No hay techo para Mathieu Van der Poel. El joven neerlandés de 24 años ha conseguido la primera del Tríptico de las Ardenas. La Amstel Gold Race. La de su casa. Y además una prueba que tenía perdida, pero finalmente ha vencido con un sprint final terrorífico en el grupo de favoritos, que a esas alturas eran unos 10 integrantes.

Lo cierto es que Van der Poel ha hecho un verdadero carrerón. Primero ha sido él quien ha hecho saltar todo por los aires a 43 de meta, al atacar en una de las 35 cotas que había en el recorrido. Eso ha roto el gran pelotón y ha eliminado a Sagan… y a Valverde, por desgracia para los intereses de los españoles. Luego ha encabezado la persecución de Alaphilippe y Fuglsang, que se habían ido por delante.

Por no hablar del terrorífico sprint que se ha sacado con 265 kilómetros en las piernas frente a rivales muchísimo más experimentados. Encima, tirando él solo de ese grupito seleccionado durante los 10 kilómetros finales y con un aire que, sin ser muy fuerte, sí que pegaba siempre de cara. Vamos, que se ha trabajado el triunfo como el que más. Sin discusión.

Pero también es verdad que nunca debió tener la oportunidad de ganarla. Eso fue fallo de Alaphilippe y Fuglsang que, cuando iban en cabeza y con un minuto sobre Van der Poel -Kwiatkowski iba en mitad a 43 segundos-, se pararon para vigilarse entre ellos, combinando intentos de atacarse uno al otro con momentos en los que iban literalmente parados. Atrás, con fe y determinación, fueron reduciendo distancias hasta darles caza justo en la recta de meta.

Y ahí, el ‘Flying Dutchman’ no tuvo piedad de nadie. A partir de ahora, probablemente el resto de favoritos tendrá más cuidado a la hora de dejarle vía libre a alguien que lleva una temporada de clásicas al alcance de muy pocos.

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