Ya no es la victoria, que también. El año pasado, Elia Viviani fue probablemente la gran irrupción en el panorama internacional en lo que al sprint se refiere. Es decir, no es que el transalpino fuese un desconocido de la velocidad. Promediaba unas siete u ocho victorias por temporada en el Team Sky y se conformaba con un calendario más bien alternativo a las grandes vueltas, donde Sky aspira a la general.

Pero en el Deceuninck-Quick Step ha encontrado el hueco que buscaba. Llegó como sustituto de Marcel Kittel para no estorbar la progresión de Fernando Gaviria. Un rol secundario pero con libertad para poder buscar victorias en las carreras donde el joven colombiano no estuviese. Y se ha convertido, ahora, en el referente del equipo belga tras la marcha de Gaviria al UAE Team Emirates.

Y así llegaron cuatro etapas en el Giro, otras tres en la Vuelta, la Vattenfall Classic y el campeonato de Italia de ruta, en un trazado que por cierto no le beneficiaba especialmente y donde tuvo que aguantar más de un arreón en los repechos anteriores a los kilómetros finales.

Fueron 19 dianas el año pasado, empezando precisamente en Australia. Hoy empieza la temporada también alzando los brazos y lo más sorprendente es la forma de lograrlo. Solo, sin lanzadores, llegando desde atrás y remontando a los rivales como si estuviese haciendo esquí de descenso. Viviani ha ganado la etapa con una facilidad pasmosa.

El vídeo de la llegada no deja lugar a dudas de ningún tipo. La progresión del corredor italiano es sencillamente demoledora, y con exhibiciones como esta ya en enero anticipa una temporada relativamente similar a la de 2018. El tiempo dirá si finalmente es así.

 

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