La Vuelta no es la carrera más original, impredecible y espectacular aunque Javier Guillén diga lo contrario. Es la tercera grande del calendario: por historia, recorrido y participación está uno o dos escalones por debajo del Giro y el Tour. Es cierto que la ronda española cuenta desde hace unos años con su propia identidad. Y uno de esos rasgos identificativos es el color del maillot que distingue al primer clasificado. En la 74ª edición se cumple una década de la roja en la Vuelta.

Unipublic, empresa que dirige Guillén y organiza la carrera desde el año 79, forma parte de ASO desde que el grupo francés compró el total de sus acciones en el 14. Cinco años antes se hizo con el 49% y, una de sus primeras medidas, fue apostar por el rojo para el maillot del líder a partir del 10 y así diferenciarse del amarillo Tour. El primero que llegó de rojo a Madrid fue Vincenzo Nibali, logrando así la primera de sus cuatro grandes.

No fue una Vuelta dominada por el Tiburón. Ni mucho menos. Antes que el italiano vistieron la roja Mark Cavendish, Philippe Gilbert e Igor Antón. El escalador vasco parecía en el mejor momento de su carrera y era el gran favorito hasta que se cayó camino de Peña Cabarga. Nibali heredó el liderato, pero lo perdió dos días después en favor de Joaquim Rodríguez. El hundimiento del catalán en la contrarreloj de Peñafiel y la defensa del ganador ante el ataque de Ezequiel Mosquera en la Bola del Mundo son otras imágenes de aquella Vuelta.

El gallego fue desposeído de aquel triunfo en la cima de la sierra de Guadarrama y de su segundo puesto en la general por un positivo nunca demostrado. Tampoco figura como vencedor Juanjo Cobo por los valores anómalos de su pasaporte biológico, pero en el 11 fue el gran protagonista. El Bisonte puso en jaque al entonces incipiente Sky, con Bradley Wiggins a la cabeza, y dio un vuelco a la general en el Angliru. De rojo, aguantó los ataques de Chris Froome en Peña Cabarga y Bilbao para subirse a lo más alto del podio.

Un año después se vivió el desenlace más imprevisto y emocionante en una década de la roja en la Vuelta. Purito Rodríguez mandó en la general desde la cuarta hasta la 17ª etapa con tres victorias de etapa, todas de líder. “Voy a luchar hasta el final”, declaró un Alberto Contador que regresaba a la competición tras su sanción por dopaje. Dicho y hecho, el Pistolero atacó en el lugar menos esperado, en el Collado de la Hoz, a 50 kilómetros de meta, y ni siquiera las cámaras de TVE captaron el momento. Lo demás es historia, triunfo en Fuente Dé y de rojo hasta Madrid.

Del 12 al 15, de la Hoz a la Morcuera, donde Tom Dumoulin perdió la Vuelta a un día de Madrid. El neerlandés se rebeló como vueltómano con sus triunfos en Cumbre del Sol y en la crono de Burgos, pero no aguantó en la sierra de Guadarrama. Astana preparó una jugada maestra, aisló al líder y le atacó con Fabio Aru y Mikel Landa en la penúltima subida para reventar la carrera. Penó Dumoulin en soledad hasta la meta de Cercedilla, donde se dejó la primera plaza de la general y también el podio.

Menos espectacular, pero igualmente destacable es el primer y polémico triunfo de Froome en la ronda española, que ahora es el segundo tras la descalificación de Cobo en el 11. El británico llegó como favorito tras lograr su cuarto Tour en el 17 y no falló. Se vistió el maillot de líder en la tercera etapa con final en Andorra y no lo soltó hasta el final apoyado en su potente equipo y la falta de ambición de sus rivales. Historias en una década de la roja en la Vuelta.

 

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Pin It on Pinterest

Share This