Vuelta a Flandes: Van der Poel 1-0 Van Aert

Enemigos íntimos desde que eran niños jugando en el barro, son los dos hombres llamados a dominar el calendario de clásicas la próxima década. No habían protagonizado todavía un duelo a la altura de las expectativas en la carretera y la Vuelta a Flandes, último Monumento en el año de la pandemia, parecía el escenario perfecto. La victoria no se decidió en el Paterberg o el Viejo Kwaremont, el ganador salió de un vibrante esprint a dos: Van der Poel se impuso a Van Aert, como otras tantas veces.

El tres veces campeón del mundo en el ciclocrós y campeón de Europa en el mountain bike, ya tiene el primer Monumento de su carrera. Era una cuestión de tiempo. Y de familia: su abuelo, el llorado Raymond Poulidor, conquistó la Milán-San Remo en 1961, y su padre, Adrie, también ganó en De Ronde, allá por 1986. A los 25 años, Mathieu reclama el trono del pavés, aunque la Roubaix tendrá que esperar, al menos hasta el próximo año.

Curiosamente no fue Van der Poel el dinamitador de la carrera. El campeón del mundo Julian Alaphilippe sorprendió en su debut en Flandes con un ataque en el mítico y duro Koppenberg. En esa trampa de resbaladizo adoquín que tradicionalmente han domado hombres grandes y potentes, irrumpió el francés, ligero como un escalador, pero con motor de clasicómano. El movimiento voló todo por los aires a unos 50km para el final.

Incontenible, respondió el neerlandés de Flandes, que llegó rápido a la altura de Alaphilippe. Van Aert, más diésel, a su ritmo, no enlazó hasta el Taaienberg. La carrera y el ciclismo ya tenían la imagen tan deseada: los tres grandes clasicómanos del momento, solos en pos del triunfo. El acuerdo fraguó enseguida y el hueco no dejaba de crecer. La resolución prometía hasta que la maldición del arcoíris hizo lo suyo.

Faltaban 37km para la llegada en Oudenaarde cuando Van Aert apuró para rebasar a una moto del jurado que circulaba por la parte derecha de la calzada. Van der Poel dio un bandazo para evitarla, pero Alaphilippe se la comió, ¿imprudencia del motorista o despiste del campeón mundial? Un poco de las dos, pero el peor parado fue Loulou, claro: sus aspiraciones y su temporada terminaron por los suelos y con dos dedos rotos.

La caída no frenó a los dos prodigios del ciclocrós, que no mediaron palabra, ni siquiera se miraron, pero se relevaron sin rechistar. Tampoco se atacaron, el duelo maduró hasta la recta final. Van der Poel entró en cabeza, controló a su rival por el revisor y, a unos 200 metros para la meta, lanzaron casi a la vez una llegada que se resolvió por centímetros. Ninguno levantó los brazos, pero Van Aert torció el gesto, como siempre hace cuando pierde. Van der Poel esperó la confirmación y estalló. Es el rey de Flandes.

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