Para muchos, la mayoría, de los mountain bikers, nombres como Mont Sainte-Anne o Bromont nos trasladan directamente a la Copa del Mundo. Pero, amigos, cuando visitas lugares como estos con los guías adecuados, te das cuenta de que la Copa del Mundo no es nada. Nada. Sus montañas son inmensas, y su naturaleza supera las de todas las Copas del Mundo juntas. Naturaleza y senderos sin fin, inmensos, preciosos, magníficos… Pedalear por estos lugares es darte cuenta de la pura, la verdadera esencia del MTB, de lo que es el trail, el pedalear por la montaña.

Día 0, Montreal: Llegó el día. Después de recibir la invitación por parte de Orbea y SRAM, de la mano del embajador de ambas marcas Simon André, ex-corredor de descenso y enduro, y después de cerca de 9 horas de vuelo, llegamos a Montreal. Nos encontramos con los compañeros de viaje: Steph, Altino, Yohan, Simon y Rémy. Y empezamos el viaje muy tristes, porque un colega italiano, Simone, no pudo volar por no haber solicitado el visado. No podíamos empezar peor aunque por suerte, fue lo único negativo del viaje. Emprendemos la marcha, con maletas y bicis, hacia la primera parada: Oka, a unas 20 millas de Montreal. Estaremos un día pedaleando por la zona, esperando a que llegue el último integrante del equipo: Olivier, fotógrafo y periodista de Vojomag.com, revista referente en Francia y Bélgica. Después de una buena cena, nos disponemos a dormir en un albergue al estilo de “El Resplandor”, abierto solo para nosotros, junto a las montañas.

Día 1, Oka: El día empieza a las 5 de la mañana gracias (o desgracias) al jet lag. Es momento de aprovechar para repasar correos y adelantar trabajo después de un día entero de viaje. Cuando empieza a amanecer, bajamos al desayuno y Simon (Orbea) y Altino (SRAM) nos han montado las bicis. De lujo. Con la barriga llena, nos disponemos a disfrutar de nuestro primer día en Quebec, en una zona repleta de senderos, en Sentiers de l’Abbeye, y con unos desniveles de apenas 200 metros entre el punto más alto y el más bajo, gozamos de los senderos: Tomahawk, Resurrection, Pow Wow, G2… Saltos, peraltes, rocas…

Aquí es donde ya vemos que la semana que nos espera será algo muy especial. Tan especial que nos olvidamos comer nada hasta que llega la tarde y llega Olivier, justo antes de emprender la marcha de más de tres horas hasta Saint Raymond. En la furgo, es momento de comer algo como patatas fritas o snacks de carne seca, amenizado con cervezas, mientras Rémy conduce. Llegamos al hotel Le Roquemont, una antigua fábrica de cerveza donde todavía la fabrican (¡perfecto!). Ducha y cena. Tommy, el primer local del viaje y responsable de la gran cantidad de senderos de la zona, nos explica cómo serán nuestros dos siguientes días. Buena pinta…

Día 2, Saint Raymond: Después de un buen desayuno, montamos en las bicis y arrancamos. Antes, debemos pagar religiosamente 16 $ canadienses, que nos permitirán disfrutar de los senderos. Porque en la mayoría de los lugares donde se puede pedalear en Quebec, se debe pagar para ello. Enseguida te das cuenta de que todo está arreglado con pico y pala, y es que el crudo invierno que llega hasta los -30º lo destroza todo cada año. Es algo que si no fuese así, no se podría pedalear, y la adecuación lo hacen bikers sin ánimo de lucro. Se entiende y vale la pena, es así. Mañana y tarde disfrutamos de los dos sectores de la zona (norte y sur), muy distinta a la de Oka, pero con unos senderos igual o mejor preparados. Se nota que es una zona con mucha afluencia por lo limpios que están los senderos.

Día 3, sector Shanhannan: Avisados de que no pararemos a comer y será un día duro de pedaleo, desayunamos todo lo que nos ponen (que no es poco) y nos disponemos a esperar que llegue el que, según Simon, que conoce todos los lugares del viaje, será el mejor día por la espectacularidad de la zona. No es para menos. El Neilson Trail permanecerá en nuestra retina para siempre más. Más de una y dos imágenes se nos quedan grabadas para disfrutarlas justo antes de morir, en aquellos dos segundos que dicen que ves pasar imágenes de toda tu vida. Impresionante. La colorida vegetación en rojo, verde, amarillo, naranja, el río junto a nosotros en todo momento, zonas de northshore colocadas en rocas con musgo, todo húmedo… ¡El paraíso!

Más de cuatro horas de pedaleo orgásmico. Siempre en nuestra retina. Es verdad, nos alimentamos todo el día de barritas energéticas (allí no conocen los bocatas de chorizo…), pero ya lo firmábamos para el resto de nuestros días. Un espectáculo de la naturaleza en una ruta inmejorable.

Día 4, Sentiers du Moulin: Después de una copiosa cena la noche anterior en casa de Elise y Frederic –Simon la conoció a ella en el avión y nos invitó a cenar–, toca ir a la zona del Lac-Beauport, zona rica dada su cercanía a Montreal y su impresionante naturaleza. Por la mañana pedaleamos con los bikers locales, que la noche anterior nos limpiaron de hojas los caminos (tal como lo leéis), por una preciosa ruta por coloridos bosques. Y por la tarde… Les Sentiers du Moulin.

Infinidad de senderos señalizados (aquí también pagamos un forfait para disfrutar de la zona), tipo bikepark pero sin remonte. Y las bajadas no se quedaban cortas. Otro gran momento espectacular por su variedad y la calidad del terreno: largas e inclinadas losas de roca limpias de musgo justo para nuestras ruedas, raíces, saltos, cortados, zonas naturales… Otro día memorable. Tanto fue el disfrute, que apuramos hasta las ultimísimas luces del día, acabando en plena noche.

Día 5, Mont Sainte-Anne: Este era un día importante para todos dada la importancia del lugar. Y a la postre, nos serviría de grandísima lección. Resulta que un mítico emplazamiento como este nos mostró que hay montaña más allá de la Copa del Mundo. Con un trío de guías de la zona, con Frank The Tank al frente (corredor de las EWS y 3º en el Campeonato de Enduro de Canadá), nos enseñaron los caminos que ellos mismos han construido, con pico y pala. Con tal riqueza natural, encerrarse en los circuitos de la Copa del Mundo es encerrar a un conejo en una jaula teniendo un gran jardín. ¡Qué locura! No es de extrañar el nivel que tienen los locales viendo los senderos que tenían a 300 metros de casa. Maravilloso lugar, e imprescindible perderse intentando evitar rodar solo por lo más famoso. Muy curioso ver que lo más alto de la montaña tiene tan solo algo más de 800 metros de altura.

Día 6, 7 y 8, Bromont: Otra lección. Después de varias horas de viaje de Mont Sante-Anne a Bromont, pedaleamos el sexto y octavo día (el séptimo llovió y aprovechamos para ponernos al día de mails de trabajo). Igual que en el caso de MSA, en Bromont gozamos de una red de senderos en el lado opuesto de donde se han celebrado las Copas del Mundo. Mucho más natural, bosques espectaculares y senderos todavía mejores, si cabe. A ratos no tan técnicos como otros días, pero revirados con perfectos peraltes como ningún otro día.

Qué lástima que la vida sea tan corta y se pueda disfrutar de algo como este viaje a Quebec tan pocas veces (a no ser que vivas allí). Es un lugar espectacular. Es donde te das cuenta de la grandeza de la naturaleza. Es donde querríamos vivir los que leemos y trabajamos en esta revista, los que amamos las MTB porque nos acercan a la naturaleza. Porque hay pocos lugares donde te sientas tan integrado y disfrutes tanto de la bici como allí, tengas el nivel que tengas. Si eres amante de la naturaleza y del MTB, Quebec es tu lugar. Porque Canadá no es solo freeride y enduro, Whistler y las Copas del Mundo… Unos días con una bici trail en los lugares adecuados son mucho más, son inolvidables.

Texto: Dani Pérez / Fotos: Olivier Beart

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