Sonrisas tras el esfuerzo de un corredor/corredora que lo ha dado todo. Abrazos de un ser querido/ querida que está en la línea de meta ansioso/a de ver la llegada… y por supuesto seguir disfrutando del día con una buena comida, paseo y, por qué no, ¡unas copas!

Esto es el resumen de lo que llaman Vuelta MTB, pero que esconde muchos otros momentos especiales que provocan que los que han participado en ella quieran repetir año tras año. No es de extrañar. La isla es espectacular.

Conocerla y hacer lo que más nos gusta por ella, pedalear, es una de las mejores experiencias que puedes hacer. Lejos de la idea que todos (o muchos) tenemos de lo que es Ibiza: ruido, bullicio, música, gente y más gente… Nada más lejos de la realidad. Si quieres conocer la otra Ibiza, no dejes de asistir a alguna edición de la Vuelta. No te arrepentirás.

Tres etapas

Parece que las vueltas están de moda en España. La Vuelta a Ibiza es una de ellas, y una muy especial. Una de las que no deja indiferente a quien participa conozca o no la isla con anterioridad, y lo haga siendo un corredor a escala nacional o internacional.

Son tres días de competición (y ya nos gustaría que fuesen más…) por parejas. El hecho de formar parte de un dúo hace que cada uno saque lo mejor en el plano personal para ayudarnos mutuamente con el único objetivo de ser los más rápidos o, al menos, de hacerlo lo mejor posible.

Así hemos vivido nosotras nuestra Vuelta. No existe la más débil ni la mejor. Simplemente hay momentos, situaciones, terrenos, días… y dos personas que se tienen que complementar y superar cada momento de la carrera.

Jugamos a ser compañeras de un solo equipo, y la verdad es que no nos fue nada mal. Aunque íbamos a hacerlo lo mejor posible y con el objetivo de ganar, lo más importante es que durante la Vuelta conoces a gente encantadora, tanto organizadores como participantes.

Tú eres la que te propones el reto de ganar, pero el ambiente es familiar y tremendamente cordial. Y el público y la organización son increíbles, siempre con una sonrisa, un “venga va, esas chicas guerreras”, un “ya queda menos”, un “¿te encuentras bien?, ¿necesitas algo?” o incluso “solamente quedan diez kilómetros a meta y cervecita” te alegran el día.

Un lujo de isla

Las tres etapas de las que consta la Vuelta son todo un reto: la primera, 71,2 km y 1.700 metros de desnivel acumulado; la segunda, 80,5 km y 1.980 metros de desnivel acumulado; y la tercera, 53,8 km con 1.130 metros de desnivel acumulado.

Pero de verdad, al final las etapas son lo de menos. Es para conocer la isla de punta a punta disfrutando de cada pedalada.

Esa subida famosa tan dura, esas vistas preciosas al llegar arriba, divisando esa cala escondida donde vas a ir a explorar y relajarte en unas horas. Llegas a ella a través de un precioso sendero interminable, y por fin el premio de llegar a meta para recordar cada momento del día, imágenes grabadas en nuestra retina por mucho tiempo. Una vez más, el ambiente, su gente, el resto de los corredores y corredoras hacen que sea una experiencia única.

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Para todos

Sí, chicas, la participación no es muy significativa en nuestro caso, todavía. Pero el compañerismo este año ha sido muy bonito. Hemos competido, hemos estado allí disfrutando de todo el recorrido; cada vez que volvemos, cada vez que venimos, formamos parte de esta Vuelta Ibiza BTT. Porque cuando vienes, algo te atrapa. Y es esto lo que hace que cada año, cada temporada, tengamos esta Vuelta marcada en el calendario en rojo. Y como nosotros, muchos

Para que veáis cómo de familiar es, nos llamó especialmente la atención la categoría Padre e hijo. ¿Para cuándo una categoría especial Madre e hijo/a?

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Texto: Mercè Pacios / Muriel Bohuet
Fotos:  Micha Lorentz / Jon Izeta

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