Estamos, después de dos días completamente llanos y tediosos, en una nueva etapa decisiva de este Tour de Francia. Llegan unos Pirineos muy ‘sui generis’, con una etapa de las de toda la vida hoy y un experimento mañana, día de fiesta nacional en Francia y donde se ha preparado una jornada de apenas 100 kilómetros. Pero antes de eso, la primera batalla de hoy en una cadena montañosa en la que Chris Froome históricamente ha encarrilado la carrera a su favor.

Hoy se llega a Peyragudes tras una etapa que, para ser pirenaica, tampoco es que meta muchos colosos en el menú. De todas formas, la jornada tiene entidad para sacar cosas en claro de cara a la general… si es que alguien decide atacar a Froome de alguna manera. Se suben Menté, el durísimo Port de Balès y el final encadenado entre Peyresourde y Peyragudes. La cima donde ganó Alejandro Valverde hace ya cinco años, y donde hoy no está para tratar de repetir triunfo.

Conformismo o rebeldía

En las anteriores etapas de montaña se ha visto una actitud relativamente conformista entre los corredores que, a día de hoy, suponen las principales amenazas para Froome. El único rebelde está siendo, de momento, Fabio Aru. Hasta el punto de llegar a gestos de dudosa elegancia como el ataque que le lanzó al británico cuando éste había levantado la mano para pedir asistencia técnica. Un gesto que hasta Richie Portetambién ausente ya con la pelvis rota– le reprochó: “Así no, chicos. Así no”.

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Se espera que el dúo de Astana –Fuglsang también anda malherido por dos caídas- trate de plantear batalla, porque Aru todavía no ha sido inferior a Froome en ninguna de las etapas de montaña. También Bardet o Urán están a menos de un minuto y, realmente, no tienen nada que perder. Se entiende que mañana, en una jornada de sólo 100 kilómetros y que acaba en bajada, no debe haber grandes diferencias aunque se espera una jornada realmente loca. Así que quien quiera hacer daño tendría que prodigarse realmente hoy. A ver si entre el conformismo o la rebeldía, se apuesta por fin por la segunda.

Señales preocupantes

Ayer, otra vez, Alberto Contador volvió a dar con sus huesos en el suelo. Dos veces: una sin demasiadas consecuencias en el avituallamiento y la segunda, ya sí, a 22 kilómetros de meta y que se saldó con un fuerte golpe en la cadera. Una vez más, el madrileño termina en el asfalto en el Tour de Francia. Ya sin opciones para la clasificación general, Contador tenía la confianza de “poder hacer algo” en los Pirineos. Ahora, en cambio, asegura que estará a verlas venir.

Por desgracia, la realidad del pelotón español en este Tour es esta: el ciclista más fuerte está siendo Mikel Landa, que tras la ausencia de Geraint Thomas está quedando como lugarteniente final para Froome y ahora ocupa un puesto de Top10 en la general. De no ser por él, es posible que nos quedásemos sin ningún español en la zona de puestos de honor. Tampoco hay visos de que se pueda conseguir una etapa. A día de hoy, sólo Dani Navarro ha entrado en una fuga en este Tour. Cierto es que Valverde e Izagirre se tuvieron que ir a casa el primer día en la misma curva. Pero no es menos verdad que el pelotón español en este Tour está emitiendo señales más que preocupantes.

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