Todos, especialmente cuando somos jóvenes, soñamos con volar alto e identificamos este vuelo con llegar a trabajar, por ejemplo, en grandes empresas internacionales, sin valorar a veces las opciones más cercanas.

Es lo que le ocurrió a Xabier Narbaiza (1979, Eibar). Tras acabar los estudios universitarios de ingeniería industrial superior, Xabi mandó unos 50 currículums a diferentes empresas relacionadas con el outdoor, la montaña, el ciclismo o el esquí. Pero cuando acabó, la conciencia le recordó que al lado de su casa tenía una empresa, Orbea, a la que no estaría de más que hiciera llegar su candidatura.

Para que no se dijera y poder dormir tranquilo, a las doce de la noche envió un mail y seguidamente cayó en un sueño profundo.

Poco se podía imaginar que a las 8.00 horas su madre le diría que tenía una llamada de Orbea.Recuerdo que pensé que se confundían, se lo dije a mi madre, que les dijera que ya les llamaría. Me duché y devolví la llamada”.

Al día siguiente fue a hacer la entrevista y le ofrecieron un proyecto de final de carrera y formar parte de la sección de ingeniería.

Le encargaron un estudio para el que tenía que utilizar las herramientas más punteras de cálculo teórico, “para buscar la optimización de materiales, formas, en la estructura de las bicis; que buscara herramientas que se adecuaran mejor a la realidad de Orbea para ir incorporando herramientas de diseño más avanzadas de software”.

Tenía 23 años y, desde entonces, ahora con 40, todavía trabaja en Orbea. Ahora vive en Durango, a 10 kilómetros de la fábrica.

Está casado, tiene dos niñas de 4 y 6 años, y siempre que puede come en el comedor comunitario de Orbea y se cuida. Hoy, como de costumbre, tocaba sándwich integral y verdura.

Xabier Narbaiza superó la prueba en una época, además, en la que su pasión por el ciclismo estaba emergiendo, ya que empezó tarde a salir al monte a disfrutar de la bici, con 19 o 20 años.

Fue asumiendo un mayor protagonismo en Orbea hasta desempeñar el cargo actual de director de desarrollo de producto.

En todo este tiempo, casi media vida, Narbaiza afirma que si algo ha aprendido, es que se mejora “a base de muchos esfuerzos y errores”.

Comprende que haya quien no entienda todo el desarrollo que hay detrás de una bici y su posterior precio, ya que “hasta que no lo vives en primera persona, no te lo crees. Hay quien dice que una bici son cuatro tubos y que las ruedas ya vienen hechas. ¡Si supieran cómo son de largas las jornadas laborales!”.

Un precio que paga muy a gusto, ya que sigue enamorado de su trabajo. “Es muy difícil que no te guste el sector de la bici. El dinamismo, la relaciones que mantenemos son muy sanas. Para la mayoría que trabajamos en Orbea el aspecto económico no es lo principal. El dinero no lo es todo. Trabajar en algo que te gusta, compartir tu pasión, vivir estos proyectos tan intensos y mantener unas relaciones tan sanas no es muy habitual en el mundo laboral”.

Cualquiera diría que han pasado 17 años. Bendito el día que devolvió la llamada de Orbea.

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