye la entrada a la zona de spa del centro. ¿Alguna duda? Pues no. Sólo resta decidir si salimos en culotte largo o culotte corto, y empezar a disfrutar.

Welcome to Mallorca

El día es 100 % primaveral. Ni guantes hacen falta, aunque por si acaso, nos llevamos un cortavientos, pues la etapa acaba en alto. La idea es avanzar muy rápido y llegar hasta el extremo oriental de la sierra de Tramuntana para, en los días siguientes, recorrerla de vuelta por sus mejores caminos y sendas.

Abandonamos Palma empujados por las ganas de alcanzar la sierra, pedaleando raudos y felices por pistas de fino firme y alguna que otra carreterilla solitaria. A medio camino nos cruzamos con un cometa multicolor –esto sí es velocidad– capitaneado por José Antonio Hermida –“¿seguro que era él?”, “¡claro que era él!”–, que está en Mallorca con motivo de la presentación del nuevo equipo Multivan-Merida.

Tras un par de horas de pedaleo contemplativo –nos encanta observar a los corderillos paciendo– nos encontramos en Caimari, ya a los pies de las montañas, almorzando unos bocadillos antes de iniciar el tramo más exigente de la jornada, que nos ha de elevar hasta el Santuario de Lluc.

El viejo camino nos emplaza en la espectacular Sa Bretxa Nova y el legendario Salt de la Bella Dona, desde donde avistamos lo que parece ser la Bahía de Alcudia. El trazado es absorbente y, a la vez, gratamente tortuoso, aunque totalmente ciclable. La llanura ha quedado definitivamente atrás.

Sobre el pulido empedrado de este histórico camino es fácil imaginar el paso de miles y miles de peregrinos de todas las épocas. Poco a poco nos adentramos más y más en el bosque sagrado –el topónimo de Lluc procede del vocablo latino Lucus, que significa ‘bosque sagrado’–, y completamos la etapa atravesando un laberinto cubierto de viejas encinas y rocas gigantescas que parecen fortalezas imaginarias, talladas por la acción erosiva del agua.

En estos rincones mágicos y remotos, los habitantes prehistóricos de estas tierras enterraban a sus muertos. Abstraídos por la belleza natural de los alrededores del santuario, pedaleamos cada vez más lentos, retrasando voluntariamente nuestra llegada hasta apurar las últimas luces. Entre sus muros nos aguarda el silencio de una celda monástica con todas las comodidades –bañera, calefacción, TV, etc.–, además de una amigable velada con todo el equipo de bikers que han hecho posible esta nueva aventura.

Ilusión que mueve montañas

Quien haya pedaleado por la sierra de Tramuntana sabrá que diseñar una ruta para mountain bike de más de 200 km no es misión fácil. “Eso era precisamente lo que más me atraía: que todo el mundo decía que era imposible”, confiesa Félix frente a un plato de sopa humeante. El primer obstáculo era la particular orografía de la mayor sierra de Mallorca, rocosa, agreste, surcada por profundos barrancos y acotada por verticales acantilados. El siguiente obstáculo, y seguramente el más difícil de sortear, era la paradójica realidad de que el 90 % de la sierra de Tramuntana es de titularidad privada, por lo que sólo unas pocas sendas son de uso público. Ceñirse a ellas era una dificultad añadida, pero está claro que a nuestros amigos, acostumbrados a hacer el cabra por estos andurriales, les atraen los retos.

“Desde el primer momento tuve clarísimo que sólo sería incapaz de hacer algo así, por lo que Andrés Aznar, Vicenç Planas y Miquel Vadell –alias Mapes– han sido indispensables en este proyecto”, reconoce Félix, que pese a haber estado ya en dos Transpyr, una Cape Epic, una Rally di Sardegna, varias Titan Desert y otras tantas Andalucía Bike Race, llegó al mundo del mountain bike hace, según él, no tantos años como le gustaría.

El equipo trabajó a destajo durante meses estudiando mapas, dándole vueltas y más vueltas al track, sacando partido a años y años de salidas beteteras, valorando si era preferible ir de este a oeste o de oeste a este. Al final, el mareo estaba justificado, pero las piezas del puzzle encajaron por fin y el resultado definitivo de tanta ilusión y cooperación es el track que ahora tenemos cargado en nuestros GPS.

Caminos cabríos

Etapa 2: Santuario de Lluc-Deià
45 km/1.200 m+/1.400 m-

A la mañana siguiente, tras el desayuno, abandonamos el Santuario de Lluc por el viejo camino empedrado. Las durísimas rampas se suceden, resbaladizas, humillando nuestros cuerpos todavía medio dormidos, sin rastro de compasión. Por suerte, la penitencia acaba enseguida y, en realidad, apenas echamos los pies a tierra unas cuantas veces. Minutos después rodamos felices por una panorámica carretera que avanza en suave descenso entre grandes paredes, con el mar de fondo, que asoma tras un inmenso roquedal recién importado desde la misma Luna.

La carretera nos alza hasta los embalses de Gorg Blau y Cúber, donde dejamos el asfalto por un camino que llanea a orillas del pantano. Poco más allá, abandonamos la cómoda pista que sube por la izquierda –la que nos indica el track original– para enfilar una senda más escabrosa, marcada como GR-221, que conduce al mismo collado.

Al llegar arriba, tras recuperar el resuello, todos votamos por incluir el sendero en el track final de la ruta. “Creo que éste es el espíritu de las rutas de Tracks”, valora Jordi. “Si hay sendero, por el sendero”.

Escalera celestial

A casi 900 metros de altura, el viento es condenadamente frío y las nubes vuelan a toda prisa. Tras el Coll de l’Ofre, encaramos el esperado descenso del barranco de Biniaraix. La pista se va por la izquierda, zigzagueante, pero nosotros volvemos a optar por el GR, que resuelve los primeros compases del descenso por la directa, dibujando un poderoso sendero antes de mostrarnos el perfecto empedrado que nos va a llevar prácticamente hasta Biniaraix.

El camino es un regalo para los sentidos. Con la requerida prudencia, bajamos parando a disfrutar de las espectaculares vistas, a hacer fotos y a echar algún que otro pie en los virajes más cerrados. El descenso no es difícil, pero demanda contener la velocidad, pues los acantilados no perdonan errores. La entrada a Sóller es de libro, por una calle estrechísima que nos lleva hacia el centro de la población, donde ya tenemos marcada con un waypoint la panadería Es Pa Pagès, situada junto a la iglesia, de otras veces que hemos venido a pedalear por la isla.

Después de recuperar fuerzas con las típicas empanadillas y cocas de la tierra, el track nos lleva por caminos vecinales hasta el puerto de Sóller, aunque nosotros volvemos a hacer de las nuestras, al optar por un breve tramo de GR para la bajada final. Tras desfilar por el paseo marítimo y ver cómo entran los barcos de pesca en la bahía, reemprendemos la marcha. El resto de la etapa nos reserva una jugosa combinación de caminos y sendas exigentes, tanto de subida como de bajada, que nos llevan de subidón en subidón, siempre cerca del mar y sobre inmensos acantilados. Con el sol ya cerca del horizonte, alcanzamos el camino que baja a la formidable Cala de Deià. Una pena estar en febrero. Si no, nos bañábamos.

Enrocados

Etapa 3: Deià-S’Arracó
65 km/1.850 m+/2.000 m-

La tercera etapa es la jornada reina de la travesía. Es la más larga y la que tiene más desniveles. De buena mañana, echamos un vistazo al GPS y contamos con un buen puñado de tramos de senda. Algunas ya las conocemos, otras todavía no, pero nos han dicho que la mayoría son de las que dejan huella. Así es Mallorca. Así lo ha sido siempre y así debería seguir siéndolo. Cañera.

La intrincada red de caminos que recorre la sierra de Tramuntana ha sido tema literario desde mucho antes de la aparición de las bicicletas de ruedas gordas. En Un invierno en Mallorca, a George Sand –en realidad se llamaba Amandine Aurore Lucile Dupin y pasó el invierno de 1838 en Valdemossa con el compositor Fryderyk Chopin–, los caminos mallorquines le parecieron “muy agradables”, aunque “sólo a la vista”. Otro cronista y viajero, en este caso el catalán Joan Cortada, autor de Viaje a la isla de Mallorca en el estío de 1845, aún fue más lejos en sus críticas: “No hay cristiano que pueda andar por las sendas, que no caminos, que conducen de uno a otro punto… ¡O tú, lector que aciertas a ver este diario!, si te diese la tentación de visitar la isla, piénsalo bien antes de ejecutarlo, porque si te arrepientes de haber comenzado será muy a costa de tus huesos y de tu estómago”.

Lejos de amedrentarnos, sus palabras aumentan nuestra curiosidad y nuestra hambre de roca.

Petrificados en acción

Partimos con el estómago rebosante de nutrientes de la golosa despensa del colmado del pueblo, del ciclista del Lotto Belisol Vicente Reynés, natural de Deià. El sol brilla por su ausencia, pero el viento hace pensar que, temprano o tarde, abrirá.

Las nubes nos observan desde lo alto, primero subiendo a la Ermita de la Santíssima Trinitat, fundada en 1648, en la que todavía se practica la vida eremítica, que ha sido tradición en estas costas desde el siglo XIII. Las vistas son de escándalo, pero toca bajar y seguir pedaleando hasta el Mirador des Coloma, donde dejamos el asfalto y tomamos una senda recién recuperada cubierta de musgo resplandeciente.

Más adelante nos espera otro mirador, también muy bien ventilado, y dos sectores de apetitosa senda trialera de nada menos que 1 y 2 km respectivamente. Bajando por Son Valentí, vamos hasta el Port des Canonge por estas trialeras conocidas localmente como Branson y mini Branson, en referencia a Richard Branson, el magnate de Virgin, que por lo visto posee media isla.

Tras ver de cerca el rugiente oleaje, remontamos una nueva cuesta por el bosque, que crece desde la recortada costa y se eleva hacia unas enormes paredes de roca que desde aquí parecen inaccesibles. Minutos después rodamos por un agradable camino que faldea a los pies de estos muros, prácticamente hasta Banyalbufar. Allí nos esperan Félix y Andrés con sus bicis, dos auténticas joyas ultraligeras de doble suspensión (la de Félix, con un solo plato).

Con ellos haremos el resto de la etapa, pero antes de afrontar el duro costalón hacia Planícia, llenamos la panza con un bocata de sobrasada y queso, y un pastel de chocolate. Caminos, sendas, subidas, bajadas… Tenemos la sensación de llevar horas en una montaña rusa que se reinventa en cada vuelta. Jamás se repite. Y parece no tener fin.

Surcos silenciosos

Nos acercamos a Estellencs rodando por una senda limpia y mullida, absolutamente onírica, fluyendo por el interior del bosque, enlazando breves toboganes, rodando en fila de a uno, disfrutando del silencio, apartados del mundo, hasta que suena el omnipresente móvil de Jordi. “Alguien que quiere apuntarse a la ruta”, bromeamos.

Una bajada más por el GR-221, otro repecho y cruzamos Estellencs, un bello pueblecito más, como la mayoría de los que hay en la costa norte de la isla. El track nos indica la salida por otro camino y durante los próximos kilómetros alternamos sectores de sendas con algunos enlaces por la carretera, hasta conquistar el Coll de Sa Gramola, donde Miquel se une al grupo con tal de compartir un rato de pedaleo.

A partir de aquí entramos en una zona completamente distinta a lo que hemos visto hasta ahora. En Ses Basses nos aguarda un paisaje yermo, completamente desierto, y un sol inmenso a punto de ocultarse que tiñe el cielo de rojo mientras disfrutamos de los últimos tramos de descenso. Sin duda, una jornada memorable que termina con unas cervezas en el Port d’Andratx. ¿Se puede pedir algo más?

Ensaimadas de finisher

Etapa 4: S’Arracó-Palma
41 km/850 m+/900 m-

“La cuarta etapa es fácil”, asegura Félix. “Nos vemos en Palma a la hora de comer”. Caminos fáciles, pistas rodadoras, algunos singletracks y diversas carreterillas tranquilas, de esas que enamoran a los 80.000 ciclistas de carretera que visitan Mallorca cada año, nos llevan hacia Andratx, Es Capdellà y Calvià.

La última ascensión, la más larga, nos apuntala en lo más alto de la sierra de Na Burguesa, desde donde admiramos toda la bahía de Palma. A nuestras espaldas quedan las últimas estribaciones de la sierra de Tramuntana, con sus cabezales rocosos sobresaliendo de frondosas masas verdes. Visto desde aquí, el conjunto parece una fortaleza inexpugnable y, sin embargo, a través de ella hemos disfrutado de un recorrido increíble, lleno de sorpresas, cambios en el paisaje y momentos irrepetibles.

Son casi las dos. Es hora de bajar hacia la civilización. Al final del track nos aguardan los creadores de la ruta con los maillots de finisher y un menú de pecado mortal en Cal Dimoni, en honor a Jordi Mr. Diablo y la cocina tradicional mallorquina. Horas después, en Palma, en la histórica chocolatería Can Joan de S’Aigo, fundada en el año 1700, mojamos una suculenta ensaimada en una taza de cacao. “Una ruta redonda. Mmmmm… ¿Repetimos?”.

Tracks de Mallorca

KILOMETRAJE: 209 km

ASCENSIÓN ACUMULADA: 5.100 m+

ITINERARIO CIRCULAR: Palma-Lloseta-Caimari-Santuario de Lluc-Pantano de Cúber-Biniaraix-Sóller-Deià-Banyalbufar-Estellencs-S’Arracó-Andratx-Es Capdellà-Calvià-Palma.

ORIENTACIÓN: La organización facilita los tracks para GPS a todos los inscritos y dispone de receptores de alquiler.

AGRADECIMIENTOS: Club Deportivo Megasport y Hotel BQ Augusta (Palma).

INFORMACIÓN Y RESERVAS: Tel. 657 51 81 91.

www.tracksdemallorca.com, info@sherpatour.com

11 preguntas con respuesta

FILOSOFÍA TRACKS: Tracks de Mallorca forma parte de la red de rutas Tracks, al igual que Tracks del Diable, Tracks dels Volcans, Tracks del Penedès y Tracks de Bandoler. La ruta se adapta a tus vacaciones. Tú eliges las fechas y el número de etapas. Ellos se encargan de todo lo demás: reservas en los alojamientos, transporte de equipajes, etc.

POR ETAPAS: Nos pareció ideal la fórmula de 4 días. El primero y el cuarto son más rodadores, por lo que se puede incluir el trayecto de ida y vuelta en avión en esas etapas. La segunda y tercera etapa son técnicas y exigentes.

ÉPOCA IDEAL: Se puede hacer todo el año, pero primavera y otoño son ideales.

DIFICULTAD: Las etapas 1 y 4 son muy asequibles. La 3 y 4 tienen tramos especialmente indicados para los amigos de las trialeras.

TIPO DE TERRENO: La naturaleza de la isla es rocosa, pero el terreno varía cada día. Hay zonas técnicas de roca, pero también abundan los tramos de senderos mixtos por el interior de bosques, singletracks, etc. Los tramos de enlace por asfalto son breves y muy panorámicos.

CICLABILIDAD: La selección de los caminos y sendas se ha hecho de forma que toda la ruta es ciclable, a excepción de algunos puntos en los que la precaución y la habilidad de cada cual obligan a poner los pies en el suelo.

BICI IDEAL: El terreno invita a montar una doble suspensión. Nosotros fuimos muy bien con nuestras Trek Fuel EX 8 y Trek Lush SL. Jordi disfrutó de la inercia de su Olympia Bull con ruedas de 27,5 en las subidas y pistas, pero echó de menos las ventajas de una doble en los descensos contundentes.

EN AVIÓN: Ideal si se consigue una buena oferta (atención a los extras al facturar equipaje), pues se puede organizar cómodamente todo el viaje en 4 etapas. Enviar la bici con el yatelollevo.com de MRW cuesta 47 euros por trayecto, caja incluida. De la recepción y reenvío se ocupa Tracks de Mallorca.

EN BARCO: En ferry, la bici viaja gratis, pero el trayecto de ida suele ser nocturno y el de vuelta, diurno, lo que implica una noche extra en Palma.

FORFAIT: Existen dos opciones de forfait, el básico y el plus, que incluye los transfers desde y hasta el aeropuerto.

MAILLOT: Como en todas las rutas de Tracks, el forfait incluye maillot exclusivo para los finishers, además de diversos obsequios.


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